¿Comparas las aptitudes de tu hijo?

Las expectativas de los padres con sus hijos, de los profesores con los alumnos y los mandos con sus subordinados ¿tienden a cumplirse?



Las expectativas de los padres con sus hijos, de los profesores con los alumnos y los mandos con sus subordinados ¿tienden a cumplirse?

Alguna vez has escuchado hablar del efecto Pigmalión, el nombre de este principio tiene su origen en la leyenda de Pigmalión, apasionado escultor que vivió en la isla de Creta. Pigmalión modeló una estatua de marfil inspirándose en la bella Galatea. La belleza de esta obra era tal que el propio autor se enamoró perdidamente de ella y rogó a los dioses para que la escultura cobrase vida y, de esta manera, amarla como a una mujer real. Venus decidió complacerle y dio vida a la estatua, que se convirtió en la deseada amante y compañera de Pigmalión.

Las expectativas de Pigmalión se cumplieron al igual que las expectativas de un grupo de profesores con los que los doctores en Psicología Rosenthal y Jacobson hicieron un experimento en el año 1968. El estudio consistió en informar a un grupo de profesores de primaria de que a sus alumnos se les había administrado un test que evaluaba sus capacidades intelectuales. Los investigadores les indicaron cuáles eran los niños que mejores resultados habían obtenido en el test y que, por tanto, su evolución en el curso sería mejor que la del resto de sus compañeros. Ocho meses después se confirmó que el rendimiento de estos chicos fue superior al del resto. Lo más sorprendente de la investigación fue que, en realidad, jamás se realizó tal test al inicio de curso y los supuestos alumnos brillantes fueron un 20% de niños elegidos al azar. ¿Qué había pasado entonces? Sucedió que los profesores habían actuado como si esos niños tuviesen capacidades superiores y en realidad fuesen a obtener mejores resultados. De manera inconsciente, habían actuado a favor del cumplimiento de la expectativa que los investigadores les habían transmitido.

Muchas otras investigaciones posteriores confirman el impacto que lo que esperamos de los demás tiene en sus resultados por lo que este aspecto cobra una enorme importancia a la hora de educar a nuestros hijos. Muchas veces les propongo a mis clientes las siguientes cuestiones: ¿Recuerdas a alguna persona que marcase una diferencia en tu desarrollo personal o en tu evolución profesional? ¿Quién o quienes fueron esas personas? ¿Qué crees que hicieron para tener esa influencia sobre ti? La mayoría de las veces la respuesta a estas cuestiones es: “confiaron en mí”. Cuando confiamos en las posibilidades de alguien de manera inconsciente actuamos para que esas expectativas que tenemos sobre los otros se cumplan, tal y como demuestra el estudio de Rosenthal y Jacobson. Cuando confiamos en nuestros hijos y en su enorme potencial incrementamos la probabilidad de que lleguen más lejos en sus propósitos. Cada persona es única y cuenta con un potencial y talentos propios. Aprender a descubrir los puntos fuertes de nuestros hijos y en qué medida pueden desarrollarlos, nos pueden conducir a apoyarles para que saquen lo mejor de sí y sean personas más plenas y felices.

Muchas veces nos metemos en la dinámica de comparar qué nivel tienen nuestros hijos respecto a otros niños en determinadas áreas: idiomas, matemáticas, deportes, música… Podemos llegar a poner nuestra atención en aquellos aspectos en los que no tienen un rendimiento óptimo pero, ¿ponemos la misma atención en descubrir sus talentos? ¿En qué áreas destacan nuestros hijos? ¿Cuáles son esas aptitudes innatas que podemos ayudar a potenciar? ¿Estamos teniendo en cuenta sus propios intereses y potencial o estamos intentando cubrir nuestros propios deseos personales? Además de nuestra propia observación, nos podemos apoyar en nuestros hijos para descubrir estas áreas, hablemos con ellos para que nos cuenten sus intereses, aquello que les apasiona y con lo que más disfrutan. Podemos también consultar a otros familiares e incluso a los profesores del niño para enriquecer nuestra propia perspectiva sobre sus puntos fuertes.

Con la reflexión anterior no pretendo decir que nos tengamos que centrar únicamente en aquellas áreas que a nuestros hijos les gustan y para las que tienen un talento especial, pero sí considero que prestar una atención adecuada a las mismas, nos puede dirigir a sacar brillo a sus talentos naturales sin descuidar las áreas que sean necesarias para su desarrollo personal y su futuro profesional.

Fuente:www.charadas.com


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