Consejos prácticos para no desperdiciar alimentos



Las autoridades europeas no saben cómo poner freno a un dato relevante: cada europeo desperdicia alrededor de 180 kilos de alimentos al año, de los cuales los hogares son responsables del 42% del total del despilfarro: unos 76 kilos por persona al año.

De esta cantidad, más de la mitad es evitable y se debe, sobre todo, a la falta de concienciación, las actitudes culturales de infravaloración de los alimentos, la escasez de conocimiento sobre su uso eficiente y la falta de planificación de las compras.

Cómo evitarlo:

Planificar: Antes de comprar, debe pensarse en los menús previstos para unos días, revisar los ingredientes de los que ya se dispone y escribir una lista para los que se necesitan. Elegir formatos para singles, si es el caso, y no acumular alimentos, aunque estén de oferta, si no se utilizarán. Es recomendable no realizar la compra con hambre porque se tenderá a adquirir más alimentos de los necesarios.

Conservar: Es fundamental mantener los alimentos de acuerdo a las instrucciones que figuran en el envase para conservarlos en óptimas condiciones. Muchos se conservan a temperatura ambiente, pero una vez abiertos, necesitan refrigerarse. Hay que mantener la nevera en óptimas condiciones de uso y revisar de forma periódica su buen funcionamiento.

Rotar: Tras la compra, deben ponerse los productos más antiguos de la despensa y la nevera en la parte delantera, a la vista, y colocar detrás los nuevos. De esta manera, se evitarán sorpresas al descubrir alimentos caducados que habían estado semiocultos y que será necesario desechar.

Revisar: Es recomendable revisar el estado de los alimentos almacenados, sobre todo los que no están a la vista. Se deben planificar los menús, utilizar los productos que caduquen antes y dar prioridad a los alimentos más perecederos.

Aprovechar: Las sobras pueden utilizarse en la comida siguiente, como ingrediente en una nueva preparación o congelarlas para otra ocasión, siempre que se respeten las necesarias condiciones de higiene. Es preferible servir cantidades pequeñas de comida, sobre todo entre los niños, y destacar la posibilidad de repetir, antes que tirar los alimentos ya servidos.

Congelar: Los alimentos que se hayan cocinado y no se consuman pueden congelarse en porciones adecuadas para disponer de ellos más adelante. Este proceso debe programarse y no ser fruto de la improvisación tras días de mantenimiento de las sobras en la nevera. Uno de los alimentos más desechados es el pan duro: conviene adquirir a diario la cantidad necesaria y, si sobra, usarlo en pudines, tostadas, sopas o congelarlo en porciones.

Reciclar: Separar los residuos domésticos según sus características (orgánicos, papel, vidrio) para su posterior tratamiento y reciclaje. Algunos restos de alimentos, como las frutas y verduras ya pasadas o sus peladuras, pueden convertirse en composta y utilizarse como abono para las plantas.

Fuente: www.consumer.es


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