En la forma de hablar, está el resultado



Pocas veces nos ponemos a pensar de qué forma pedimos o preguntamos las cosas dentro de nuestro hogar. Lo cierto es que de la forma que nosotros lo hagamos dependerá si los canales de comunicación se abren o se cierran. Es decir, si nuestros hijos nos van a platicar o pierden todo el interés de hacerlo con nosotros.

Somos los padres los únicos responsables de que la comunicación se dé en nuestra familia, los que debemos tener siempre la iniciativa para buscarla constantemente. Para que exista diálogo entre nosotros es necesario que los hijos nos respeten, sólo lo harán si somos coherentes (actuar como pensamos) y nos ven luchar constantemente por ser mejores personas. Para poder presentarnos como alguien digno a los ojos de nuestros hijos debemos realizar constantemente una autocritica objetiva y sincera, es decir vernos a nosotros mismo, reflexionando que es lo que ofrezco a mis hijos y que puedo hacer para cambiar o mejorar.

Imaginemos a un padre queriendo mantener un diálogo con su hijo y diciéndole frases como:

• Cállate y escucha

• Tenemos que hablar…

• ¿Qué hiciste?

• Me parece increíble que…

• ¿Ahora qué hiciste?

• Rápido porque tengo prisa

• Claro es que eres…

• Nunca me cuentas nada

• Qué raro tu en problemas

• ¿Cómo se te ocurrió?

• Tú que sabes si eres…

Todas estas frases o preguntas lo que van a lograr es cerrar la comunicación, porque en la que no se ofende, se somete o se hiere, es decir, no son ninguna invitación o motivación para que nuestro hijo se abra y nos quiera contar sus planes, proyectos, problemas, en una palabra su intimidad.

En cambio imaginemos al mismo padre utilizando ahora las siguientes frases:

• Habla yo te escucho

• ¿Qué piensas tú de…?

• ¿De qué te gustaría que habláramos?

• Me interesa

• Explícamelo por favor

• Yo te entiendo

• ¿Cómo te sentiste?

• Me interesa tu punto de vista

• Dame un minuto y me cuentas

• Me encantaría que me contaras

Todas las frases anteriores son una invitación al diálogo porque expresan interés,compresión, en una palabra amor. El hijo se verá motivado a continuarlo ya que estas abren la comunicación, porque a todos nos gusta sentirnos escuchados, aceptados y comprendidos.

Nunca olvidemos que nuestros hijos tienen necesidad de comunicarse y de ser escuchados.Si nosotros no estamos abiertos y disponibles para ello,nuestros hijos encontrarán con quien hacerlo, corriendo el peligro de que lo hagan con personas no adecuadas o mal informadas. Como dice Paul Eugene en su libro Educar, diálogo de generaciones:”Amar al hijo es decirle tu vida es la mía; tu alegría, tu sufrimiento, tu rebeldía, tu esperanza, tu esfuerzo son míos.”

De la misma manera si lo que buscamos es que nuestro hijo cambie o haga algo, también debemos de cuidar la forma como lo pedimos o corregimos porque de esto dependerá conseguir o no el resultado que esperamos. Veamos el ejemplo de algunos tipos de correctores que además de dañar no llevan a la acción: ¡siéntate bien!, ¡No te jorobes!, ¡fijate bien!, ¡levanta tu mugrero!, etc. Si los anteriores los cambiamos por: ¡qué bien te ves cuando te sientas bien!, ¡qué alto te ves cuando estas derecho!, ¡Cuando pones atención lo haces muy bien!, ¡qué bien se ve tu cuarto ordenado y que rápido encuentras las cosas!, etc. Al corregir correctamente lograremos impactar de forma adecuada consiguiendo el propósito deseado, es decir, tendremos una comunicación positiva porque lograremos que el propósito (lo que buscamos) sea igual al impacto (lo que se logró).

Si lo que los buscamos es abrir la comunicación y que sea positiva en la familia, tendremos que crear un ambiente donde se desea compartir lo propio y hacerlo común, esto sólo se consigue en un clima de confianza, respeto y seguridad, donde nos sentimos parte de la familia y valorado por lo que soy y no por lo que doy o tengo. En una palabra sentir que en nuestro hogar somos amados tal como somos (con todas nuestras fortalezas y debilidades). Por el contrario lo que cierra la comunicación es todo aquello que nos hace sentirnos incomprendidos, no aceptados, devaluados y no respetados.

Es por esto que yo digo en la forma de hablar está el resultado de la comunicación que tendremos. La positiva nos llevará a conocernos, aceptarnos, valorarnos, cooperar, solidarizarnos y mejorar dentro de la familia, siendo unidos y felices. Mientras con la comunicación negativa nos alejaremos cada día más hasta ser un conjunto de extraños viviendo bajo el mismo techo donde no se comparte nada. La cercanía o lejanía que tengamos con nuestros hijos, dependerá de nuestra calidad de diálogo.


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Marisol Gómez

hablamosonoscomunicamos@hotmail.com
Blog: marisolgomezg.wordpress.com
Facebook: www.facebook.com/pages/Hablamos-o-nos-Comunicamos

Casada desde hace 24 años, madre de dos hijos, creadora del blog: “El arte de vivir en Familia”.

Además de impartir cursos y talleres de comunicación positiva, comunicación familiar y matrimonio en diversas instituciones, es autora del libro “¿Hablamos o nos comunicamos?”.

Marisol Gómez es una profesional del asesoramiento familiar con un amplio sentido ético que apoya a los padres de familia en el desarrollo de su maravillosa tarea.

Es Licenciada en Administración y Finanzas con un Máster en Educación, con especialidad en Asesoramiento Educativo Familiar, por la Universidad Complutense de Madrid.