¡Hay temas que nunca tocamos!



Un día en una reunión, una señora comentó que ella no hablaba sobre sus hijos con el esposo, porque era intolerante y muy estricto con ellos y no los dejaba crecer. Que prefería mentirle, ocultarle o comentarle poco lo que hacían y así se evitaba grandes discusiónes. Al oír a la señora pensé qué importante es para el matrimonio entender que el tema de los hijos como otros que iremos tratando, no sólo es importante hablar de ellos en pareja, sino indispensable para mejorar nuestra relación, para hacer crecer nuestra familia y nuestro amor.

Para mantener una verdadera comunicación conyugal debemos hablar siempre en pareja por lo menos de:

• Nuestros hijos.– Esta es la parte más importante de nuestra vida en común y la que más se comparte, porque son el fruto de nuestro amor y somos los únicos responsables de su educación. Es por esto que es necesario hablar permanentemente de cada hijo y de lo que esperamos de él. Tenemos que llegar a acuerdos con nuestra pareja en todo lo que se refiere a los hijos y no evitar el tema como la señora de la reunión. Hay que buscar el camino que nos permita hablar abiertamente de ellos, pero nunca mentirle a la pareja.

• Nuestra vida profesional.– No se podría entender una relación de pareja si no compartimos y conversamos sobre nuestro trabajo al que le dedicamos gran parte de nuestro tiempo. Compartir todos los aspectos de éste para que nuestra pareja pueda valorarla y sentirse orgullosa de nuestra labor, y viceversa. A todos nos gusta ser escuchados y reconocidos. Si no hablamos de esto estaríamos desconociendo una parte muy importante de la pareja. Por ejemplo: Sí el día anterior nos contó que iba a tener una comida de negocios muy importante, estar atentos para preguntarle qué tal le fue y lo que logró. Estar siempre dispuesto a oir todos sus problemas, preocupaciones, logros, etc…

• Nuestra vida espiritual.– Al casarnos no sólo compartimos el cuerpo sino todo nuestro ser incluyendo nuestra vida interior (creencias, valores, virtudes, etc.). Hablar de los valores y virtudes que son importantes para nosotros en la educación de los hijos y cómo los enseñaremos. Como les transmitiremos nuestra fe. Es con la vida interior con la que marcaremos los límites a nuestros hijos. Por ejemplo: ponernos de acuerdo como actuaremos para que nuestro hijo adquiera una vida de piedad o la virtud del orden.

• Nuestros afectos y sentimientos.
– La pareja debe compartir todas las alegrías, tristezas, preocupaciones, deseos, etc. Para lograr una verdadera comunicación conyugal es necesario transmitir al otro nuestros sentimientos y necesidades. Ninguno es adivino, por eso tenemos la obligación de decir siempre lo que se siente o necesita porque es la única manera que el otro lo sepa. Al hacerlo estamos haciendo crecer nuestro matrimonio. Buscar su apoyo y compañía. Acordarnos cuando éramos novios como nos necesitábamos y nos preocupaba el sentir de otro. Por ejemplo: Si necesito estar más tiempo con él, decirle que te sientes sola y que necesitas salir en pareja para compartir más tiempo.

• Nuestra intimidad sexual.– Está muy relacionada con como marcha la comunicación, cuando no camina bien tampoco lo hace nuestra intimidad. Es necesario tener una conversación abierta y sincera en este tema, diciendo lo que me gusta, lo que no, lo que necesito, lo que me incomoda o molesta, etc. Recordemos que la entrega es espiritual y corporal. Por ejemplo, en lugar de fingir dolores de cabeza porque no estamos cómodas con las relaciones, analizar por qué está pasando eso, platicarlo y buscar una solución juntos.

• Nuestra economía.– Para estar unidos tendremos que planear juntos el presupuesto y juntos administrarlo para formar un patrimonio. Hablar de lo que nos gusta o desagrada de cómo se lleva el manejo de los recursos. Aprender a vivir juntos con lo que tenemos, no exigir. El dinero es de los dos y juntos lo administraremos mejor. Por ejemplo: El esposo que le da una cantidad fija mensual a la esposa para los gastos del hogar, pero no le permite participar en la administración de los recursos desconociendo lo que tienen, hace sentir a su esposa como incapacitada o no digna de confianza, rompiendo el canal de comunicación.

• Nuestras familias.– Este puede ser motivo de muchas discusiones, pero si recordamos que nuestra pareja viene de esos padres y de esa familia nos daremos cuenta que no le pueden gustar nuestra críticas hacia ellos. Cada uno de nosotros podemos reconocer los errores y defectos de nuestra familia pero a nadie le gusta que critiquen o hablen mal de sus familias. Al hablar de la familia del otro lo haremos con respeto y sin quejas. Como dice Tambor El conejo de la película de Bambi: “si al hablar no has de agradar mejor has de callar”. Mejor mostremos interés por su familia, tengamos detalles con ellos, perdonemos los disgustos, evitemos todo lo que nos confronte, en pocas palabras seamos prudentes y serenos, por amor a él. Por ejemplo: si la suegra está enferma habla con ella, ayúdala en lo que puedas, pregúntale a tu pareja cómo sigue. Al actuar así le demostraremos cuanto lo amamos y por él podemos llegar a querer a su familia.

Si no hablamos de estos temas podemos convertirlos en grandes obstáculos para la comunicacion y para nuestra relación, por eso debemos dialogar abierta, clara, respetuosa y verazmente sobre todos estos temas durante toda la vida. No olvidemos que dos mentes piensan mejor que una y que encuentran mejores soluciones.

Recordemos que la estabilidad de nuestro matrimonio dependerá de nuestra capacidad a adaptarnos a los nuevos acontecimientos, para esto hay que mantener una continua comunicación en todos los temas.


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Marisol Gómez

hablamosonoscomunicamos@hotmail.com
Blog: marisolgomezg.wordpress.com
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Casada desde hace 24 años, madre de dos hijos, creadora del blog: “El arte de vivir en Familia”.

Además de impartir cursos y talleres de comunicación positiva, comunicación familiar y matrimonio en diversas instituciones, es autora del libro “¿Hablamos o nos comunicamos?”.

Marisol Gómez es una profesional del asesoramiento familiar con un amplio sentido ético que apoya a los padres de familia en el desarrollo de su maravillosa tarea.

Es Licenciada en Administración y Finanzas con un Máster en Educación, con especialidad en Asesoramiento Educativo Familiar, por la Universidad Complutense de Madrid.