Mamá sin culpas



Constantemente leo publicaciones y reflexiones sobre la culpa que pueden (podemos) sentir las mujeres cuando nos convertimos en madres, yo la he sentido, sí, la experimenté en diferentes momentos de mi maternidad con mis dos primeros hijos, digamos que, cuando recién me estrené como madre, unos años han pasado y ahora estoy por ser mamá de 4 y felizmente me declaro “libre de culpas”, es decir; me he tomado un tiempo para meditar acerca de las situaciones que me hacían sentir culpable respecto a mi actitud, comportamiento, tiempo, palabras, gustos, compartidos o no con mis hijos y finalmente llegué a la conclusión de que cada vez que experimenté la culpa, casi siempre obedeció a algún juicio que alguien hizo sobre mi persona y mis hijos, pero, honestamente, ¿cuántas de esas personas podían conocer orgánicamente y estar genuinamente interesadas en las decisiones que tuve que tomar respecto a mi maternidad?

La publicidad, muchas personas que nos rodean, los estándares e historias que nos contamos nosotras mismas en nuestro rol de mamás, nos hacen sentir y experimentar la culpa, y la verdad es que, muchas veces no tiene fundamente, otras tantas no nos sirve para nada. No es lo mismo sentir culpa, que equivocarnos y aprender de nuestros errores.

Difícilmente un padre o una madre toman decisiones con la intención de dañar a los hijos, cierto es que la mayoría lo hace pensando o creyendo que habrá un buen resultado que favorezca de alguna manera a la familia o a los hijos, y así, a diario, tomamos decisiones respecto a nuestro trabajo y la carga de responsabilidades, a la división de nuestro tiempo, a la lista de nuestras prioridades materiales y emocionales (aunque las segundas no estoy tan segura), a la manera de alimentar, educar, criar y acompañar a nuestros hijos en su desarrollo, decisiones que tienen que ver con nuestra economía, con nuestra salud, con nuestra comodidad, con nuestro estilo de vida y encima de ello, siguiendo a cada decisión existe un juicio, que nos llegue o no, muchas veces hacemos nuestro y ello nos produce culpa.

Yo me di a la tarea de revisar cuáles han sido mis culpas, cuáles han sido los momentos y las acciones que generaron culpa en mi estrictamente como mamá, en retrospectiva, muchos de ellos no eran realmente importantes, o bien, en su momento no tenía opciones entre las cuales elegir para actuar distinto, pensando así, luego traté de revisar si a mi sentimiento de culpa correspondía algún sentimiento de rencor o de tristeza en mis hijos y ¿qué creen?, con sorpresa y harto agradecimiento descubrí que mis hijos (bastante pequeños por cierto), no recuerdan muchos de esos momentos y si lo hacen, no tienen una mala experiencia o referencia del mismo. Entonces, ¿será que es una necesidad para nuestro ego sentir la culpa?, ¿es a través de la culpa que puedo mejorar mi ser materno?, ¿es la culpa un ingrediente necesario en la maternidad?…, yo creo que no, ahora creo que es una conducta aprendida culturalmente a través de los años, una conducta que fomenta la sumisión, el arrepentimiento, la tibies y que con lleva muchas veces al abandono, a la frustración, al temor… por hacer o dejar de hacer o sentir, o decir, o anhelar ciertas cosas y eventos… No quiero ir muy profundo en el tema, entiendo que cada mujer tenemos una historia personal que nos ha esculpido en las personas que somos hoy día y lo celebro, el mensaje que intento pasar es que deberíamos maternar mas en libertad, mas en confianza, mas en poder, mas en amor y menos en culpa.

Me parece indispensable tener el valor de decirnos a nosotras mismas y creerlo: “No me siento culpable por trabajar o por no hacerlo”, “No me siento culpable por pasar tanto tiempo o tan poco tiempo con mis hijos”, “No me siento culpable por no dedicarme a ellos en cuerpo y alma y tener intereses propios”, “No me siento culpable por tener un solo hijo, o dos, o cuatro o seis…”, “No me siento culpable por retrasar mi maternidad o por ser madre cualquiera que sea mi circunstancia”, es decir; dejemos de dar explicaciones, dejemos de pedirnos explicaciones y tratemos de reconocer todos los buenos esfuerzos que hacemos día a día para desempeñarnos como mamás, ninguna somos mejor que otra, en este barco vamos literalmente juntas y sería muy lindo saber que de manera efectiva contamos unas con otras: mujeres con mujeres, sin culpas y sin juicios.

Me encantaría que las mujeres dejen de sentir culpa por casi todo, porque sí, por casi nada, sentir esa culpa que las frena, que les pesa, que las detiene para florecer y crecer y hacerse fuertes, en el camino de la maternidad (y de la paternidad claro), tomaremos muchas decisiones, atinadas o no, tratemos de hacerlo en consciencia y dejemos de lado la culpa que nada suma, vamos confiando mas en lo que queremos, en lo que hacemos, en lo que queremos lograr, la culpa no es necesaria, estorba, opaca, hace ruido, nos distrae. Vamos enfocando la atención en lo importante, seamos la mejor versión de nosotras, con todos nuestros errores, pero sin temor, sin miedo, mamás sin culpas, libres y empoderadas unas con otras, unas para otras, unas frente a otras y todas en una…

“Soy la que soy, no me siento culpable, soy la que elijo, no me siento culpable, soy la que siento, no me siento culpable, soy la que soy”.

Fuente: www.mamanatural.com.mx


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