¡Lo “OBVIO” es causa de tus problemas!



No asumas. ¿Te has puesto a pensar cuántas relaciones han llegado a su fin por culpa de una mala comunicación?

Lo que resulta obvio para ti, no lo es para el otro. Es importante ver que cada persona tiene un punto de vista diferente.

Pensar que va a actuar o pensar como tú puede causar que crees expectativas falsas y, cuando no se cumplen, puedes frustrarte o enojarte. Como consecuencia, irás guardando resentimientos que a la larga afectarán la relación.

¿Cómo puedes solucionar o evitar este problema? Para empezar, es indispensable aclarar el malentendido de inmediato. Sólo así puedes retroalimentar al otro con empatía, compresión y paciencia. Si no lo haces, vas acumulando las emociones negativas, hasta el punto de que –con cualquier cosita- explotas como olla exprés y terminas por agredir al otro o despacharlo de tu vida.

¿Cuántas veces has explotado y reaccionado con enojo, ira o indiferencia al no ser cumplidas tus expectativas?… ¿Le das oportunidad al otro de aclarar antes de reclamarle agresivamente?… ¿Notas que al agredir tú, automáticamente el otro se defiende en lugar de escuchar?…

El otro no tiene por qué saber lo que esperas de él. Lo ideal es que seas exageradamente claro en lo que estás esperando. Para que el otro entienda el mensaje, es importante ponerle especial atención a las palabras, el tono de voz y el contexto de la otra persona: si realmente está poniendo atención total y si la idea no le cuesta algún conflicto o alguna reacción emocional por situaciones de su pasado. Durante todo el proceso, estar abierto al punto de vista de la otra persona es fundamental.

El problema no es responsabilidad de una persona, de hecho se puede dar tanto en ti, como transmisor, como en el receptor. No basta con precisar exactamente lo que estás esperando, es importante asegurarse de que, para el receptor, es clara la idea general. Una forma de asegurarse de que el mensaje sí se entregó de manera eficiente, es pedirle al otro que repita y escriba lo que comprendió, así evitarás malentendidos en el futuro. Y si incluso así esa persona no cumple con tu expectativa, yo te recomendaría que en lugar de enojarte (porque el que se enoja, pierde) te acerques al otro con empatía y le preguntes qué fue lo que ocurrió, así podrás comprender su falla y entender cuál es la razón de todo el problema. Este es el primer paso para empezar a resolver cualquier conflicto.

¿Qué tan frecuente enseñas al encontrar errores en lugar de reprimir o reclamar?…

Al final, todos venimos a aprender y enseñar. Somos alumnos y maestros a la vez, y debemos tener un mayor nivel de compresión, paciencia y conciencia para con nuestros semejantes.

Fuente: Michel Domit Gemayel


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