Mentiras nutricionales que no deberíamos creer



No existe carencia de información ni tampoco de malos consejos en conjunto. Algunas ideas erróneas son inofensivas—pero otras son completamente peligrosas y con el tiempo podrían ocasionarle problemas de salud crónicos e incluso podrían restarle años a tu vida.

-El agua en las comidas engorda.

El agua no tiene calorías por lo que es imposible que te haga aumentar de peso, independientemente del momento en que se tome. Parece que algunas personas con tendencia a retener fluidos, tienen problemas de digestión y eliminación del agua cuando la toman junto a otros alimentos, pero no hay estudios científicos que lo demuestren.

-Las espinacas tienen mucho hierro.

Las espinacas son una de las verduras con más hierro (3mg/100g), pero si de verdad te interesa aumentar tu dosis de hierro, más vale que tomes legumbres como lentejas (6,9 mg/100g) o mejor aún, que pruebes el alga Dulse, con 150 mg de hierro, o Wakame con 40 mg por 100 g. Si no eres vegetariano, un filete de hígado de cerdo te proporciona 20 mg/100 g y una ración de 100 g de berberechos tiene 22 mg de este mineral.

-El colesterol es malo.

El colesterol es una grasa necesaria para la vida, a partir del colesterol se forman los ácidos biliares, las hormonas sexuales, los corticoides, la vitamina D, etc. El 85 % del colesterol se fabrica en el hígado de forma natural. El problema surge cuando aumentan las lipoproteínas de baja densidad o LDL, encargadas de transportar el colesterol desde el hígado a los tejidos, donde se puede acumular en las paredes arteriales, provocando el endurecimiento de los vasos sanguíneos. Esta situación, favorece la aparición de problemas graves. El colesterol realiza una función importante en nuestro cuerpo, no es malo, pero el abuso de grasas saturadas (carnes rojas, huevos y lácteos) es el responsable de la aparición de problemas cardiovasculares.

-Las calorías son calorías, no importa de donde provengan

Comúnmente se cree que lo único a considerar para adelgazar es la cantidad de calorías que se consumen. Las calorías importan, cierto, pero los alimentos de donde provienen son igual de importantes. Los diferentes alimentos pasan a través de distintas vías metabólicas del cuerpo. Por ejemplo, la proteína acelera el metabolismo, y reduce el apetito, a diferencia de las mismas calorías provenientes de grasa o carbohidrato. Además, incrementa la masa muscular, la cual quema calorías constantemente.

-La grasa saturada es insana.

Durante décadas, se ha creído que el consumir grasa saturada incrementa el riesgo de sufrir un paro cardiaco. Sin embargo, investigación reciente prueba que es completamente inofensiva. Un estudio publicado en 2010 analizó la información propuesta por 21 estudios que involucraban a 347 mil 747 partícipes. Encontró que no había asociación alguna entre el consumo de grasa saturada y la probabilidad de sufrir enfermedades del corazón.

Otros estudios apoyan esta conclusión, la mala reputación de la grasa saturada proviene de una teoría sin sustento. En realidad la grasa saturada eleva los niveles de colesterol HDL (el bueno). ¡No hay por qué temerle a la carne, la mantequilla o al aceite de coco!

-Las vitaminas engordan.

Esta idea no sólo es errónea, sino que carece de lógica. Las vitaminas no son nutrientes energéticos como los hidratos de carbono, proteínas o lípidos, por tanto no aportan calorías y no pueden engordar. Son indispensables para la vida porque intervienen en numerosas reacciones enzimáticas y son necesarias para el correcto funcionamiento de todos los sistemas. Comer de todo te garantiza que no te falte ninguna de ellas.

-El trigo integral es bueno para el corazón.

A pesar de ser considerado normalmente un alimento saludable, crece la evidencia que apunta hacia el trigo (incluyendo el integral) como causante de varias enfermedades. El trigo es la fuente más grande de gluten, y nuevos estudios señalan que un porcentaje significante de la población es sensible a él. En las personas sensibles, el gluten provoca dolor, inflamación, inconsistencia en las heces, cansancio y daño intestinal.

En algunas pruebas controladas se asocia el gluten del trigo con varias enfermedades mentales, incluyendo esquizofrenia, autismo y ataxia cerebral. Irónicamente, el trigo integral podría elevar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Si bien es cierto que el trigo integral es menos dañino que el refinado, los mejor sería seria dejar la harina.

-Todos deberíamos de evitar la sal.

A pesar de los esfuerzos gubernamentales por restringir el consumo de sal en la población, es importante saber que en cantidades moderadas es necesaria para mantener una buena salud. Se recomienda consumir entre 1500 y 2300mg de sodio al día (entre ¾ a 1 cucharada).

Si bien es cierto que reducir el consumo de sal puede disminuir la presión arterial, especialmente para quienes la tienen alta, es importante tener en mente que la presión alta es un factor de riesgo, no una causa de las enfermedades cardiovasculares. Estudios recientes han examinado la relación entre la restricción de sodio y las enfermedades cardiovasculares, no encontraron ninguna.

Otros estudios demuestran que no consumir la suficiente sal puede ser dañino, causando resistencia a la insulina, elevados niveles de colesterol LDL y triglicéridos y un mayor riesgo de muerte en los diabéticos tipo II. Por lo tanto, las personas sanas no deben restringir su consumo de sodio más allá de lo recomendado.

-Dejar de comer adelgaza.

El epitafio de la tumba de una anoréxica empieza con esta frase. Parece exagerado, pero en pequeña escala, hay muchas personas que piensan que si eliminan la cena o el desayuno perderán los kilos acumulados. Nada más lejos de la realidad, para adelgazar hay que hacer cinco comidas ligeras al día. Si eliminas una comida principal, el organismo lo interpreta como una situación de hambre o escasez y se prepara para guardar reservas de grasa en previsión de una época de vacas flacas, haciéndose más económico. Así que el hambre no sólo no adelgaza, puede llegar a engordar.


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