La suegra: ¿bruja o hada?



Es un lugar común histórico ridiculizar y agredir a las suegras. Si es una condición merecida o un hecho injusto no importa. Sólo basta, en beneficio de la paz familiar y de muchas otras ventajas, decidirse a ser la mejor.

Los refranes populares son lapidarios: “A casa de tu hermana, una vez a la semana; a la de tu suegra, una vez, cuando se muera”; “Dichoso Adán que no tuvo suegra”; “Tres veces Juan se casó y con tres suegras vivió; si al infierno no fue, aquí se lo pasó”. Y la enumeración suma y sigue en el mismo tono “alentador y positivo”, como si la madre de la mujer con que se casa un hombre constituyera “per se” una desgracia y un demonio al que hay que desterrar de la vida de familia.

“Son ellas -me dijo alguien- que se lo han ganado a pulso”. Pareciera así que una buen suegra es un mirlo blanco, un prodigio, como el encontrar una aguja en un pajar. Pero, así como se canta a la madre y nadie osa mofarse de ellas, la suegra, nadie lo duda, es la mamá de mi mujer. ¿Qué ocurre para que esa buena madre se tranforme en el ogro del que todos huyen? ¿Sufren esa metamorfosis las mamás cuando pasan de tener una hija soltera a una casada, porque ahora tienen un marido?
Por algo tienen mala prensa

En cierto modo algunas se han ganado la mala prensa: hay suegras metiches y entrometidas en el hogar ajeno; hay suegras que pierden toda su simpatía y comprensión y hacen de caja de resonancia de cualquier imperfección del yerno o de la nuera, y peor aún si éstos viven en casa de ella. Pero también -y éstas no meten ruido- hay suegras ayudadoras, alegres, discretas, que acogen a los yernos y nueras como hijos, que saben ocupar la segunda fila y no se sienten protagonistas. Suegras amables, llenas de detalles, que se encariñan con los que se incorporan a la familia y convierten su casa en un segundo hogar. He conocido varias. Son las suegras matriarcas y los suegros patriarcas que crean el espectáculo encantador de la gran familia.

James Stenson, conocido orientador familiar norteamericano, es muy práctico a la hora de enseñar a los suegros cómo deben comportarse, mucho antes de que lo sean. Dice: “Educa a tu hija como si algún día fuera tu nuera, y educa a tu hijo como el que va a ser tu yerno”.

No cabe duda que los suegros acogedores no son la mayoría. Algunos atribuyen a las malas suegras establecer un triángulo amoroso entre ella, hijo y nuera, en el que entran los celos, las envidias, la incapacidad de compartir el cariño, y lo manifiestan en cosas triviales: no sabe cocinar, es desordenada, gasta de más, tiene mal genio, etc.

Lo que una madre debe saber ¿Cuánto pueden contribuir los padres a un matrimonio armonioso de sus hijos? Los padres como suegros y las madres como suegras pueden ser un estorbo duro para el matrimonio de los suyos, e incluso, la causa de su ruptura, cuando no asumen su papel e intervienen en ese hogar que ya no les pertenece dando lecciones sobre educación, decoración, comidas, prevención de enfermedades, lugares de vacaciones, modo de gastar el dinero, y hasta en la vestimenta del yerno, nuera y nietos.

Los suegros deben saber que juegan un papel preponderante en la historia de la familia de los hijos; pero preponderante no significa activo ni intruso: al yerno o nuera que se le acoge como hijo, le aseguran la paz matrimonial, paz que es un derecho humano de los suyos. Tener un detalle, un regalo inesperado, saber celebrar al que no lleva su sangre, pero sí la llevarán sus hijos, hacer la vista gorda de pequeños defectos, tener lengua blanca cuando habla de ellos, saber ocupar el papel de vigías, pero no de acompañantes permanentes, hacerles grata su compañía, es el mejor modo de querer bien y de lograr que ese matrimonio joven vaya cultivando su amor y creciendo como familia.

Marido y mujer, por su parte, deben tener muy claro que no se pueden permitir críticas ni quejas o bromas, por ingeniosas que sean; sobre la familia de su cónyuge, ya “que la sangre tira”. El marido puede ver grietas en sus padres y la mujer en los suyos, grietas que el otro no debe amplificar, sino que debe amortiguar. La delicadeza es la norma de la que no hay que apartarse. Este principio hay que mantenerlo firme: “Si no puedes hablar bien de alguien, es mejor que te calles”.

El amor inteligente por yernos y nueras

Las madres posesivas es casi seguro que no serán buenas suegras. Parecieran decir: “Mi hijo es mío y sólo mío”. Por lo tanto, la mujer de mi hijo es una intrusa que quiere apoderarse de lo que me pertenece. Naturalmente, no lo sienten así con esta crudeza, pero actúan de acuerdo a los dictados “dictatoriales” del corazón, y se les obnubila la inteligencia. Habría que decirles: “Si tanto lo quieres, este es el modo más necio de demostrarlo, y el modo más eficaz para hacerlo infeliz”. El verdadero amor de una madre es difusivo y debe alegrarse de que su hijo pueda ser muy querido. Además, siempre hay que respetar otro principio ineludible: los hijos no nos pertenecen. Por lo tanto, no sólo se está convirtiendo en una suegra temible, sino en una mala madre.

El amor inteligente por yernos y nueras es discreto, prudente, no se inmiscuye en la relación marido mujer. No los ven como “afuerinos” que invaden la propiedad privada, sino que los incorporan como miembros auténticos de la familia, porque de hecho por el matrimonio con el hijo o la hija pasan a serlo por derecho propio. Un yerno que sabe que su suegra lo admira le ayuda a crecer en el amor por su mujer. Una nuera que se sabe apreciada y querida considera la familia de su marido como si fuera la suya.

Ser buena suegra no se improvisa

Quien desde la niñez ha probado ser buena hija, buena hermana, buena esposa, buena madre, es decir, que ha aprendido a dejar de lado el egoísmo y ha sacado adelante la única asignatura en que no se puede fracasar (saber, de verdad, querer) las tiene todas para ser una excelente suegra. En lugar de convertirse en un demonio que todo lo enreda y lo desarregla, será un ángel silencioso que custodia sanamente el amor de sus hijos.

Suegras brujas o hadas madrinas

Es más difícil ser una buena suegra que una no tan buena. Para evitar lo segundo, responda:
• ¿Es usted barrera y escoge a un nieto o nieta como el favorito?
• ¿Está consciente de que puede ser una estupenda provocadora de celos entre los hermanos, es decir, sus nietos?
• ¿Interviene en el modo de educar de sus yernos o nueras y los desautoriza, criticando la política de permisos, premios y castigos de sus padres?
• ¿Es arbitraria cuando hace regalos, siendo muy generosa con algunos y muy mezquina con otros?
• ¿Si tiene mucha plata, la utiliza como factor de poder?
• ¿Es usted una persona que favorece la unidad del matrimonio de sus hijos o es un motivo de desunión?
• ¿Si su yerno o nuera viven con usted por necesidad, les hace ver que les está haciendo un favor y que le deben gratitud eterna y sometimiento?


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