Patrones del desamor

Desparejarse es correctamente percibido por aquellos que lo experimentan como una etapa caótica y desordenada. Ambas personas enfrentan una pérdida y, en consecuencia, cambian. Y confrontan el mismo dilema en ausencia de la otra persona.



Salirse de una relación amorosa implica una redefinición de uno mismo a varios niveles: como individuo, frente a su pareja, y frente al contexto social en el que dicha relación de pareja venía funcionando. A medida que estos cambios de definiciones se vuelven públicos, primero entre los miembros de la pareja, luego ante familiares y amigos, y finalmente ante conocidos y extraños, la respuesta de los demás confirma la existencia de esos caminos separados que los miembros de esa pareja han comenzado a recorrer.

El “desparejamiento” se habrá consumado cuando las personas se hayan definido a sí mismas y hayan sido definidas por los demás en forma independiente y separada, o sea, cuando la relación de pareja ya no sea la principal fuente de identidad de sus miembros.

La Transicisión

El “desparejamiento” es un proceso basado fundamentalmente en la transición de dos personas: una comienza antes que la otra. En la mayor parte de los casos, una persona desea romper su relación de pareja mientras su compañero desea que esa relación continúe. Y a pesar de que ambos deben pasar por las mismas etapas que conducen a la ruptura, la transición comienza y termina en diferentes momentos para cada uno de los miembros de esa pareja. Muchas veces, para el momento en que la persona que desea continuar su relación amorosa descubre que esta se encuentra atravesando por una grave crisis, su pareja ya se ha alejado, en muchos aspectos. El rechazado se embarca entonces en una transición que la otra persona ya había comenzado hacía tiempo.

Estas dos transiciones que conducen a la ruptura de una relación son, pues las que producen primero la infelicidad o insatisfacción de una de las partes de esa pareja, que de ahora en adelante se llamará el “iniciante”, y la que se genera posteriormente en la otra persona, que llamaremos la “pareja”, cuando el proceso de “desparejamiento” llega a su conclusión.
Que estas transiciones tienen semejanza en millones de casos de rupturas amorosas alrededor del mundo es la tesis principal de un libro que es en la actualidad un best-seller en los EE.UU., cuyo título es, precisamente, “El desparejamiento”: “La sicología es factible -dice su autora, Diane Vaughan- precisamente porque el comportamiento humano está guiado por patrones.

Primeros signos

El “desparejamiento” siempre comienza con un secreto. Una de las dos personas, o sea el “iniciante”, comienza a sentirse incómodo en la relación. El mundo que la pareja ha construido en compañía, como que ya “no casa”. A veces, este sentimiento aparece muy pronto. Antes del matrimonio, el día de la boda, durante la luna de miel…

Pero claro, la insatisfacción puede presentarse también después de muchos años de matrimonio, luego de un tiempo largo de feliz vida en común.

En algún momento, la pareja insatisfecha intenta remediar la situación. Para aligerar su descontento particular, la persona desdichada inicia acciones como la de intentar comunicar a su pareja que algo va mal en la relación. Transmitir este mensaje es importante, ya que las negociaciones para rescatar la relación sólo pueden comenzar cuando ambas partes están de acuerdo con que existe un problema.

Pero muchas veces el “iniciante” no sabe exactamente en qué consiste este problema que lo tiene insatisfecho con su pareja, y por consiguiente, incapaz de articular sus verdaderos sentimientos, pensamientos y estados de ánimo, no confronta directamente a su pareja en la forma en que le permitiría a esta entender la naturaleza del problema. En cambio, el “iniciante” comienza a manifestar su descontento con indirectas y pistas, a través de actos o en palabras. Omite, por ejemplo, el beso de las buenas noches, o suelta frases que relacionan el problema de fondo con los problemas cotidianos que se viven en la relación: “¿Por qué tienes que reírte tan duro?” o “me gustaría que llegaras más temprano a la casa, para comer con los niños”. Esto confunde a la pareja, que responde a estas quejas o actitudes en el mismo nivel en el que han sido planteadas: como pequeños problemas, y no como el grave problema que amenaza profundamente esa relación.

Cambio, cambio

A veces el “iniciante”, en su intento de comunicar su insatisfacción, trata de corregir las fallas cotidianas de su pareja, en la esperanza íntima de que logrará hacerla más atractiva, más interesante, y por consiguiente, mejor como pareja. Y a veces esos cambios se intentan sobre la apariencia del compañero: “¿Por qué no te adelgazas?” o “vístete mejor”. O “cámbiate el peinado”. Pero también pueden sugerirse cambios de comportamiento, de manera de vestir, de corte de pelo. O en hábitos como la bebida, o en los amigos, o en las técnicas sexuales…

Pero estos intentos de cambiar a la pareja, eliminando de ella las cosas que no gustan con la esperanza de mejorar la relación, no funcionan en la mayoría de los casos. El problema real, el de que el “iniciante” no está a gusto con su pareja, permanece oculto bajo el camuflaje de “pequeñas quejas” sobre la existencia cotidiana.

Entonces los “iniciantes” canalizan sus energías hacia una segunda dirección. Incapaces de cambiar a sus parejas, intentan cambiar la relación.

El Alejamiento

Pero nada de esto mejora la relación, pues ninguna de estas alternativas son compartidas con la pareja. A diferencia de una relación saludable, en la que ambas personas diversifican sus actividades pero manteniendo vínculos de interdependencia entre sus diferentes intereses, el “desparejamiento” se caracteriza por la búsqueda de alternativas por conductos que debilitan los vínculos, en lugar de estrecharlos. El “iniciante” comienza a crear un mundo social del que está excluida su pareja.

Tener otras relaciones amorosas por fuera de la principal es una alternativa frecuentemente buscada por las parejas insatisfechas, y en este punto muchos confunden la causa con el efecto. Ese “alguien más” que tiene la pareja, no es la causa de que las cosas comiencen a ir mal en la relación, sino la consecuencia de que las cosas estén yendo mal.

La Confrontación

En esta etapa del “desparejamiento”, el “iniciante” confronta directamente a la pareja, no sólo con sentimientos negativos, sino con el deseo de terminar la relación. Tomados juntos estos dos mensajes, son tan poderosos, que la pareja es forzada por primera vez a alterar el marco de referencia que tenía hasta ese momento de la relación. Pero el “iniciante” sólo confrontará de manera tan directa a la pareja cuando posea certeza absoluta sobre sus sentimientos, lo que no siempre ocurre en esta etapa del proceso.

El “Desparejamiento”

Y finalmente viene la separación. Es la clara seña de que los intentos de la pareja por reconciliarse han fracasado. Puede ocurrir como resultado de un acuerdo entre el “iniciante” y su pareja, pero en la mayor parte de los casos no resultando de la iniciativa del “iniciante”. Para la pareja, la experiencia constituye un período de desorden emocional y social. La reacción emocional puede ir desde la depresión suicida a la euforia, mientras que las dimensiones sicológicas de toda separación -los sentimientos de lástima, furia, rechazo, miedo, culpa, soledad y ambiguedad- son bien conocidas, aunque su familiaridad no disminuye su importancia. Menos comprendidas son las dimensiones sociales que se entrelazan con las sicológicas.


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