La escuela del amor



¿Sucederá con el amor como con la inteligencia? Es decir, ¿Hay personas con mayor capacidad de amor que otras? ¿Quién nos enseña a amar?

Las respuestas a estas y muchas otras preguntas sobre lo que es el amor y dónde se aprende, resultan mucho más sencillas de lo que creemos.

Las mismas personas que nos enseñaron a caminar, a hablar o a usar los cubiertos y dar las gracias, son las que nos han enseñado a amar.

Si, la familia es la escuela del amor y las mamás sus maestras. A partir de ellas vamos modulando el resto de nuestras relaciones amorosas.

Buena, mala, cálida o fría, las madres tienen la primacía para transmitirles a los hijos lo que significa ser amado porque son ellas las protagonistas de las primeras experiencias de amor de cada uno de los seres humanos que poblamos el planeta.

Hay maestras biológicas y maestras adoptivas en todas sus formas; pero en cualquier versión, el amor materno es imprescindible para sobrevivir en los primeros años de vida.

En este concepto de amor van involucradas, necesariamente, una serie de conductas y formas de demostrarlo, de tal manera que se establecen códigos internos que vamos descubriendo conforme empezamos a amar a alguien más.

Es como si cada mamá dejara un filtro mediante el cual interpretamos la vida y podemos descubrir lo que significa amar. Para unos, amar es darse besos y apapachos, para otros, por el contrario amar es exigir y disciplinar sin “arrumacos”. Hay otros más que entienden amar como recibir regalos o darlos, etc.

Cuando crecemos y formamos nuevas familias, nos descubrimos repitiendo patrones, pidiendo amor de la misma manera y demostrándolo a los hijos o a la pareja como lo hacía nuestra familia de origen.

Esto no significa que las cosas siempre salgan bien, pues hay que tomar en cuenta que nuestra madre también trae consigo su propio “filtro” de amor, bueno o malo, sano o enfermizo, ese filtro heredado tiene mucho que ver con la manera como ella nos enseña el lenguaje de los afectos.

Todos conocemos mamás gritonas y agresivas que parece que van a matar a los hijos de un momento a otro y sin embargo, ellos se sienten amados y por el contrario otras aparentemente dulces y consentidoras en donde se percibe un gran vacío afectivo ¿Porqué?

El amor no esta en las formas sino en los fondos.

Cada mujer que se convierte en madre comienza a desarrollar su proyecto amoroso en función de la madre que tuvo, ya sea para repetir todo aquello que le gustó o para evitar a toda costa hacer lo mismo que le hicieron.

Cada hijo que viene al mundo interpreta las conductas de su madre para encontrar en ellas amor, sin importar si el resto del mundo las comprende.

Miguel y su hermano hablan con nostalgia y cariño de la famosa “chancla voladora” de su mamá. “ja ja ¿Te acuerdas como dolía cuando mamá te atinaba en la cabeza”? Y para alguien extraño que escucha esa conversación le puede parecer monstruoso que una madre usara un zapato como proyectil contra sus propios hijos; sin embargo, el fondo del recuerdo y el efecto que alcanza en Miguel y en su hermano nos habla de un lenguaje de cariño que solo se entendía entre ellos y que seguramente no tenía nada que ver con lo que para otro niño y otra madre significaría esta conducta.

Nosotros, en el consultorio recibimos todo tipo de definiciones e ideas de amor por parte de los niños y estas definiciones tienen que ver con lo que ellos ven y aprenden principalmente de su madre y de las relaciones que ella tiene con los demás y así los niños nos definen:

Un esposo es: “El que puede gritar y mandar” “Es el que tiene que darle dinero a la esposa” ó bien “Es el que cuida y quiere” “Es el que le da besos a su esposa”, es el que “está cansado y por eso grita”

Una mamá es: “La que llora porque sus hijos no la obedecen” “La mejor persona del mundo” ó bien “Es lo mismo que una nana; pero no le pagan”

¿Qué definiciones guardas de tu maestra del amor?

Muchas veces amamos como nos gustaría ser amados, de acuerdo a nuestros propios códigos; pero nos olvidamos de dar amor como el otro lo pueda entender mejor. “”Me mato trabajando del sol a sol por ella” me decía Jaime refiriéndose a Martha, su esposa- pero el filtro por el que ella podía apreciar ese esfuerzo necesitaba una flor o un simple recado debajo de la almohada, justo como vio hacerlo a su padre con su madre.

Por su parte, Martha sentía que Jaime no apreciaba sus detalles románticos y en cambio le pedía que le ayudara con los gastos de la casa. Y es que el filtro de amor que Jaime vio en su madre fue el de una mujer que le dijo a su esposo que lo amaba porque salía a trabajar todos los días junto con él.

La mejor muestra de amor al otro es tener genuino interés en conocer su propio y peculiar filtro de amor y pasar por él las demostraciones de cariño.

Encontraremos que muchas veces ese filtro esta sucio, roto o bien oculto entre mil capas defensivas. Tal vez pensemos que es inadecuado y debería cambiarse.

No, la solución no esta en cambiarle los filtros al otro para que me quiera como quiero ni huir para encontrar un filtro igual al mío. ¡Esa es la gran trampa que nos lleva al desencuentro¡

La clave está en conocer nuestros propio filtro de amor, repararlo y sanarlo si es necesario, para luego darlo a conocer y a la vez poder entender los filtros de los demás.

Fuente: www.juliaborbolla.com


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