Consejos para evitar que tus hijos tengan prejuicios machistas



Catherine Nichols hizo una prueba endiablada. Había escrito su segunda novela y no había obtenido los resultados que esperaba. El manuscrito estaba en el correo de decenas de agentes literarios que, como mucho, le habían respondido que no les interesaba. Pasaron varias semanas y entonces, decidió cambiar su estrategia. Creó una cuenta de mail bajo el nombre de George Leyer y mandó la misma novela a otras decenas de agentes literarios. Sucedió lo que esperaba que no sucediera. De 50 mails, 17 contestaron. “Señor Leyer. Encantado. Entusiasmado. Por favor, mándeme el manuscrito”. Cuando firmó con su nombre, el de una mujer, logró dos respuestas de 50 propuestas.

Con cierta indignación, Nichols cuenta además que los mensajes en los que le rechazaban la novela ‘femenina’ le señalaban su “bonita escritura” mientras que a George le hablaban de historia “bien construida” e “inteligente”.
La novelista atribuye lo sucedido a tres factores. Consciente o inconscientemente, los agentes saben que es más fácil vender un libro firmado por un hombre que por una mujer, dice Nichols. La autora también piensa que quizás quienes recibieron su novela esperaban leer algo relacionado con ‘literatura femenina’ y al no ser este su estilo, rechazaron el manuscrito. El último motivo por el que Nichols cree que fue rechazada es el más profundo: los prejuicios que existen en la sociedad. Queramos o no.

De estos prejuicios inconscientes se desprende que haya pocas mujeres en puestos de alto nivel, que la mayoría de mujeres sigan cobrando menos que los hombres y que en determinadas áreas, sobre todo la científica, la mujer siga teniendo un papel poco representativo. Y en este punto, hay muchos estudios que avalan lo argumentado por esta novelista. En lugar de detenernos en los que denuncian algo de lo que mucho se ha escrito, buscaremos un nuevo punto de partida: ¿cómo cambiar esta desviación? Con la educación de nuestros hijos, claro.
Richard Weissbourd, psicólogo de Harvard que lidera el proyecto Making Caring Common, ha realizado un estudio sobre la desviación de género entre adolescentes y sus resultados fueron sorprendentes. Incluso los padres, sin darse cuenta, tienen comportamientos en este sentido. Weissbourd tiene algunas propuestas para evitar conductas que favorezcan los tópicos de género.

Comprueba tus propios prejuicios

Lo mejor para cambiar y mejorar es darse cuenta de los pensamientos estereotipados de uno mismo. Es sencillo: se trata de revisar nuestro lenguaje y nuestra mente. Si pensamos que una chica debe vestir de cierto modo y un chico de otro, si consideramos que hay sentimientos femeninos y masculinos… Recibimos mensajes a diario sobre cómo deben ser las cosas así que todos tenemos prejuicios. Intentar ser conscientes de los nuestros siempre es una ayuda para intentar desprendernos de ellos. No es mala idea preguntar a algún amigo o familiar sobre nosotros mismos: ellos pueden haberse dado cuenta de cuáles son nuestros prejuicios ‘inconscientes’.

Comprométete a que tu casa sea un lugar sin prejuicios

Desde pequeños, los niños son sometidos a toda clase de comportamientos estereotipados, así que nada mejor que empezar desde esa edad para intentar minimizarlos. Las relaciones sólidas, basadas en la confianza y la autoestima, son importantes para evitar los prejuicios. Preguntar a los hijos sus opiniones acerca de las actividades que deben llevar a cabo hombres y mujeres es una manera de saber cómo está la situación en casa. Contar a los hijos momentos en los que uno u otro ha sufrido prejuicios por este motivo también puede ayudar. El juego es otra forma de cambiar los estereotipos, así que es positivo ofrecer a todos, niños y niñas, la posibilidad de jugar con cualquier tipo de juego y juguete. Podemos proponerle a un niño la posibilidad de imaginarse a sí mismo como un bailarín o un coreógrafo y a una niña la idea de ser alcaldesa o directora de una empresa.

Ayuda a tus hijos a romper los estereotipos

Los niños deben aprender de los adultos y nuestra actitud es clave para que ellos sigan un destino u otro. No sirve decirle a un niño que debe compartir las tareas si después, en una reunión familiar, son sólo las mujeres las que recogen la mesa. Es importante preguntar a los hijos lo que piensan de determinadas situaciones, incluso se podría elaborar de manera conjunta una lista de prejuicios. Un ejemplo: comentar cómo en ese anuncio de televisión, las niñas parecen más pendientes de su imagen que de sus estudios. Quizás ellos no se habían dado cuenta. Como tampoco se dan cuenta, a veces, del lenguaje que usan. Así, cuando un niño o niña exprese ideas prejuiciosas, es útil hacérselo notar.

Trata de evitar eso de que “los chicos son chicos”

Hay que evitar la idea de que los chicos deben ser fuertes, que esa actitud más movida y agresiva de un niño es propia por ser precisamente un niño. Es importante permitir que los niños puedan expresar su vulnerabilidad, sus debilidades, sus miedos. Y que reconozcan su empatía, también hacia las chicas. Aunque en casa no haya hijas, los padres deben enseñar a sus hijos a defender a las mujeres, a apoyar sus derechos, a ser responsables socialmente.

Construye liderazgo y autoconfianza para las niñas

Muchas chicas tienen prejuicios sobre su propia capacidad de liderazgo. Para romper los estereotipos podemos mostrar a las niñas ejemplos de mujeres que han liderado en diferentes ámbitos, como a alguna astronauta, por ejemplo, o a las mujeres que gobiernan en diferentes alcaldías y autonomías de España. También es importante ofrecerles herramientas, como alentarlas para que hablen en público, para que sus opiniones (y se tengan en cuenta), y debatir todos sobre cuestiones familiares. Como a los chicos, a las chicas hay que permitirles expresar sus miedos y debilidades, y darles soluciones a sus puntos flacos para que aumente su autoestima y confianza. También es positiva la posibilidad de que las chicas participen en actividades de equipo en las que las chicas puedan demostrar sus capacidades de liderazgo.

Fuente: www.elmundo.es


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