La televisión, mi rival.

Naturalmente se piensa ver demasiada televisión produce daños a los niños, pero ojo los adultos no son inmunes a sus efectos.



Después de cinco años de casados, Consuelo ha determinado que la televisión es un problema en su matrimonio. Pedro, definitivamente no puede vivir sin ella: entra a la pieza y la prende, abre un ojo y la prende, se acuesta a descansar y la prende.

Cuenta Consuelo:

Nunca pensé que un aparato inerte se transformaría en mi verdadera competencia. Día a día lucho contra ella para captar la atención de mi marido. Siempre supe que era televito y de recién casados no me importaba tanto. Pero después de unos años, con hijos a los que atender, me da lata y rabia que pase infinitas horas frente a la pantalla. Y lo que es peor, muchas veces no viendo nada, sino haciendo zapping. Lo más terrible, es que me temo que entrar en una guerra por quitarle esta costumbre, sólo serán batallas perdidas. He pensado sacarla de la pieza y dejarla en un lugar común, pero sé que no es solución, pues en vez de echarse en la cama se acostará en el sofá. ¿Qué puedo hacer?

Se ha llegado a describir a la televisión como una bestia insidiosa que convierte en piedra a millones de personas que por horas la miran fijamente.

Al parecer y según lo describe Consuelo, esto es justamente lo que está sucediendo con Pedro y las aprensiones de ella son tan acertadas que es importante una reflexión al respecto.

Para esto, lo primero es analizar cómo se están desarrollando algunos aspectos fundamentales en la vida matrimonial y familiar. Una especie de test que se transforma en el termómetro objetivo de cuán invasivo está siendo este aparato.

En esto, algunas importantes señales a considerar y evaluar son:
Si la mayor parte del tiempo libre familiar lo pasan frente a la pantalla; si sentarse frente a ella es LA manera de sociabilizar con el cónyuge y los hijos, si en las horas de comida la televisión es parte integrante e inamovible; si hay excesiva irritación porque alguien lo distrae mientras ve televisión o porque alguien se levantó y tapó la visión; si siente que la vida se trastorna porque la TV no funciona y no tiene señal; si la televisión está siempre encendida y es el ruido ambiente permanente del hogar; si los sentimientos por ver una película son más fuertes que las ganas de estar con el otro; si se usa como medio para evitar entablar un diálogo; si lo que más se valora de la TV, es que no molesta, no cuestiona y no hace pensar…

Si la respuesta a varias de estas situaciones es afirmativa, entonces es importante tomar cartas en el asunto para intentar apagarla.

Nadie es inmune

Naturalmente se piensa que el público “objetivo” del daño que produce la televisión son los niños. Pero ojo, que los adultos no son inmunes a sus efectos. Su poder hipnótico no discrimina en edad y las consecuencias de una sobredosis de pantalla también los afecta y puede realmente producir problemas en la relación matrimonial.

En exceso, sin duda, puede ser señal de una dependencia, pues sin ella no se sabe qué hacer y se requiere de su presencia para estar contento y “ocupado”. Esto genera un espiral vicioso, pues se fomenta una actitud pasiva que inhibe toda capacidad creativa y disminuye en mucho la fuerza de voluntad para hacer otras cosas.

También, se ha comprobado que deteriora la capacidad de reflexión, pues el atractivo propio de las imágenes hacen que uno se acostumbre a vivir exclusivamente de ellas, eliminando toda acción de pensar. Como si fuera poco, genera dispersión, pues la velocidad de la cantidad de acontecimientos que se pueden ver por segundo, hacen que en la vida diaria también se esté buscando rapidez y cambios continuos, lo que dificulta la capacidad de concentrarse en una sola cosa.

Sin contar además, que estudios han comprobado cómo los televitos son personas más propensas a sufrir problemas de salud como la obesidad y el tabaquismo.

A nivel matrimonial, a todo lo anterior se suma que está comprobado que la TV provoca problemas para relacionarse. Es fácil caer en el atractivo ritmo de agilidad y variedad de las imágenes y sustituir el diálogo de pareja por un programa o una serie.

La comunicación en una pareja requiere de esfuerzos, no es algo que se dé por arte de magia. Si más aún se pone tan grande obstáculo como es la pantalla, se hace más difícil la pista para desplegar una conversación.

Es más, de acuerdo con diversos estudios, tener la TV en la pieza matrimonial puede ocasionar un distanciamiento entre los cónyuges, quienes se acostumbrarán a pasar todo su tiempo juntos mirando para el frente, en vez de estar conversando, planeando el futuro o dando espacio a una relación íntima, entre muchas otras cosas. La TV puede suponer una abolición de la intimidad e influye muchísimo en la manera de comunicarse entre la familia. Todo esto puede tener como riesgo limitar el estar juntos a simplemente compartir un espacio físico atendiendo a un objeto. Es decir, a transformar la convivencia en una simple cohabitación.

Además, contrario a lo que se piensa, la pantalla no ayuda en absoluto al descanso. Por el contrario “violenta el espacio natural para la relajación y puede generar irritabilidad”, afirma el doctor en neurociencia Óscar Galicia, encargado del estudio que hizo la Universidad Iberoamericana. Finalmente, con tales conclusiones, es posible determinar que el problema de la TV no está tanto en las conductas que induce, sino en todas las que desalienta.

Consejos para Consuelo

• Efectivamente, en general, los hombres son muy reacios a prescindir de la televisión y a sacarla de la habitación. Tienes razón al presentir que será una guerra perdida. Por eso lo recomendable es ir de a poco tomando pequeñas medidas.

• Si por el momento no se va a sacar la televisión de la habitación, es importante conversar con Pedro y hacerle ver que conviene que haya momentos “sagrados”, que se vivirán sin la presencia de la TV. Por ejemplo, la hora de comida: el comedor es un lugar especial para convivir, compartir, participar y comentar.

• En lo posible dar un uso determinado a la televisión. Fomentar prenderla para ver un programa puntual, una película recomendada, una noticia importante, pero no tenerla encendida porque sí.

• Tratar de ser creativa a la hora de estar reunidos en la casa. Organizar un asado, un té rico, un juego, una sesión para ver fotos antiguas. En fin, miles de pequeños detalles que finalmente le dejan menos espacio al zapping.

• El ideal es que algún día logres sacar la TV de la pieza. Tener sólo un aparato en la casa, ayuda; no es necesario más. Es verdad que Pedro insistirá seguramente en quedarse en el sofá, pero tarde o temprano tendrá que acostarse y convivir sin ella. Además, tenerla en otro lugar ayuda a darle un uso definido, momento en los que puedes participar con gestos tan simple como sentarse al lado y compartir un rico aperitivo.


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