¿Cómo navegar el barco del amor?

Navegando en el barco del amor



El drama más grave de nuestro tiempo es que muchas personas creen que el amor y el matrimonio no son gobernables y eso es un error, afirma Cristián Conen en esta conferencia. Estos son párrafos escogidos de su lúcida analogía.

La simetría de los dos timoneles

“Podemos partir preguntándonos ¿a dónde quieren dirigirse un hombre y una mujer cuando se embarcan? ¡A la felicidad y juntos!, ese es el rumbo”. La primera buena noticia es que ese rumbo puede cuidarse, pero de a dos, porque la tripulación de este barco tiene una relación simétrica y el rumbo lo deben cuidar los dos timoneles. La segunda excelente noticia es que podemos cuidar y restaurar siempre este barco, si por efectos del día a día se desgasta y porque más de una vez deberá enfrentar tormentas chicas y otras más grandes. Por eso, además de mantener el rumbo, debemos mantener el buen estado de nuestro barco.

La construcción de un buen barco

Para que nuestro barco pueda capear tormentas es importante que su estructura sea sólida; si es débil, es posible prever el naufragio a la primera tormenta. Ese es el drama en nuestra cultura, donde muchas estructuras de unión son de papel y no de roble como es necesario en una buena embarcación.

¿Cómo se construyen barcos sólidos? Con buenos noviazgos. Aunque los novios tengan 55 años, buena situación económica y sean excelentes profesionales, es fundamental que no se salten un buen noviazgo. Hay personas que se conocen y apenas al mes y medio quieren casarse. Eso es un error: hay que casarse si se ha pasado por la prueba del noviazgo. Porque el proceso de maduración del amor tiene una secuencia necesaria y gracias al noviazgo evitamos confundir lo que produce la imaginación como efecto del flechazo. El noviazgo hace posible encontrarse, en cambio, con la realidad de la otra persona.

A través del noviazgo los tripulantes conocen el tipo de “madera” que aportan al barco él y ella. A mayor conocimiento real de mi madera y de la madera del otro, más real será la relación: cuando hablamos de las diversas “maderas” en el matrimonio, nos referimos a los temperamentos y personalidades de cada uno. Este conocimiento es muy importante, todo marino conoce bien su barco y de qué tipos de madera está hecho, porque si se estropea, sabe cómo repararlo.

Construir un barco sólido tiene mucha ciencia, pues se debe lograr que las distintas maderas engarcen bien. Ese proceso de conocer y entender la diversidad de cada cual debe vivirse en el matrimonio. Muchas veces los conflictos matrimoniales se deben a que queremos amar al cónyuge como nosotros amamos, o como nuestro padre amaba a nuestra madre, sin detenerse a pensar en cómo quiere nuestra pareja ser amada. Hay que conocerla, para aprender a quererla desde su propia identidad.

Finalmente, en esta etapa de construcción del barco, también es clave saber qué une y mantiene pegadas las distintas partes del barco: en el matrimonio, la unión emana del consentimiento matrimonial, de la entrega total de sí, en cuanto hombre, él, y mujer, ella. Una relación donde no hay compromiso ni entrega total de sí, no tiene sustentabilidad ni capacidad de capear siquiera pequeñas tormentas.

¡A navegar con brújula!

Cuando ya tenemos un barco sólido, ¡vamos a navegar, pero con brújula! Como toda brújula, la de nuestro barco matrimonial tiene cuatro puntos cardinales, que corresponden a los cuatro atributos de la persona humana. Un buen navegante sabe leer y respetar la brújula. En el matrimonio hay que conocer y respetar los atributos de nuestro co-timonel:

1. Su dignidad, significa que vale por sí mismo. El drama hoy es que aplicamos a las relaciones interpersonales la misma actitud que tenemos con las cosas, nos paramos frente al otro como consumidor: ‘yo te consumo en tu capacidad de hacerme feliz’. Esa actitud es el principio del fin; cuando más respetemos la dignidad del otro, más posibilidad tenemos mantener el rumbo.

2. Su identidad. Para amar al cónyuge o a los hijos, o a cualquiera, hay que hacerse experto en la identidad de esa persona, en vez de proyectar en ella lo que yo quiero. Ser experto en el otro, en lo grande y en lo chico, implica saber qué le hace feliz y qué le hace sufrir.

3. Su intimidad. La persona humana tiene el mayor grado de vida interior entre los seres vivos. Cuando dos vidas interiores se comunican, se construye el nosotros. Para lograr esa comunicación se debe dejar entrar al co-timonel al mundo interior propio, descubrirle lo que siente y anhela por dentro. La calidad de un matrimonio se mide por la calidad del nosotros.

4. Su libertad, que es la capacidad de ser dueña de su conducta. La libertad aumenta con la incorporación de valores en la vida: es más libre el fiel que el infiel, el sincero que el embustero, el generoso que el egoísta. No es lo mismo ser sobrio y moderado frente a la comida y la bebida, que esclavo de los apetitos. El primero está menos amarrado a sí mismo y eso le permite dar y darse.

Soltar velas

Las velas sirven para recoger el viento que impulsa la navegación. Analógicamente, el viento en el matrimonio es la sensualidad y la afectividad. Tal como debe haber viento para navegar, debe haber química en la vida matrimonial. La velas del amor, por coincidencia, empiezan con “a”:

A de Amistad: Tenemos que pasarlo bien juntos. Los grumetes deben saber que sus padres necesitan estar solos y generar espacios exclusivos para ellos, como salir un día a la semana, compartir un hobbie, escaparse una vez al año. Las separaciones ocurren cuando la memoria de los cónyuges se llena de malos recuerdos; para que crezca la relación, en cambio, hay que plagarla de buenos recuerdos y gestos de amistad.

A de Afecto: Gary Chapman, investigador norteamericano, detectó patrones en los reclamos de los cónyuges cuando no se sienten amados, y elaboró un listado de cinco tipos de lenguajes de amor. Corresponden a maneras en que hombres y mujeres sienten que el amor les es expresado:

a) Hay personas que se sienten queridas a través de palabras bonitas, piropos, reconocimientos. Si ése es el lenguaje de amor del cónyuge, ¡hagamos un repertorio de 800 palabras bonitas!

b) Otros, necesitan la expresión del amor a través de actos de servicio. Si mi mujer se siente amada cuando yo reparo las puertas de los clósets…, eso debo hacer.

c) Hay quienes piden tiempo de calidad; tiempo en que estamos haciendo foco uno en el otro. Si alguien siente que es tiempo de calidad ir juntos al supermercado, hay que atender esa demanda del otro.

d) Otros, sienten el amor a través del toque físico, la ternura, los abrazos, las caricias y la vida sexual en general.

e) Y también hay quienes sienten el amor expresado por regalos, no sólo materiales, sino emocionales, como un mensaje de texto a media mañana. No cuesta nada enviar un “te quiero” si tu cónyuge lo necesita.

A de Atractivo físico: Los seres humanos tenemos cuerpo y cuidarlo razonablemente para el cónyuge es mantener activa una vela que ayuda a la navegación. Existen muchas otras velas con “a”: armonía sexual, admiración, alegría, aceptación, y toda son importantes para que nuestro barco navegue. Pero existe una vela mayor, fundamental:

A del Ahora: Hay que decidirse a ser felices hoy, con estas circunstancias, con estos adolecentes que se portan como adolescentes, con este presupuesto familiar que no alcanza, ¡hoy! Nadie sabe si el mañana llegará para cada uno. No hay que esperar a la tarde de la vida para soltar la velas.

Si es necesario, prender motores

Todo navegante matrimonial sabe que hay días, semanas y meses sin viento. La buena noticia es que nuestro barco, además de velas, tiene motores. Y cuando llega la hora de encenderlos, es la hora de la voluntad. En la vida matrimonial existen cinco acciones voluntarias que permiten capear el tiempo sin viento:

1. Acciones de humildad, para reconocer la verdad de uno mismo, con sus fortalezas y debilidades. Nos permite avanzar en los conflictos, mientras que la soberbia nos enquista en los problemas matrimoniales.

2. Acciones de misericordia, que nos permiten tratar con amor a nuestro co-timonel pese a sus defectos.

3. Acciones de paciencia, para tolerar repetidas manías y errores.

4. Acciones de perdón, para no odiar, no dañar, no vengarse. La decisión de perdonar se puede tomar llorando de dolor, pero a sabiendas que el efecto psicológico de amar es la paz, mientras quien odia, acaba por romperse.

5. Acciones para rectificar. Cuando uno se equivoca y daña al otro o se daña a sí mismo, puede y debe corregir sus acciones negativas.

Cuidar el barco y la línea de flotación

Finalmente, mientras navegamos debemos estar alertas pues un agujero en nuestra línea de flotación implica un naufragio.

Nuestra línea de flotación es la confianza. ¿Cómo se cuida la confianza? Con sinceridad, con trasparencia en las cosas chicas, con prudencia para no fallarle al otro.

Una buena tripulación cuida siempre su barco de modo de advertir la aparición de agujeros y constantemente le hace mantención. Aunque los timoneles estén cansados y los grumetes no colaboren. Es parte de la tarea a bordo repartir equitativamente las cargas de este trabajo, para no extenuar sólo a uno de los navegantes.

Quiero terminar con la siguiente idea: la navegación de nuestra vida matrimonial puede ser regular, buena o maravillosa. Pero hay dos ecuaciones que marcan muchas diferencias a la hora de decidir el rumbo. La primera dice que 1+1=2, aunque ese 2 puede estar elevado muchas veces pues ambos cónyuges llegan al matrimonio cargados de sus respectivas mochilas de historias afectivas y heridas no sanadas. Es un resultado más grande que 2.

La segunda ecuación es la siguiente: 1+1+Jesucristo. El resultado es una cifra que suma valores infinitos a la relación matrimonial, pues con su amor perfecto Jesús es el gran sanador de las cargas y heridas. Por eso el matrimonio cristiano, para los creyentes, no es sólo un acto que se realiza ante Dios, sino que es una invitación personal para que Jesús se suba a nuestro barco y navegue con nosotros.

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¿Quién es Crsitián Conen?

Cristián Conen es argentino, casado y padre de cuatro hijos. Abogado por la Universidad Católica de Argentina y Doctor en Derecho Matrimonial, por la Univ. de Navarra, España. Es asesor internacional en políticas familiares estatales: ha asesorado a legisladores, ministros, vicepresidente y candidatos a la presidencia en países de Centro América. Es profesor e investigador de planta del Instituto de La Familia de la Universidad de La Sabana, Colombia. Autor de numerosos libros.

 


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