¿Cómo es posible sobrevivir donde nadie sobrevive?



Fernando Parrado, además de productor y empresario, es un conferencista muy cotizado que logra colmar grandes auditorios cada vez que se presenta. Es un hombre exitoso que se define a sí mismo más como un emprendedor que como un empresario y que en sus conferencias logra, en una hora y media, conmover lo mismo a empresarios y ejecutivos que a jóvenes, adolescentes, amas de casa o estudiantes.

Ya han pasado más de 40 años desde aquel trágico viernes de Octubre de 1972, cuando un avión que viajaba de Montevideo, Uruguay a Santiago de Chile se estrelló en un risco en plena cordillera de los Andes. A bordo viajaban 5 tripulantes y 40 pasajeros, entre ellos los jóvenes integrantes de un equipo de rugby y algunos de sus familiares.

Es esta una de las más increíbles historias de supervivencia de la que seguramente todos hemos escuchado alguna vez: “El Milagro de los Andes”.

De las 45 personas que iban en el avión, 12 murieron en el accidente, incluyendo a la madre de Fernando Parrado. Otras 5 murieron al día siguiente. Susana Parrado de tan sólo 20 años, hermana de Fernando, murió a causa de sus lesiones 8 días después del choque.

A los 16 días, una avalancha se llevó la vida de ocho más, y dos jóvenes murieron a mediados de Noviembre por las infecciones de sus lesiones.

Con apoyo de imágenes y videos de la montaña, Fernando Parrado, que en aquel entonces tenía 23 años, nos narra sus vivencias, sus anécdotas, los momentos más duros en que allí, a más de 4,000 metros de altura perdió a su madre, a su hermana y a muchos de sus amigos.

¿Cómo es posible sobrevivir donde nadie sobrevive?, le pregunta a la concurrencia.

Sobrevivimos porque hubo liderazgos, toma de decisiones y espíritu de equipo, porque nos conocíamos desde mucho antes

Luego, reflexiona:

En la vida el factor suerte es fundamental. Cuando llegué al aeropuerto de Montevideo no daban número de asiento para el avión. A mí me tocó, de casualidad, la fila 9, junto a mi mejor amigo.

Cuando el avión chocó en la montaña, se partió en dos. De la fila 9 para atrás no quedó nada. Los 29 sobrevivientes al primer impacto viajaban en la parte que quedó a salvo. De ellos 24 no sufrieron un rasguño. Así, los menos shockeados empezaron a ayudar, actuando como un verdadero equipo. Administramos barritas de chocolate y maní al punto de comer un grano por horas cada uno.

Marcelo, nuestro capitán y líder, asumió su rol para contenernos cuando le preguntábamos qué pasaba que no llegaba el rescate. Decidimos aguantar.

Poco más de una semana después del accidente las autoridades decidieron abandonar la búsqueda de sobrevivientes.

Decidimos aguantar, pero días después el líder se desmoronó. La radio trajo la noticia de que había concluido el rescate.
¿Cómo hubieran reaccionado ustedes? -desafía a la audiencia-. El líder se quiebra, se deprime y deja de serlo.
Imagínense que yo cierro esta sala, bajo la temperatura a 14 grados bajo cero, sin agua ni comida a esperar quién muere primero. Ahí me di cuenta de que al universo no le importa qué nos pasa. Mañana saldrá el sol y se pondrá como siempre.
Tuvimos que tomar decisiones. Nos enfrentamos a una verdad cruda e inhumana.

En sus conferencias, Fernando suele apelar a conceptos del mundo empresarial:

Hubo planificación, estrategia, desarrollo. Cada uno empezó a hacer algo útil, que nos ayudara a seguir vivos: zapatos, bastones, pequeñas expediciones humanas. Fuimos conociendo nuestra prisión de hielo.

Finalmente, tras fallecer un superviviente más y después de dos meses bajo la nieve, el grupo decide que su única esperanza es salir en busca de ayuda.

Hasta que me eligieron para la expedición final, porque la montaña nos estaba matando, nos debilitaba, se nos acababa la comida.
Subí aterrado a la cima de la montaña con Roberto Canessa. Pensábamos ver desde allí los valles verdes de Chile y nos encontramos con nieve y montañas en todas direcciones.
Ahí decidí que moriría caminando hacia algún lugar.

Contra todo pronóstico, tras resistir las condiciones más adversas que se pueden imaginar, después de soportar hasta 40 grados bajo cero, sin agua, sin comida y después de recorrer a pie unos 55 kilómetros por una de las partes más escarpadas de la cordillera de Los Andes, los dos jóvenes maltrechos, “Nando” y “Canessa”, se encuentran en plena montaña con un arriero chileno.

Separados por el cauce de un río muy caudaloso, logran comunicarse mediante una nota de papel. El arriero, lee la nota, les lanza un poco de pan y cabalga por 10 horas hasta una guarnición de Carabineros de Chile.

Incrédulos, los militares acompañan al arriero de regreso y solicitan el apoyo de 3 helicópteros. Las aeronaves arriban durante las primeras horas de la mañana siguiente, pese a que la niebla es muy densa, deciden continuar. Parrado guía al equipo de rescate para ubicar al resto de los sobrevivientes.

Los encabezados y titulares en todo el mundo, a 8 columnas publican una sola cosa: VIVEN.

Entonces, sobreviene el momento más inesperado de la charla de Fernando.

Pero, esta no es la historia que vine a contar.

Si bien Parrado logró salir caminando, por su propio pie, de un verdadero infierno helado, cuenta que la parte más difícil, la verdadera historia, empezó al regresar a casa sin su madre, sin su hermana, sin sus amigos de la infancia…

¿Crisis? ¿De qué crisis me hablan? … ¿Estrés? ¿Qué estrés?
En general, me siento distinto en la percepción de los problemas del día a día: la gente se complica, yo me volví bastante simple.

Recuerda entonces un diálogo fundamental que tuvo con su padre:

Mira para adelante, anda tras esa chica que te gusta, ten una vida, trabaja. Yo cometí el error de no decirle a tu madre tantas cosas por estar tan ocupado, de no compartir tantas festividades con tu hermana, no darme el tiempo de platicar con ellas mis vivencias, no decirles cuanto las amaba.

En ese momento “Nando” cierra determinado:

Las empresas son importantes, el trabajo lo es, pero lo verdaderamente valioso está en casa después de trabajar: LA FAMILIA.
Mi vida cambio, pero lo más valioso que perdí fue ese hogar que ya no existía al regresar.

No se olviden de quien tienen al lado, porque no saben lo que va a pasar mañana. Ningún éxito en la vida justifica el fracaso en la familia.

Si tú tienes un cálido hogar, piensa que al igual que yo:

¡¡¡ Eres una persona con Suerte !!!

Te tocó de la fila 9 hacia adelante, y créeme…. la mayoría viaja de la 9 para atrás.


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