¿Tu bebé tiene “mamitis”?

Si tu hijo te sigue a todas partes, no te pierde de vista ni un segundo y quiere que lo lleves en brazos a menudo, no lo dudes: tiene mamitis



La “mamitis” se debe a la ansiedad por la separación, y es una fase normal del desarrollo que va disminuyendo gradualmente, a medida que el niño crece. En este período, el pequeño desea estar siempre con su madre y siente angustia si ella se aleja: se siente inseguro, asustado, triste y a veces enfadado.

El llanto, los gritos y, en ocasiones, los caprichos son sus maneras de manifestar sus emociones, y su nivel de “mamitis” muestra su adaptabilidad a los cambios. Este comportamiento no aparece de golpe ni desaparece de un día para otro. Además, se manifiesta a causa de una suma de factores. Al principio los bebés son muy sociables y sonríen a todo el mundo que les hace gestos. Pero a partir de los 9 meses, sienten ansiedad si son separados de su madre, tornándose huraños y hasta hostiles con los desconocidos. Llorará al conocer a alguien nuevo y sólo querrá estar con su mami. Es lo que se conoce como la etapa de la “mamitis”, que desaparece a partir de los 3 años.

Si cada vez que le tienes dejar con otras personas todo son llantos y rabietas, puedes probar a hacer lo siguiente:

No te angusties, es una etapa normal por la que pasan casi todos los niños. Tu hijo aún no tiene desarrollada la noción del tiempo y piensa que cuando algo no está al alcance de su vista, no volverá a verlo.

Intenta que esté en contacto con otras personas la mayor parte de tiempo posible: familiares, amigos, vecinos… que vea que su mundo no se reduce a su mami.

Acostúmbrale a estar pequeños ratos solo –metido en el parque o en algún sitio seguro- o con otras personas. Dile que te vas un momento a la cocina a por algo y que regresas enseguida. Cuando vea que cumples tu palabra, tardas poco y vuelves, aprenderá a confiar en ti y podrás alejarte más rato.

Si tienes que irte durante mucho tiempo, deja una foto tuya cerca de él, sólo con ver tu imagen se sentirá más tranquilo.

No prolongues la despedida ni te eches tú a llorar al verle. Si eternizas la despedida, parecerá que es para siempre.

Establece límites
, tiene que entender que hay momentos que debe dejarte sola. Por ejemplo, cuando vayas al baño o cocines. No puede seguirte a todas partes.

No te vayas nunca a escondidas ni le mientas diciéndole que vuelves enseguida si no lo vas a poder cumplir, con esto sólo lograrás que el bebé viva en constante angustia e inseguridad.

Cuando te reencuentres con él, muestra mucha alegría y dale un fuerte abrazo. Así sabrá que, aunque tenga que estar un tiempo sin ti, obtendrá su recompensa –en modo de cariño- cuando regreses.


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