¿La rutina diaria del trabajo, la casa y los niños te tiene agotada ? Esta nota es para ti



La llegada de un nuevo ser a la vida hace que cambie todas las rutinas y roles. Marcela (37 años) está casada hace 8 años con Eduardo (39) y tienen una hija de tres años. La etapa de recién casados coincidió con un tiempo de mucho esfuerzo laboral de parte de ambos, ya que Marcela, kinesióloga, empezó a trabajar en una clínica con turnos muy exigentes y Eduardo, publicista, emprendió junto a unos amigos en una empresa de marketing.

Mientras no tuvieron hijos ambos compartían bastante bien las tareas de la casa y durante el tiempo libre salían con amigos o descansaban en su departamento. Pero al nacer la pequeña Sofía toda esa dinámica cambió y comenzaron las discusiones: Marcela hizo ajustes y concentró su trabajo como kinesióloga en las mañanas. Decidieron seguir sin ayuda doméstica y llevar a Sofía a una sala cuna. Marcela la lleva por las mañanas y la recoge al salir de su trabajo. Por la tarde está con ella y según dice “hace lo que puede en la casa”. Eduardo dice que intenta llegar temprano para estar con su hija, pero mientras más temprano llega, más demandas recibe de parte de Marcela: para que ayude a lavar la loza acumulada, cuelgue ropa mojada o vaya al supermercado. Lo peor, explica él, es la forma en que Marcela pide ayuda: “Estoy agotada, haz algo”. Eduardo siente que ella lo culpa por su cansancio. Otro factor que ha ido deteriorando la relación tiene que ver con el uso del tiempo libre: Marcela ahora que es madre prefiere ir los fines de semana a casa de sus padres, donde sus hermanas y su mamá la ayudan con Sofía.

Eduardo dice que han dejado de ver a los amigos, aunque varios de ellos también tienen hijos. Según explica, para él, el verdadero descanso tiene que ver con la “distracción” y en esto son fundamentales sus amigos. Marcela se siente frustrada porque, a pesar de que siempre se creyeron una pareja moderna, hoy la casa y la crianza recaen mucho más sobre ella. Después de mucho discutir, han decidido pedir ayuda.

UNA REALIDAD COMÚN

¡Cuán cansados y preocupados se encuentran Marcela y Eduardo! Muy comprensible el sentir que la convivencia diaria se dificulta, y que ese gran regalo en sus vidas, la llegada de su primera hija, no solo trae consigo momentos de plenitud, alegría, y realización, sino también los desafía y enfrenta a distanciamientos, faltas de acuerdos, cansancio y por qué no decirlo, mucha confusión.

Parte de estos sentimientos se generan al sentir que son los únicos que están viviendo esto con dificultad, partiendo de la premisa (un tanto errada) de creer que todos los demás matrimonios logran fácilmente adaptarse a su nueva realidad de padres. Caso erróneo; así como no existe el niño que camine antes de sentarse, o que cante antes de aprender a hablar, la vida familiar trae un desarrollo evolutivo, que contempla el ir superando distintas “crisis” de desarrollo, como oportunidades de fortalecimiento y crecimiento que nos prepararán para nuevas crisis que viviremos más adelante.

En el caso de Marcela y Eduardo, ellos ya han superado su primer desafío: “establecerse como pareja” y lo han hecho aportando mucho tiempo y dedicación en ello. ¡Qué importante es que ambos lo reconozcan!, pues han sido capaces de afrontar las altas exigencias en el ámbito laboral y apoyarse mutuamente, han sido perseverantes en la consecución de sus objetivos logrando adaptar horarios, actividades laborales y tiempos de esparcimiento unidos con el noble propósito de ayudarse mutuamente.

LA ADAPTACIÓN

Sin embargo, ha llegado una nueva crisis esperable: la llegada de Sofía, que al nacer e ir creciendo ha desestabilizado su sistema de organización. El primer paso que han dado es tomar decisiones en conjunto, para adaptarse a esta nueva integrante de su familia. Han sido muy hábiles para asegurar que la pequeña esté al cuidado de sus padres, intentando flexibilizar sus horarios y redistribuyendo sus tareas. Este es un muy buen primer paso, ya que la mejor forma de superar una crisis del desarrollo, depende de la capacidad de adaptación a ella, siendo indispensable el no mantener rígidamente ancladas conductas que, por muy buenas que sean, se deben adecuar a la nueva realidad. En este sentido, superar esta crisis, dependerá de la capacidad para ir asumiendo sus nuevos roles de padres, sin por ello, dejar de lado su relación de pareja.

NUEVOS ROLES

La llegada del primer hijo nos desafía no solo como pareja, sino también a cada uno en particular. Marcela y Eduardo, están reconociendo en ellos mismos, nuevas capacidades y habilidades, y también experimentando debilidades e inseguridades en su rol de padres. No es raro que Marcela se sienta exigida a ser igual, o más competente aún, en su rol de mamá, que en su rol de esposa y kinesióloga. Sofía depende de ella, ha crecido con sus cuidados, y ha tomado “enteramente” sus pensamientos y emociones, tornándose en el centro de su pensamiento y actividades diarias. Para Eduardo, la llegada de este nuevo ser, ha despertado en él una inmensa motivación que da sentido a sus logros laborales, pues hay una familia que mantener, cuidar y proteger. Siendo una pareja moderna, ambos han procurado que la responsabilidad sea compartida, e intentan aportar con el mayor ánimo colaborativo a las múltiples tareas domésticas y de crianza que se han ido requiriendo para favorecer el desarrollo sano de Sofía. Junto a eso, la familia extendida también ha adquirido un nuevo ámbito de relaciones; hay abuelos, tíos y primos, que adquieren un nuevo vínculo con su familia nuclear. Todos serán necesarios en el desarrollo de Sofía, y sin duda, es de gran riqueza el acrecentar vínculos nutritivos con cada uno de ellos.

¿QUÉ PASA ENTONCES QUE LAS COSAS NO FLUYEN COMO DEBIERAN?

1. Un tiempo de reflexión conjunta

Entre todo este movimiento antes descrito, a Marcela y Eduardo les puede estar faltando algo que a muchos matrimonios necesitan en su vida cotidiana: un tiempo real de pausa, para conversar y re-proyectar nuevamente su vida en conjunto.

Visualizar este momento como una pausa fundamental es muy importante. Se puede posponer el lavado de platos, el aseo de la casa, o el orden de la ropa…, pero no así un tiempo que asegure que siguen siendo “dos”, el núcleo fundamental de esta familia, y que en la medida, que ambos sean una fuente de cariño, protección y comprensión mutua, la mayor beneficiada será Sofía.

¿Qué debieran asegurar en este tiempo?

Un momento para aprender a hablar y a escucharse mutuamente. Ambas cosas son necesarias, más aún, no pueden ir separadas una de la otra. Hablar de las necesidades e intereses que hay en cada uno (no un pliego de peticiones de lo que debe hacer el otro) ¿Cómo estoy?, ¿qué me preocupa?, ¿qué me alegra recibir de ti?, ¿cómo podría ayudarte a estar mejor? pueden ser preguntas para iniciar el diálogo. Mientras uno habla, el otro escucha atentamente, todo lo que él o ella está diciendo, no sólo lo que dice verbalmente sino también el lenguaje analógico que por lo general, da mayor información aún de lo que se quiere decir. En él se consideran: el tono de voz, la emoción puesta en lo que se dice, los gestos, la mirada, etc. ¿Qué necesitará decirle Marcela a Eduardo respecto a su necesidad de descanso? El que ella tome conciencia de lo que realmente la tiene agobiada, y pueda expresarlo sinceramente a Eduardo, será una gran válvula de escape que disminuya la presión interna que se ha ido acumulando entre ellos.

Si ella ha terminado de comunicar lo que siente o le preocupa, será importante que él, antes de contestar, demuestre que ha escuchado y corrobore si la ha entendido bien. Por ejemplo, pensemos en lo que podría expresar Eduardo después de escuchar a Marcela: “Entiendo que lo que te pasa, es que estás muy cansada, que lo que buscas cuando vamos donde tus papás es que ahí te regalonean. Que ahí no tienes que disponer, ni trabajar y que la Sofi puede jugar bien cuidada, y tú tener un tiempo para estar conmigo… ¿Te entendí bien?…” Probablemente Marcela esté más abierta a escuchar a Eduardo luego de haber experimentado su comprensión y escucha atenta. Entonces será el turno de Eduardo.

Esta simple dinámica de diálogo, que incluso podemos ver como un juego al principio, les ayudará a expresar el interés real que está motivando sus acciones, los ayudará a aclarar y precisar qué de todo es lo que realmente les preocupa o necesitan, cortando el círculo vicioso de la descalificación y la culpa.

2. UN TIEMPO PARA LLEGAR A NUEVOS ACUERDOS COTIDIANOS

Cuando se habla desde posiciones rígidas y demandantes, lo único que puede satisfacer la petición es que el otro realice al pie de la letra lo solicitado. Siendo así, solemos encontrar resistencia de la contraparte, pues ésta se siente exigida y no valorada en todo aquello que ha intentado aportar. Por lo contario, cuando hablamos desde el interés, los objetivos o las necesidades que motivan nuestras posturas, la gama de alternativas que pueden surgir para satisfacer ese interés puede ser tan amplia y creativa como cada uno pueda ser.

De este modo, si Eduardo y Marcela logran expresar lo que realmente les preocupa, o el interés real que tiene cada uno detrás de tal o cual postura, será mucho más fácil ir acordando nuevas tareas u opciones que calmen la inquietud o que satisfagan el interés. Ya no se tratará de que Eduardo haga más cosas en la casa, o que dejen de ir a visitar a los papás de Marcela, o que salgan con sus amigos, porque se darán cuenta que todo puede irse sumando cuando de intereses se habla. Para ejemplificarlo mejor, puede ser que Eduardo plantee que quiere participar más en las actividades directamente con Sofía, no solo con la casa. Quiere disfrutar de su rol de padre, jugando con Sofía al regresar a casa y luego darle la comida, bañarla y acostarla.

Esto, sumado al interés de Marcela de descansar un poco más, puede transformarse en una tarde donde ella podrá disponer de tiempo de descanso, mientras Eduardo disfruta y fortalece su relación con Sofía.

Cada paso será de gran valor, ¡no hay que impacientarse! Las mayores catedrales han sido construidas piedra, tras piedra.

3. SER GENEROSOS EN EL RECONOCIMIENTO MUTUO

Cuando se ha entrado en una dinámica de críticas y faltas de acuerdos, se hace difícil el reconocer el esfuerzo del otro o las cualidades del mismo. En este punto, el llamado a ser muy generosos en verbalizar todo lo bueno que aporta el otro, sin dar nada “por evidente”, pasa a ser una verdadera fuente de nutrición para la pareja. Acostumbrarse a decir lo bueno que descubro en el otro, y a agradecer su mayor esfuerzo, será un piso amoroso de sustento, que contribuirá a buscarse mutuamente y quererse cada día más. Reconocer la abnegación en el cuidado de Sofía, el esfuerzo del trabajo para asegurar una estabilidad económica; la alegría al saludar, el llamado telefónico durante la jornada laboral para saber cómo están; las renuncias hechas por el bien de su hija; la casa acogedora en la que han puesto tanto esfuerzo conjunto, la comida rica, lo “linda que estás”, el abrazo, la ternura, etc.

Si por cada crítica que hacemos al otro, somos capaces de reconocer y decirle diez cualidades que admiramos en él o ella, aseguraremos una dinámica de lenguaje positivo y motivador, que les hará sentirse capaces de sobrellevar cualquier dificultad, estando juntos y contando el uno con el otro.

A modo conclusivo, fortalecer el diálogo al interior de la pareja, junto con una mirada positiva que valore la buena intención y el compromiso de ambos con sus nuevos roles parentales, los fortalecerá para ir creciendo juntos y superar cada nuevo desafío que se presente en su dinámica vida familiar.


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