El arte de decir NO



Seguramente, como a todos nos ha pasado, alguna vez te has encontrado en una situación incómoda en la que hubieras preferido no estar.

El ser humano es adaptable, lo que nos permite interactuar y modificar nuestro comportamiento adecuándolo al lugar o situaciones en las que decidamos involucrarnos; es así como, con el paso del tiempo, vamos conociéndonos a nosotros mismos y esto será lo que facilitará en el futuro nuestras decisiones para lograr llegar a la meta que nos establezcamos (cualquiera que esta sea).

Lo anterior suena como un excelente plan a largo plazo. Claro, todos queremos la casa perfecta, el jardín impecable, al hombre ideal y unos hijos de maravilla; sin embargo, los planes a largo plazo se cumplen por medio de nuestros planes de corto y mediano plazo, los cuales están llenos de dudas, riesgos y pretextos. La prueba y error de nuestros planes a corto plazo serán los que forjarán nuestro gran futuro; es aquí donde es más que común cometer la imprudencia de aceptar cosas que en realidad no queremos ni nos ayudarán a nuestros propios planes, únicamente para salir de una situación actual o para no atormentar los planes ajenos.

Todos conocemos a alguien que siempre está dispuesto a ayudar a todos y dejar lo que está haciendo para socorrernos; pero todos los extremos son malos.

Tampoco se trata de perder la capacidad de empatizar con el resto de los humanos, simplemente de no anularnos a nosotros mismos la capacidad de cumplirnos nuestras propias necesidades y deseos.

Hay muchas situaciones, por ejemplo sociales, en las que pareciera más conveniente decir SÍ, aunque lo que más deseamos es todo lo contrario. Pues aquí es donde entran tus planes a largo plazo: tenlos presente. Pregúntate si esta decisión hará que retrases tus proyectos o que pierdas el camino por completo y entonces y sólo entonces, responde.
Solemos decir que “sí” por muchas razones:

• Temor a no ser aceptado
• Evitar un conflicto
• Pensar que no tenemos derecho de decir NO
• Cortesía
• Costumbre, entre otras

Siempre encontrarás la manera diplomática de decir No; hay que tener presentes nuestros propios planes, compartirlos con nuestra pareja, amigos y familia, enterarlos de nuestras propias búsquedas en la vida para poder siempre tenerlos presente y cumplirlos, en lugar de perderlos de vista.

No se trata de una decisión egoísta, sino prioritaria; recuerda que nadie puede obligarte a hacer nada que tú no quieras (ni en lo físico, ni en lo emocional).

Aquí unos tips que pueden ayudarte a decir que no
1. Analiza si lo que están pidiéndote es en realidad algo que tú quieres hacer.
2. Pregúntate si tienes los medios y el tiempo para hacerlo.
3. Toma tu tiempo antes de responder; recuerda tus planes.

Si reconoces que es una situación en la que preferirías no involucrarte o no realizar, entonces puedes considerar la posibilidad de encontrar un punto medio y, si de plano no existe éste, entonces sé amable pero sobre todo honesto. Expresar nuestras propias necesidades es perfectamente aceptable y nuestros amigos/familiares/compañeros deben saber aceptarlo y enfrentarlo (y de no ser así, entonces estamos incurriendo en una relación no saludable de la que debemos encontrar la manera de evitar, pues nadie que nos quiera nos obligaría a nada que no quisiéramos)

Tómate el tiempo de descifrar qué quieres de tu vida para tener las bases y así poder decidir, sin miedo a represalias, qué tareas te adjudicarás y en cuáles dirás tranquilamente que no y verás cómo no sólo cumples tus metas, sino que te convertirás en el dueño de tu realidad.

(Compártele este artículo a Fulanita, te lo agradecerá).


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