Ganar-Ganar, en la resolución de un conflicto



A Juan: le gusta levantarse temprano y cómo él dice “disfrutar el domingo”, salir a andar en bici acompañado. Le encanta ir al supermercado y recorrerlo pasillo por pasillo.

A Ana: le gusta levantarse tarde y descansar, porque toda la semana madruga, además ella hace ejercicio todos los días. Le gusta quedarse en la cama y leer un rato. Prefiere ir a otro lado porque todos los lunes hace la compra de la semana y no le gusta ir dos veces.

Han intentado casi todo para resolver este problema, algunas veces con buenos resultados y otras con peores.

Algún sábado por la tarde Ana se acerca a Juan proponiéndole que planeen lo que van a hacer el domingo y él con tal de no tener problemas, se va a regar el jardín para no hablar del tema tratando de evitarlo.

Cuando lo que buscamos es apartarnos del problema física (irte a otro lado) o sicológicamente (hacer o pensar otra cosa), lo que estamos haciendo es negarnos a hablar de él. Al actuar así ambos perdemos porque ninguno logra lo que quiere, aunque Juan se escape del problema esta vez, sabe que resurgirá en cualquier momento.

Al querer evadir constantemente los problemas lo que lograremos es deteriorar la relación porque con este comportamiento no se resuelve, sólo se pospone aumentando la tensión, por ejemplo Ana se siente ignorada por Juan y cree que no le importa lo que ella quiere o necesita. Juan podría irse a regar sólo para ganar tiempo, para pensar o calmarse y después estar dispuesto a hablar de los planes del domingo.

El método de la retirada lo podríamos utilizar sólo cuando ni la relación, ni el problema son importantes. Es por esto que ni Juan ni Ana deben utilizarlo, porque su relación es muy importante.

Otras veces Ana ha utilizado el chantaje (estoy muy cansada, en esta casa nadie me ayuda, me siento muy mal, me voy a enfermar sino descanso, etc.) para conseguir lo que desea, obligando a Juan a hacer lo que ella quiere (levantarse tarde y leer sin prisa).

Este método tampoco es el adecuado porque Ana busca satisfacer sus necesidades sin tomar en cuenta las de Juan, por lo tanto ella gana y él pierde, dañando la relación. Cuando a uno de los miembros de la pareja se le obliga a hacer algo que no desea puede sentirse intimidado y no actuará con libertad sino con miedo.

Es aconsejable obligar cuando el problema es muy importante (una emergencia) y la relación no lo es. En la resolución de conflictos de pareja no se puede obligar porque se daña la relación conyugal.

Por un tiempo Ana decidió hacer lo que Juan quería, olvidándose de lo que ella tenía ganas de hacer. Por ejemplo Juan le decía: “mañana sería padrísimo levantarnos a las 6:30 para ir andar en bici juntos”. Ella le decía que estaba bien, cuando lo que deseaba era dormir hasta tarde porque Lucy estuvo enferma toda la semana y casi no durmió. Esto provoca en Ana resentimiento porque no se le toma en cuenta. Ella se cansará de ceder siempre y se sentirá utilizada. Además otro peligro de resolver el problema de esta forma es que se puede tomar una mala decisión al no conocer la posición del otro.

Ceder es conveniente cuando el asunto no es importante, pero la relación sí. Por ejemplo: cuando Ana y Juan van al cine y quieren ver películas diferentes. Uno acepta ver la que quiere el otro.

Otras veces Juan y Ana salen más tarde a andar en bici, durmiendo más tiempo como le gusta a Ana. Esta es una mejor manera de solucionar el problema porque ambos obtienen satisfacción parcial, es decir, de cierta manera ambos ganan (Ana duerme un poco más y Juan sale a andar en bici), pero a la vez pierden (Ana no descansa lo que necesita, no lee y Juan anda menos en bici).

Con esta decisión no se daña la relación porque ambos obtienen algo, pero se puede perjudicar la calidad de la decisión, porque podemos no elegir la mejor opción al tratar de satisfacerse de algún modo.

Es aconsejable usar el método del compromiso cuando la relación es muy importante y los problemas no tienen una solución fácil o los esfuerzos de uno por resolver no funcionan por ser los intereses tan diferentes.

La mejor manera de actuar ante el conflicto sería que Juan y Ana aprendieran a solucionarlo satisfaciendo las necesidades de ambos, logrando ganar/ganar.

Por ejemplo, Juan podría salir temprano a andar en bici con sus hijas, dejando a Ana descansar más tiempo. Cuando él regrese podrían ir juntos al supermercado y Ana podría aprovechar para comprar lo que necesita en la semana y de esta forma iría una sola vez.

Cuando ambos colaboran en la resolución del problema. Dialogando encontrarán la mejor solución posible para los dos. Juan y Ana se sentirán satisfechos porque consiguieron un beneficio mutuo. Siendo escuchados, aceptados y comprendidos, en una palabra se sentirán amados.

Esta técnica se aconseja usarla siempre en la resolución de los conflictos, porque con ella aprendemos a reconocer el punto de vista del otro, a cooperar ganando ambos, dejando de crear conflictos por sentirnos rivales, incomprendidos o víctimas.

Cuando colaboramos aprendemos a resolver como el gran equipo que somos, quedando los dos satisfechos de la solución y sintiéndonos parte importante de la relación.


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Marisol Gómez

hablamosonoscomunicamos@hotmail.com
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Casada desde hace 24 años, madre de dos hijos, creadora del blog: “El arte de vivir en Familia”.

Además de impartir cursos y talleres de comunicación positiva, comunicación familiar y matrimonio en diversas instituciones, es autora del libro “¿Hablamos o nos comunicamos?”.

Marisol Gómez es una profesional del asesoramiento familiar con un amplio sentido ético que apoya a los padres de familia en el desarrollo de su maravillosa tarea.

Es Licenciada en Administración y Finanzas con un Máster en Educación, con especialidad en Asesoramiento Educativo Familiar, por la Universidad Complutense de Madrid.