El lado oscuro y doloroso de la maternidad



¿Cómo poder describir a las mujeres que han deseado desde la infancia el ser madres; a las que toman la decisión de no tener hijos y focalizar su energía en su porvenir profesional o emocional; a las que han provocado a la suerte para ser madres a través de la adopción, el vientre subrogado o tratamientos in vitro; a las que pasaron por una serie de decisiones sopesando tanto el bienestar de ella como del feto, eligiendo lo que consideran mejor como pasar por un aborto?

La maternidad, en términos teóricos, es la experiencia en la que una mujer toma la decisión de reproducir un ser similar de sí misma a través de los cuidados, guías y expresiones de amor hacia un hijo, un trabajo, una profesión, una escuela, etcétera. Sin embargo, en nuestra sociedad judeocristiana la mujer sólo puede expresar su maternidad a través de los hijos, aún si no se trata de un deseo nato de ella…

Entrar al a maternidad es una transición en la que muchas mujeres resienten una soledad abrumadora. Por lo que, de acuerdo con numerosos estudios, estas nuevas madres que reciben numerosos tipos de apoyo social tienen una menor probabilidad de sufrir de estas emociones negativas.

En palabras de Ann Dunnewold, psicóloga clínica, el convertirse en madre es una transición muy fuerte, ya que, de cierto modo, sacrifican su autonomía, sueño y relaciones para satisfacer cada necesidad de un recién nacido. A lo largo de este periodo es esperado que ellas estén en un perfecto estado, manteniendo un constante estado de felicidad y sentido de plenitud con su nuevo papel en la sociedad. Se trata de un periodo donde ser la madre perfecta genera altos niveles de presión, provocando miedo, angustia y frustración cuando las mujeres sienten que no logran esa perfección.

Como una manera de contraer esta sensación de vacío y fracaso, Leahy-Warrens, las madres requieren de un fuerte apoyo social a lo largo de la crianza. De hecho, el 75 por ciento de las voluntarias de su estudio redujeron los síntomas de depresión cuando recibieron apoyo físico, emocional, informativo y aprobatorio (acerca de cómo la madre está haciendo un buen trabajo).
Las madres necesitan una tribu, un grupo de personas que se brinden estas necesidades básicas del auto-cuidado. Si bien generalmente se apoya en la pareja, la madre y hermanas, la realidad es que el apoyo de amigos, profesionales de la salud y familiares extensos pueden hacer la diferencia positiva en el bienestar físico y emocional tanto de la madre como del nuevo hijo.

Fuente: www.mamanatural.com.mx


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