¡Siempre corrijo lo mismo y nada!



Para poder corregir el comportamiento de mi hijo, es necesario aplicar sanciones, estas pueden ser de dos tipos las negativas que es una consecuencia de la acción y las positivas que lleven a la acción. La pregunta es ¿cuál es la sanción más eficaz?

Veamos la diferencia entre cada una, sus ventajas y desventajas al momento de aplicarse, para poder decidir adecuadamente sobre su uso.

Las sanciones negativas

Son las que aplicamos como consecuencia de una conducta, pueden ser castigos, correcciones o reprimendas. Para que su aplicación sea apropiada es necesario tomar en cuenta unos puntos que evitarán dañar al hijo y cumplir con su objetivo. Las sanciones negativas deben de:

    Ser oportunas: aplicarlas en el lugar y tiempo adecuado, para que el hijo comprenda que es la consecuencia de ese acto.
    Ser justas: que tenga relación con lo hecho, imponer la sanción merecida
    Ser prudentes: no ser producto de la ira o mal humor.
    Ser cariñosas: aplicarlas con amor, siempre comprendiéndolo.
    Corregir intentando alcanzar el comportamiento correcto.
    Luchar contra el error no contra él que lo comete.
    Establecer con anterioridad las consecuencias de no cumplir y explicar perfectamente lo que queremos.
    Fijar los límites claros y concretos.
    Tener relación con la falta y que busque corregir lo mal hecho.
    Ser de breve duración.

Pongamos unos ejemplos de algunas faltas con su correspondiente sanción, para clarificar más este tema:

    • Si no mantiene ordenado el cuarto el primer día de vacaciones lo ordenará.
    • Si no cumple con su horario de estudio en la semana, el fin de semana no podrá salir para recuperar el tiempo perdido.
    • Si miente, perderá mi confianza, entonces yo tendré que verificar todo lo que me diga y él deberá volvérsela a ganar.
    • No podrá salir hasta que cumpla con sus encargos.
    • No ver TV y chatear, hasta haber terminado sus obligaciones y sólo el tiempo permitido.
    • Si no mejora las notas en el verano no podrá ir al campamento, porque tendrá que estudiar lo que no hizo durante las clases.
    • Si no sale adecuadamente vestido, no podrá salir.
    • Si llega más tarde de la hora estipulada, la siguiente salida tendrá que llegar antes todo el tiempo que se atraso.
    • Si miente sobre a donde va y con quien va, lo llevaremos y recogeremos nosotros. No podrá ir a casa de ningún amigo antes de la fiesta.
    • Si falta el respeto tendrá que hablar para pedir una disculpa, asumiendo lo mal que actuó.

Cuando actúe mal lo primero será reconocer lo que hizo y pensar ¿cuál debe ser la consecuencia de ese acto?

Sanciones positivas:

Estas sanciones son las que motivan a la acción como los premios, elogios y reconocimientos. Los estímulos siempre son más eficaces que la represión para conseguir cierta respuesta.

Tendremos que tener cuidado de no excedernos en su uso porque pueden perder su eficacia, al hacer que sólo se obre bien por la recompensa que se va a recibir. Es aconsejable utilizar más el reconocimiento y los elogios ya que están encaminados a demostrar nuestra aceptación y satisfacción ante la buena obra realizada; impulsándolo a corregir su conducta, ayudándolo a desarrollar su autoestima y deseo de seguir luchando.

Dar pocos premios materiales para no acostumbrarlos a actuar bien por obtener algo y que aprendan que solamente se debe actuar bien cuando se va a conseguir lo que se desea. Al hijo le satisface más el que estemos orgullosos de él que le compremos o le ofrezcamos algo material.

A continuación enumeraremos algunos ejemplos de sanciones positivas que podemos aplicar:

    • Organizar un día de campo con sus amigos.
    • Elogiar su esfuerzo y lo que hace bien.
    • Decirle lo orgullosos que estamos de él.
    • Animarlo a mejorar las notas y ayudarlo.
    • Invitar a la casa a los amigos a ver la película que quieren.
    • Hacer una cena especial para festejar su logro.
    • Si logra buenas notas podrá ir al campamento que tanto desea en verano.
    • Ir toda la familia junta a su siguiente competencia.
    • Hacerle el platillo que más le gusta.
    • Comentarle a los familiares con orgullo su logro.
    • Valorar su esfuerzo y animarle a seguir adelante.
    • Tener un día especial con mamá o papá.
    • Preguntarle cómo van sus planes e interesarse en su desarrollo.
    • Reconocerle lo bien hecho y el esfuerzo hecho para lograrlo.
    • Abrazarlo y animarlo cuando no salió como él esperaba.
    • Hablar de sus puntos fuertes y sus habilidades.
    • Demostrarle continuamente nuestro cariño, compresión y lo mucho que nos importa.

No olvidemos que de la forma que sancionemos alcanzaremos o no la corrección de esa acción o conducta. Recordemos que para obtener resultados diferentes hasta los ahora alcanzados, es necesario cambiar nuestros métodos de corrección, porque haciendo siempre lo mismo llegaremos siempre al mismo lugar. Seamos muy creativos, pacientes y pensemos antes de aplicar las sanciones cual es la indicada para que podamos ver grandes resultados más adelante.


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Marisol Gómez

hablamosonoscomunicamos@hotmail.com
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Casada desde hace 24 años, madre de dos hijos, creadora del blog: “El arte de vivir en Familia”.

Además de impartir cursos y talleres de comunicación positiva, comunicación familiar y matrimonio en diversas instituciones, es autora del libro “¿Hablamos o nos comunicamos?”.

Marisol Gómez es una profesional del asesoramiento familiar con un amplio sentido ético que apoya a los padres de familia en el desarrollo de su maravillosa tarea.

Es Licenciada en Administración y Finanzas con un Máster en Educación, con especialidad en Asesoramiento Educativo Familiar, por la Universidad Complutense de Madrid.