Depresión en la adolescencia, causas, síntomas y maneras de combatirla



La depresión en adolescentes es un trastorno que se presenta en esta etapa y se caracteriza por tristeza, desánimo, baja autoestima persistente y falta de interés en actividades usuales.

Se desconoce la causa exacta de la depresión. Son muchos los factores, incluidos la genética, el entorno, el estado de salud, los sucesos de la vida y determinados patrones de pensamientos que afectan las reacciones de las personas frente a los sucesos.

Los sucesos de la vida, como por ejemplo, la muerte de un familiar cercano o de un amigo, pueden ir más allá de lo normal y, a veces, llevar a la depresión.

La familia y el entorno social. En algunos adolescentes, un entorno familiar negativo, estresante o infeliz puede afectar su autoestima y llevarlos a la depresión.

Condiciones sociales como la pobreza, la falta de hogar y la violencia en la comunidad pueden aumentar las posibilidades de que las personas se depriman.

Los problemas de aprendizaje no diagnosticados pueden impedir un buen desempeño escolar, los cambios hormonales pueden afectar su estado de ánimo, o los problemas de salud, como por ejemplo, el hipotiroidismo, genera un estado anímico depresivo en algunas personas. Cuando estas afecciones son diagnosticadas y tratadas por un médico, la depresión suele desaparecer.

El abuso de sustancias adictivas puede provocar cambios químicos en el cerebro que quizás afecten el ánimo (es bien sabido que el alcohol y algunas drogas tienen efectos depresivos). Las consecuencias negativas, tanto sociales como personales, del abuso de sustancias adictivas también pueden derivar en una profunda desdicha y depresión.

Los adolescentes con baja autoestima o perfeccionistas presentan un riesgo particular de deprimirse cuando experimentan eventos estresantes.

Los adolescentes deprimidos por lo general son más irritables y temperamentales. Pueden ser desafiantes.

Su estado de ánimo puede variar de tristeza a irritabilidad o angustia repentina. Algunos adolescentes no saben que están deprimidos. En lugar de hablar acerca de lo mal que se sienten, pueden manifestarlo. Puede que tú interpretes esta manifestación como mala conducta o desobediencia.

Un adolescente con depresión puede presentar los siguientes síntomas:

Irritarse con frecuencia, ponerse nervioso, tener ataques abruptos de gritos y quejas o actuar imprudentemente.

Destruir cosas, como objetos del hogar o juguetes.

Decir cosas como “me odio” o “soy tonto”.

Perder el interés en cosas que solían gustarle o querer que lo dejen solo la mayor parte del tiempo.

Olvidar cosas y tener problemas para concentrarse.

Dormir mucho más, tener problemas para dormirse por la noche o despertarse durante la noche y no poder volver a dormirse.

Perder el apetito, volverse caprichoso con las comidas o comer mucho más de lo habitual.

Ser extremadamente sensible al rechazo o al fracaso.

Sentirse culpable sin motivo o creer que no es bueno. Su hijo pude lastimarse al morder, golpear o cortarse.

Hablar sobre la muerte y el suicidio; por ejemplo, decir: “Desearía estar muerto”.

Los adolescentes deben lidiar con la pubertad, con sus pares y además desarrollar el sentido de individualidad. En toda la confusión, los signos de depresión en la adolescencia pueden pasar fácilmente inadvertidos.

¿Qué puedes hacer para ayudar a tu hijo?

Sentarse a hablar. El primer paso para conocer a qué responden los comportamientos del adolescente es intentar indagar en las causas. Algunos de estos síntomas pueden aparecer durante una etapa y desaparecer después como consecuencia de la propia adolescencia. Pero es importante dialogar para saber si el adolescente es consciente de su problema y si puede manejarlo sin ayuda externa. Si hay pensamientos de suicidio evidentes, es importante no abordarlos como un tabú y afrontarlos directamente. El apoyo de la familia y el reforzamiento de los lazos entre sus miembros será un pilar esencial en su recuperación.

No tener miedo al médico. Si los síntomas parecen difíciles de manejar, lo ideal es acudir a un especialista en la materia. Un psiquiatra y un psicólogo podrán determinar si el adolescente sufre un trastorno depresivo y asignar un tratamiento para él si es necesario.

La terapia, lo más curativo. Aunque la administración de antidepresivos es una práctica común que puede ayudar al joven, la curación completa no llegará si éste no aprende a manejar sus sentimientos. En el caso de depresiones leves no hará falta asignar un tratamiento farmacológico: sólo encontrar una vía de expresión y canalización de los sentimientos a través de los médicos de atención primaria y los psicoterapeutas.

Los psicólogos escolares y los grupos de terapia también pueden ser muy útiles para que el adolescente se haga cargo de su situación y empiece a recorrer el camino para salir de la depresión. El papel de los colegios será muy relevante para echar una mano a aquellos jóvenes que se sientan apáticos y evitar que comportamientos abusivos o violentos se extiendan entre las aulas

Planificar y construir rutinas. Un adolescente deprimido probablemente tendrá un horario de sueño caótico y un desinterés general por las actividades del día a día. Por eso es recomendable ayudarle a confeccionar un horario que no sea demasiado exigente pero en el que se excluyan siestas, se establezca una hora para acostarse e incluya una serie de actividades que el joven quiera realizar cada día. Compartir los progresos con otras personas ayudará a animarle.

El ejercicio físico, una buena medicina. Realizar una actividad física que se adecue al joven y que le ayude a canalizar el estrés puede ser una manera de combatir sus sentimientos de tristeza. Si se realiza al aire libre o en grupo será todavía mejor.

Mantener viva la Esperanza. Los adolescentes deben tener metas, sueños e ideales. Es muy importante que los padres alienten a sus hijos adolescentes a plantearse metas y objetivos propios. Los jóvenes empiezan a preguntarse que serán al llegar a la edad adulta, es parte del proceso de desarrollo de su propia individualidad. Por eso deben tener ideales que los llevaran a esforzarse y a no darse por vencidos. Aún cuando las metas de un adolescente parezcan inalcanzables, hay que motivarlos a seguir adelante, a trabajar por alcanzar esas metas y reconocerle los pequeños o grandes logros que vayan obteniendo. Un adolescente con esperanza siempre tendrá mucho menor probablilidad de caer en una depresión importante y si, además, sus logros le son reconocidos, se elevará su autoestima.


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