Hábitos para vivir en paz



No existe una lista perfecta que sea la fórmula exacta para que todos lleguemos a la plenitud de la vida en el preciso momento que queramos hacerlo e igualmente, muy distinto a lo que muchos pensamos, no se necesita ser mayor para vivir en paz, es decir, no es necesario “haber vivido muchos años” ni “haber pasado tantas cosas” para poder vivir en paz.

Esto se logrará únicamente cuando tú decidas que así sea.

Como te digo, no existe una lista para llegar a este clímax de la vida porque cada ser humano es un mundo diferente y nadie mejor que tú mismo sabe qué necesita para vivir en paz.

Así que estipulemos lo siguiente

Qué es lo que más te gusta en la vida. Identifícalo e introdúcelo en tu día a día.

Escucha a tu voz interior. Esa pequeña voz a la que de vez en vez deberías hacerle caso y que te dice que en realidad hubieras preferido quedarte a leer en casa en lugar de ir con la vecina a beber un café.

Escucha a tu cuerpo. Tu cuerpo te habla todos los días, todo el tiempo. Esa voz interior de la que hablamos, viaja dentro de tu cuerpo, así que es importantísimo darle la seguridad de tenerlo sano, tratarlo con dignidad, alimentarlo correctamente y no dañarlo con bebidas o vicios innecesarios. También te darás cuenta de los efectos que las emociones tienen en él. Por ejemplo, cuando sientas enojo, aprovecha esta ocasión para analizar qué está ocurriendo con tu cuerpo: las manos tiemblan, el estómago se calienta, y lo que tienes es mucha energía que te agradecerás a ti mismo descargarla con ejercicio o meditación en lugar de descargarte en alguna persona, que aparte probablemente solo esté pasando por ahí y no tenga nada que ver con tus enojos.

Toma unos minutos al día para cosas sencillas. Simplemente detente unos minutos, y respira, siente tus pies, huele unas rosas, disfruta.

Celebra tus emociones. La felicidad es una emoción inmensa; siéntela en el estómago, concientiza las reacciones que provoca en tu cuerpo. Igualmente la tristeza, maravíllate de la capacidad que tenemos para sentir y sabrás que, incluso cuando estás triste, estás vivo.

Canaliza tus emociones. Claro que cada acción tiene una reacción y las emociones no pasan por ningún proceso racional, sin embargo, tú tienes el poder de decidir qué hacer con tus emociones. Canalízalas de forma positiva.

Medita. Los estudios científicos nos dicen que meditar nos hace, literalmente, más felices. Nos permite conocernos a nosotros mismos y nos ayuda a tomar mejores decisiones.

Ayuda al de al lado. Los beneficios psicológicos que nos brindan el hecho de ayudar a otra persona son enormes. Nos hace sentir útiles y nos recuerda siempre que somos humanos.

Y el punto que yo creo el más importante: El libre albedrío. Porque precisamente “El dolor es inevitable; el sufrimiento es opcional” debemos entender que la forma en la que vivamos la vida es decisión de cada quien. No podemos culpar a nadie por nuestras amarguras y desencantos. Somos seres capaces de decidir hoy mismo ser feliz.

Hagámoslo.


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Redacción