Errores y aciertos al escoger pareja



Dicen que “uno no manda en las cosas del amor”, que “el amor llega a su momento”, y hasta que “el amor es ciego”. Estos dichos populares son ciertos en el sentido que el amor no es algo que se pueda inducir, ni mucho menos forzar a que pase. Pero también es cierto que el amor es una entrega que supone nuestra libre decisión.

Al conocer a una persona, nos atraen de ella algunas de sus características: su físico, su carácter y hasta su manera de resolver esta o aquella situación. Pero ¿pueden ser estas características que nos atraen la prueba suficientemente para considerar a esa persona como la pareja para el resto de nuestras vidas?

Con el objetivo de ayudar en la búsqueda y discernimiento, se pueden considerar los siguientes consejos:

Evita que la presión social de amigos y parientes induzca a casarse pronto: Frases como “vamos a hacer una rifa a ver si ya sales”, “te estás quedando para vestir santos”, “Si te sigues tardando, vas a tener nietos en lugar de hijos”, etc., son frases que pueden crearnos malestar y hacernos creer que de verdad debemos “apurarnos”. Sin embargo, por más buena voluntad de nuestros parientes y amigos, esa no es la razón para decidirnos por una persona. Por el contrario, podría inducirnos a tomar una decisión que nos lleve al fracaso. Hay que mantener una actitud positiva, tomar las cosas con calma, y darse el tiempo necesario para buscar y escoger la persona adecuada.

No escoger a alguien seducido sólo por su apariencia física: Cuantas veces no hemos oído “por su belleza, a éste o a ésta se le perdona todo” ó “De la vista nace el amor,” pero, usar la belleza como único método de selección es altamente riesgoso. Es natural que lo bello y agradable nos atraiga. Sin embargo, además de ser una característica pasajera, también es cierto que, una vez nos acostumbremos al físico de la otra persona, lo que realmente nos retiene a su lado son las características que nos permitan admirarla y no sólo desearla: los valores que tenemos en común, su capacidad de amar, su inteligencia, etc.

Escoger a la persona con la cual encuentre mayor afinidad. Es decir, hay que decidir por alguien con quien se pueda realmente compartir lo que es uno: gustos, valores, forma de ver la vida. Para descubrir el grado de afinidad con la pareja, la mejor técnica es el diálogo. Preguntar por ejemplo: ¿Cuál es tu punto de vista en este o aquel tema?, ¿Cuáles son tus metas a largo mediano y corto plazo?, ¿Cómo es tu vida familiar?, ¿Cuál es tu concepto de familia?, ¿Qué importancia tiene para ti la espiritualidad?, ¿Qué religión practicas?, ¿Qué opinas del matrimonio?, etc.

Creer que la pareja dará la felicidad que busca es un gran error: No podemos basar nuestra felicidad en otra persona. La felicidad es un sentimiento personal, una forma de asumir la vida que depende sólo de nosotros mismos y de nuestra disposición a ser felices. Por eso pensar que mi felicidad depende de otro no es realista. Es mejor decir, “soy feliz a su lado porque puedo hacerlo o hacerla feliz.” Al dar lo mejor de nosotros mismos por el bien del otro encontraremos virtudes y cualidades que ni nosotros mismos sabíamos que teníamos. Así, dando, nos vamos haciendo seres más maduros y completos.

Recuerda: “La pareja perfecta no existe, la pareja perfecta soy yo.” Esto no significa que de hecho ya soy todo lo que debo ser. Cada cual debe madurar e irse adaptando a los cambios de la vida. Así que no hay que torturarse ni ser demasiado duro e inflexible en el camino de elegir pareja. Ser lo suficientemente humilde para saber que como uno, también la otra persona está en proceso.

Además, hay que contar con el hecho que hay hábitos, costumbres y temperamentos que una persona nunca podrá cambiar. Y mientras esas realidades no sean destructivas para nosotros o para los hijos, estamos invitados a, por amor, acogerlas con aceptación y respeto. Esto hará que seamos más tolerantes, y traerá paz a la relación.


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