Depresión… ¡ La enfermedad silenciosa del siglo XXI !



La depresión es un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración.

Según la Organización Mundial de la salud (OMS), La depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo, y se calcula que afecta a unos 350 millones de personas. La depresión es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. Puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede llevar al suicidio, que es la causa de aproximadamente 1 millón de muertes anuales.

La depresión se presenta generalmente cuando nos enfrentamos a factores psicosociales como algún tipo de pérdidas que no sabemos afrontar adecuadamente; por ejemplo, la pérdida de un ser querido, pérdida de un empleo, pérdida económica, pérdida de afecto o pérdida de una relación, quienes han sufrido traumas, abuso sexual, violencia domestica, entre otras.

Un dato considerable es que las mujeres la sufren dos veces más que los hombres, probablemente porque un gran número de factores asociados al género nos han vulnerado hasta la actualidad: Las mujeres llevamos sobre nuestros hombres una doble jornada y hemos sido abusadas sexualmente en mayor número que los hombres. Además, hemos sido consideradas ciudadanas de segunda categoría, agredidas en la relación de pareja, discriminadas y acosadas en el trabajo. ¡Tenemos suficientes razones para deprimirnos!

Recuérdese que una vez “instalada” la depresión, sea reactiva o no, se convierte en un padecimiento biológico, como ocurre con cualquier otra enfermedad sistemática.

Características comunes de los diferentes tipos de depresiones

Decaimiento del ánimo: Las personas pueden estar tristes, con ganas de llorar, presentar pérdidas de placer o de interés por actividades que fueron placenteras alguna vez. También pueden tener una sensación de vacío, ansiedad, irritabilidad y hasta perder la disposición por la actividad sexual.

Cambio en el pensamiento: Se puede encontrar disminución de la concentración, la cual los pacientes suelen identificar como pérdida de memoria. Por supuesto no se trata de eso, sino de un déficit en la atención.

Propensión al pesimismo: Los pacientes con depresión experimentan culpa que antes no vivían o les era manejable. Indecisión, ideación de muerte (que el paciente refiere como “si me muero no importa”) y una alta frecuencia de ideación suicida son parte de este sentimiento.

Manifestaciones somáticas: La depresión duele en el cuerpo, por eso el paciente sufre fatiga, dolores en varias partes del cuerpo, alteraciones gastrointestinales, problemas del sueño (como insomnio y somnolencia) y alteraciones del apetito, entre otros males.

Las personas deprimidas pueden tener al mismo tiempo otras enfermedades mentales, lo que hace más complicada su curación. Por eso, si no es tratada adecuadamente, según los protocolos actuales, habrá recaídas muy negativas para la evolución o episodios recurrentes que deterioran mucho al paciente y producen un impacto nocivo, de tipo funcional, neurobiológico y social.

Diagnóstico y tratamiento

Hay tratamientos eficaces para la depresión, trastorno que puede ser diagnosticado y tratado de forma fiable por profesionales sanitarios capacitados que trabajan en la atención primaria. Las opciones terapéuticas recomendadas para la depresión moderada a grave consisten en un apoyo psicosocial básico combinado con fármacos antidepresivos o psicoterapia, como la terapia cognitivo-conductual, la psicoterapia interpersonal o las técnicas para la resolución de problemas.

Los tratamientos psicosociales son eficaces y deberían ser los de primera elección en la depresión leve. Los tratamientos farmacológicos y psicológicos son eficaces en los casos de depresión moderada y grave.

Los antidepresivos pueden ser eficaces en la depresión moderada a grave, pero no son el tratamiento de elección en los casos leves, y no se deben utilizar para tratar la depresión en niños ni como tratamiento de primera línea en adolescentes, en los que hay que utilizarlos con cautela.

Fuente: www.who.int


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