Amo a mi hijo, pero no es el centro de mi universo



Tengo un hijo de dos años. El día que nació fue el día más especial de mi vida y me ha enseñado a amar como jamás pensé que sería capaz. De la noche a la mañana todas mis prioridades cambiaron y las motivaciones en mi vida se volvieron más fuertes.

Pero aunque mi hijo me haya cambiado la vida, no dejo que sea todo en mi vida. Mucha gente puede pensar que es egoísmo, o que soy una madre desnaturalizada por tener otros intereses en mi vida; pero la realidad es que tener una vida separada de mis hijos es lo mejor que puedo hacer por ellos en el largo plazo. No es desamor cuidar de una misma y no es ser mala madre tener otros intereses además de la maternidad; evidentemente mi hijo es muy importante, tal vez lo más importante, pero definitivamente no es lo único importante. Aquí les cuento mis razones:

No quiero que mis hijos me vean como una víctima que sacrificó todo por ellos. En Latinoamérica y particularmente en México se venera mucho a las “madrecitas sufridas”, aquellas que dejan de lado sus necesidades por atender a sus hijos sólo para después echárselos en cara por el resto de la eternidad.

Los tiempos han cambiado. Antes se pensaba que las mujeres sólo teníamos vocación de madres, pero en un camino cuesta arriba hemos demostrado que somos mucho más complejas y somos capaces de tener muchos más intereses. De hecho, las mamás de ahora hacemos muchas cosas antes de tener hijos: viajamos, trabajamos y estudiamos, por lo que es lógico que sigamos con otras cosas después de convertirnos en madres. (ojo, no estoy diciendo que hay que trabajar fuera de casa, digo que sigamos con intereses aparte de los hijos).

Para ser la mejor madre que puedo, debo realizarme como persona también. Soy mamá, pero también soy psicóloga, esposa, hija, hermana, profesora, amiga… en fin. Los otros roles de mi vida también son importantes para que yo sea una mujer centrada y saludable que puede estar en sintonía tanto con las necesidades de mi hijo como con las propias.

Mi relación de pareja también cuenta. Aunque la relación con mi esposo ha cambiado junto con la dinámica de familia al tener un hijo, también creo que es importante seguir invirtiendo tiempo y energía en la relación de pareja. Es muy común encontrar matrimonios que se diluyen cuando los hijos se van de la casa debido a que se centraron en los hijos y dejaron de procurarse mutuamente, acaban siendo extraños ya que dejaron de ser esposos por ser única y exclusivamente “mamá y papá”.

Ayudaré a que sean independientes. Si quiero que mis hijos tengan una vida propia cuando crezcan, lo lógico es que yo también tenga una mientras crecen, no quiero que sientan que dependo de ellos emocionalmente, es una carga que no merecen. Quiero que sean libres de elegir su camino. Si bien amo a mi hijo (y a los que vengan) y lo pongo como prioridad en muchas cosas, paso tiempo con él y siento el peso y honor de la responsabilidad que implica educarlo; también creo que parte de ese proceso es ayudarlo a ser su propia persona.

Pues ahí está, algo que por alguna razón no me había atrevido a contar, se que resonará con muchas e irritará (tal vez incluso enojará y ofenderá) a otras tantas, pero es algo que creo firmemente. Cuidar efectiva y amorosamente a los hijos no está peleado con dejar de ser mi propia persona.

Fuente: www.todobebe.com


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