¡Socorro! No los puedo desconectar



Los niños están cada vez más conectados a los aparatos electrónicos y al mundo virtual y, en consecuencia, cada vez más desconectados del mundo real. Este es un hecho que pareciera responder a un mal generacional.

La mayoría de los padres se oponen a que sus hijas o hijos pasen largos periodos frente al computador o celular, pero les resulta muy difícil de conseguir ya que implica tediosas discusiones, castigos, amenazas y la consecuencia: padres y niños furiosos. Personalmente extraño los parques o plazas donde se escuchaban las voces y risas de los niños. Cuando se los veía andando en bicicleta, skates o detrás de una pelotas; y a las niñitas sentadas en el pasto conversando y riéndose. ¿Dónde están ahora? La respuesta: conectados y “pegados” a la tecnología.

¿Qué podemos hacer frente a esto?

• Normas claras frente al uso de celulares, tablets y otros, cuando se está en familia.
Es muy importante considerar que la tecnología es una gran herramienta y que llegó para quedarse. Por eso es fundamental que la incluyamos en nuestras normas y límites familiares. Por ejemplo: “Cuando nos sentemos a la mesa, es un momento para que conversemos de nosotros, de nuestro día y ahí no se aceptarán celulares”. Ahora bien, papá y mamá también dejan el celular en otro lado. Acá es crucial predicar con el ejemplo.

• Uso limitado de videojuegos e internet.
Los niños necesitan estructura, normas claras y saber específicamente el tiempo que pueden destinar a videojuegos e internet, durante los días de semana y fines de semana. Los niños tienen que tener claro: cuándo pueden jugar o conectarse, cuánto tiempo, cuáles videojuegos o apps están permitidos para su edad y cuáles son las consecuencias concretas, si esto no se cumple.
Los fines de semana se puede extender este plazo, pero siempre con tiempo definido y limitado (preferentemente no más de dos horas al día). Lo importante es que el horario se cumpla y que nosotros nos aseguremos de que así sea.

• Incentivar otras actividades extra curriculares y/o deportivas.
Priorizar que los niños ocupen el tiempo de manera útil, activa y productiva para su bienestar. Nuestro rol es incentivarlos y acompañarlos para que realicen actividades extracurriculares, recreacionales y/o deportivas. Entre más ocupados estén con este tipo de actividades, menos aburridos estarán y por ende, menos tiempo tendrán para destinar a estar conectados a internet o videojuegos.

• Ocupar el tiempo libre de manera entretenida.
A esta edad, muchos niños están conectados o jugando porque no saben qué hacer con el tiempo libre y por lo general se aburren. En la época en que nosotros éramos chicos y no existía este nivel de tecnología y videojuegos, nos veíamos obligados a buscar y muchas veces inventar cosas para no aburrirnos. Justamente de esos momentos, nacieron grandes talentos, que ni sabíamos que existían. El rol de los padres es enseñarles a los niños a ocupar el tiempo libre de manera entretenida. Incentivarlos (que no es sinónimo de presionarlos) a hacer actividades artísticas, musicales, intelectuales, sociales, deportivas. Por ejemplo: jugar con ellos algún juego de cartas, cocinar, jardinear, que nos acompañen a hacer algo que tengamos que hacer.

¿Cuál es el tiempo prudente?

Con respecto al tiempo que debemos autorizar a los niños a estar frente a la pantalla, no hay una medida estándar. Depende de las características personales de cada uno: sexo, edad, rendimiento académico y su capacidad para planificar el tiempo.
Mi consejo: los días de semana, el tiempo no debiera ser más de una hora, siempre y cuando hayan hecho todo lo que debían hacer. El tiempo de computador tiene que ser posterior al dedicado a cumplir con sus deberes y responsabilidades.

• Enseñarles a comunicarse cara a cara.
La mejor comunicación entre las personas es aquella que se logra mirándose a los ojos y no a través de un teclado. Una conversación “en vivo”, vale más que 1.000 whatsapp o mensajes de textos. Motivémoslos a conversar, a pedir disculpas mirando a la cara y no a través de una pantalla, a resolver, a agradecer, a querer en el mundo real y no a través del virtual.

• Únete a al enemigo.
Después de haber tomado todas las precauciones anteriores, vale la pena tomar el toro por las astas. En ocasiones, jueguen con los hijos a su videojuego favorito, pídanles que les expliquen de qué se trata el juego. Créanme: ¡se asombrarán! Es impresionante ver a los niños cuánto saben, el vocabulario que ocupan, las destrezas y capacidades que tienen. Es una tremenda instancia para acercarnos a ellos y a sus intereses.

Y no sólo con los videojuegos. No basta con unirse al enemigo, ¡también podemos ocuparlo a nuestro favor! Tengamos un whatsapp familiar, donde podamos estar más comunicados y conectados entre la familia. Pidámosles que nos ayuden a bajar algunas aplicaciones para el celular, que nos expliquen cómo se utilizan. ¡Tenemos unos expertos en casa! Esto nos proveerá de espacios de encuentro entretenidos y ricos con nuestros niños.

Daniela-Vieira

Daniela Vieira Papapietro

Psicóloga y Coach Estratégico. Además de su trabajo clínico, es relatora de los Cursos de Orientación Familiar de Fundación Hacer Familia.


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