Lo que debes de saber de los alimentos enlatados

Los alimentos enlatados ofrecen una buena alternativa para consumirlos tanto en casa, como también cuando salimos de paseo o trabajo, pero debemos tomar en cuenta su estado de conservación.



Se dice que la comida fresca es mejor que la de lata, aunque no siempre es así. Algunas verduras enlatadas pueden ser más nutritivas que las frescas, si las últimas se han mantenido “guardadas” durante algún tiempo después de su cosecha.

El valor nutritivo de los alimentos enlatados es óptimo porque no se alteran las proteínas, carbohidratos ni lípidos. La vitamina C de las frutas y zumos se conserva en 95 por ciento y el de las verduras en más de 50 por ciento. La vitamina B se preserva en 80 por ciento y las vitaminas liposolubles A, D, E y K, sensibles a la luz y al aire, quedan protegidas en recipientes opacos y herméticos.

La esterilización de alimentos consiste en colocarlos en un recipiente cerrado y someterlos a elevada temperatura durante el tiempo suficiente para asegurar la destrucción de gérmenes y microorganismos. Entre más alta sea la temperatura, menor será el tiempo de esterilización. Por ejemplo, a 140°C el proceso dura unos segundos; con esta medida se logra mantener el buen aspecto, sabor y textura del producto, así como su valor nutritivo original.

En las conservas de pescado en aceite la concentración de ácidos grasos es mayor que en los ejemplares frescos, y es que al añadir aceites se aumentan las grasas omega 3 y la vitamina B3 también aumenta, mejorando de esta manera nuestros niveles de colesterol. Eso sí, este tipo de conservas contiene más calorías y grasa que los alimentos frescos, ya que se le añaden grasas a las ya existentes.

Otro punto que debemos tener en cuenta es que concretamente pescados como el atún, las sardinas, etc., que se consumen en conserva, presentan una mejor asimilación de las proteínas por parte de nuestro organismo, aunque es cierto que contienen menos cantidades del resto de nutrientes. Además, los alimentos conservados en lata suelen tener un mayor aporte calórico que los naturales.

Mitos sobre los enlatados

Cuando un enlatado se abre hay que retirarlo inmediatamente de la lata porque puede intoxicar.

Falso: Un envase de hojalata es un recipiente hermético y estéril, ya que durante el proceso de enlatado se sometió a un procedimiento térmico. Una vez abierto, puede conservarse en el refrigerador en su envase original por tres o cuatro días sin riesgos.

Los alimentos enlatados contienen productos químicos, usados para su conservación.

Falso: El medio principal de conservación es el calor, que se aplica durante el proceso de pasteurización o esterilización. Además se utilizan sal, azúcar, especias, ácidos naturales y almidones, que cumplen el papel de saborizante o estabilizante, sin ocasionar daños a la salud.

Los alimentos enlatados tienen sabor “metálico”.

Falso: Los envases de hojalata tienen componentes (estaño y lacas sanitarias) que protegen el alimento contenido y en muchos casos mejoran las características del producto, dependiendo de la composición química del alimento envasado.

Los alimentos enlatados se hacen viejos al permanecer mucho tiempo dentro de la alacena.

Falso: Al estar protegidos contra gases y luz gozan de larga vida. Aquellos que tienen bajo nivel de ácido como aves, guisos, carnes, sopas (excepto la de tomate), pasta, papas, maíz, zanahorias, espinaca, frijoles, remolachas y calabaza pueden mantenerse en buen estado hasta por cinco años. Los que tienen alto contenido de ácido (productos de tomate, frutas y alimentos en salsas o aderezos a base de vinagre) se mantienen hasta por 18 meses.

El alimento enlatado ha sido sometido a severos procesos de cocción, lo cual hace que pierda sus características iniciales.

Falso: En realidad es sometido a procesos menos dañinos para el producto, en comparación con los que se preparan a nivel doméstico; la preparación industrial presenta mayor control de la temperatura y las condiciones higiénicas, así como de la calidad del producto.

Ningún alimento puede preservarse, cocinarse o mantenerse en refrigeración sin sacrificar, en cierto grado, el contenido de vitaminas. En la fabricación industrial estas pérdidas se han reducido a la tercera parte de lo que son durante la preparación doméstica de los alimentos. La probabilidad de alteración de un alimento enlatado es muy escasa, y si ésta llega a producirse, se da durante las primeras 72 horas tras su elaboración; además, es fácilmente detectable, lo que permite al empacador realizar una adecuada selección y análisis de los productos que se venden en el mercado.


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