¡No sé cómo empezar…. Y no me quiero pelear!



Luisa tiene un problema con su hijo Lalo, no está segura de querer hablarlo porque tiene miedo de entrar en otra pelea con él. Lo plática con su amigo Rodrigo que es comunicólogo. Él le hace ver que muchas personas evitan el conflicto porque no saben cómo iniciar esta plática, haciéndolo más grande de lo que es. Pero para poder resolverlo es necesario la colaboración de ambos y esto sólo se logrará si ella:

1.Reconoce el problema que tiene y se lo comparte a Lalo. La mayoría de las veces el otro no es consciente de la existencia del problema o de los sentimientos o contratiempos que produce su actuar. Es por esto que Luisa debe comunicarle a Lalo que está tomando un curso, por lo que tiene que salir más temprano de casa. Ella se acercará y le dirá: “Te quiero comentar que tengo un problema y necesito de tu ayuda. Durante quince días que dura el curso que estoy tomando necesito salir de casa a más tardar a las 8” en lugar de: “¡apúrate que me atrasas y por tu culpa no llego a tiempo a mi curso!” o frases parecidas que sólo cierran la comunicación y ponen a la defensiva al otro.

2.Le explica el problema describiendo el comportamiento, las consecuencias y lo que siente. Luisa podrá explicarle de la siguiente manera: “Lalo si lo último que haces es bañarte, no me da tiempo de limpiar el baño y entonces me siento nerviosa y enojada, porque llego tarde a mi curso que me interesa mucho.” Analicemos esta frase Meterse a bañar a la 7:45 es el comportamiento, que trae como consecuencia que a Luisa no le da tiempo de limpiar el baño y se le hace tarde, lo que provoca su nerviosismo y enojo( sentimientos). Si lo expresa de esa manera Lalo podrá entender perfectamente la situación, la reacción de su mamá y lo que ella espera de él.

3.No acusa a Lalo por bañarse a esa hora, él lo hace porque así le gusta y le parece cómoda y práctica su rutina, no por molestarla, ni para que llegue tarde. Cuando evaluamos o calificamos la conducta del otro lo único que logramos es que se ponga a la defensiva, obstaculizando encontrar una buena solución.

4.Sugiere una solución tomando en cuenta a los dos. Por ejemplo decirle: “Lalo se que te estoy pidiendo algo muy especial, pero podrías por estos días cambiar un poco tu rutina y bañarte más temprano para ayudarme a salir a tiempo.” A Lalo le gustará saber que puede ayudar a su mamá con sólo cambiar un poco sus horarios y que ella valora tanto a su tiempo como a él.

5.Antes de planteárselo, ensaya mentalmente lo que va a decir y como lo dirá, para que su petición sea breve, concreta y cariñosa, logrando la comprensión y colaboración de Lalo. Esto lo logrará sólo si controla sus emociones y está tranquila. Plantearlo en términos de comportamiento-consecuencia–sentimientos. Cuanto mejor comuniquemos el problema y la posible solución, será más fácil lograr la colaboración en la resolución de este.

Antes de despedirse Rodrigo le recuerda a Luisa lo que tiene que hacer para iniciar esta plática y poder resolver el problema con la colaboración de Lalo:

•Reconoce el problema como tuyo.

•Descríbele a Lalo el comportamiento cómo es, sin acusarlo de nada.

•Explícale las consecuencias que tiene en ti su comportamiento y lo que sientes.

•Proponle una posible solución común.

•Y no te olvides de expresarlo de manera clara y cariñosa.

Haciendo todo lo anterior logrará que Lalo entienda el problema en su totalidad y que esté dispuesto a colaborar con Luisa durante esos quince días, evitándose una pelea y afectando su relación.

Si seguimos estos pasos para iniciar la conversación de un conflicto, estaremos ahorrándonos muchas discusiones, peleas, acusaciones, ofensas, etc. Que lo único que consiguen es cerrar nuestros canales de comunicación y por lo tanto deterioran nuestra relación. Un gran principio lleva un final feliz.


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Marisol Gómez

hablamosonoscomunicamos@hotmail.com
Blog: marisolgomezg.wordpress.com
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Casada desde hace 24 años, madre de dos hijos, creadora del blog: “El arte de vivir en Familia”.

Además de impartir cursos y talleres de comunicación positiva, comunicación familiar y matrimonio en diversas instituciones, es autora del libro “¿Hablamos o nos comunicamos?”.

Marisol Gómez es una profesional del asesoramiento familiar con un amplio sentido ético que apoya a los padres de familia en el desarrollo de su maravillosa tarea.

Es Licenciada en Administración y Finanzas con un Máster en Educación, con especialidad en Asesoramiento Educativo Familiar, por la Universidad Complutense de Madrid.