La terrible relación del colesterol y el estrés

En la actualidad ya existe una gran evidencia científica que muestra cómo el estrés puede afectar la salud de una persona, debido a que deprime el sistema inmunitario, entre otros efectos perjudiciales.



Muchas personas consideran que un colesterol levemente más alto que el normal, se debe a situaciones de estrés y nervios de la vida cotidiana. Lo asocian con las emociones, las angustias, la ansiedad, un duelo, un cambio drástico, las corridas laborales e incluso con la falta de dinero. Esa “mala sangre”, es la justificación que suelen dar aquellos que no pueden tener el colesterol dentro de los valores estipulados.

En varias ocasiones el estrés deja como secuela un colesterol alto. Por ejemplo, un cuadro de fatiga por estrés y sedentarismo pueden aumentar el colesterol. Si se revierte el estrés, habitualmente disminuyen los valores del colesterol malo y no es necesario llegar a utilizar medicación.

Un trabajo agobiante y competitivo, que solo se mida por resultados satisfactorios, traerá aparejado más horas frente a la computadora, menos ejercicio, mayor consumo de comidas rápidas, hábitos nocivos como el fumar, falta de horas de sueño, y tendencia a la obesidad, entre otras complicaciones. Cuando el colesterol es afectado por las emociones, es importante la dedicación que se le da al paciente en la consulta, para comprender el origen del dato numérico. Como así también la visión que el profesional tenga de ese paciente, y la parcialidad o totalidad con la que lo observe.

Un estudio realizado por investigadores del Universuty College London, fueron publicados en la revista Health Psychology.
Los participantes en el estudio fueron 199 personas de ambos sexos de mediana edad. Los investigadores examinaron cómo las reacciones de las personas ante el estrés pueden afectar sus niveles de colesterol en sangre y encontraron que existe una gran variación entre las personas. Algunos de los participantes mostraron un gran aumento de sus niveles de colesterol incluso en un corto periodo de tiempo, mientras que otras personas apenas se vieron afectadas.

Los investigadores examinaron las funciones cardiovasculares, inflamatorias y hemostáticas de los participantes antes y después de que realizaran diversas tares estresantes. Tres años más tarde, volvieron a examinarlos y vieron que las personas que habían mostrado una respuesta más intensa ante el estrés, tenían niveles de colesterol más elevados que aquellos cuyas respuestas ante el estrés fueron más leves (es decir, que se sintieron menos estresados o menos afectados por la situación estresante).

Las personas con las respuestas más intensas ante el estrés tenías tres veces más probabilidades de tener niveles de LDL (“colesterol malo”) por encima del nivel clínico que las personas con menores respuestas ante el estrés.
El cambio de hábitos alimentarios será fundamental para bajar el colesterol de 240 a 200 mg%, dado que la carne roja de vaca y las frituras de todo tipo lo pueden subir.

Aunque, dentro del campo de los factores de riesgo determinados por la personalidad del individuo y modo de vida, existen muchos condicionantes a tener en cuenta, es interesante resaltar unos cuantos de ellos que pueden ser de mayor o menor riesgo.

Mayor riesgo:

    Cambio de vida de un medio rural a uno urbano
    Competitividad laboral o individual
    Problemas económicos
    Separaciones o divorcios
    Muerte de un ser querido
    Personas con pluriempleo
    Jornadas de más de 60 horas semanales
    Ocupar cargos laborales o profesionales de mucha responsabilidad
    Sensaciones de insatisfacción
    Sentirse despreciado por alguien querido
    Mujeres que trabajan fuera y dentro de casa
    Jubilación
    Practicar deportes en demasía y sin medir las posibilidades
    Obsesiones y fobias
    Un deseo excesivo de constante superación

Menor riesgo:

    Ser mujer menor de 45 años
    Matrimonio y estabilidad familiar
    Poca competitividad
    Control de la dieta
    Dormir un promedio de 8 horas diarias
    Vida sana
    Realizar algún deporte en forma controlada
    Satisfacción del trabajo que se realiza
    Deseo de superación pero sin obsesiones ni competitividad
    Saber tener autocontrol de uno mismo
    Tener una vida espiritual plena.

Tu preferencia es nuestra principal motivación, si te gustó esta nota, ayúdanos a compartirla