Educación temprana… de economía



Estas primeras enseñanzas en la infancia quedan grabadas y luego ayudan a no enfrentarse con ansiedad a las cosas materiales, saber en qué gastar y ser capaz de ahorrar.

Existen dos extremos: los niños de esta edad que jamás han tenido una moneda en sus manos y aquellos que pasaron el verano pidiendo dinero para comprar helados, chicles o chucherías. Y entre ambos, la mayoría de niños y niñas que cuando van al supermercado quieren todo lo que ven. “El dinero está presente a lo largo de toda nuestra vida, pero se da por hecho que aprendemos a relacionarnos con él nosotros solos”, señala Francisca Serrano, autora del libro Hijo rico, hijo pobre, Ed. Espasa 2015. Esta autora insiste en la importancia de la imagen del dinero que trasmiten los padres a sus hijos:

“La experiencia adquirida en la vida es la que nos hace tener un cierto punto de vista sobre las cosas y que consideremos que determinados hechos se producen por acciones concretas que nosotros podemos valorar como positivas o negativas. No podemos olvidar que elegimos creer sobre algo o alguien en base a la influencia que hayamos recibido en nuestro entorno, sea este familiar o escolar”, escribe en su libro.

“Las creencias nos dan mucha fuerza en nuestra forma de actuar. Si alguien está seguro de que es capaz de realizar algo, lo hará, y si por el contrario cree que es imposible alcanzar la meta, no se tomará ninguna molestia para conseguirlo. Las creencias son las que producen los frutos de nuestro esfuerzo y de ellas dependerá la vida que llevemos”, agrega en relación a la capacidad de manejar el dinero y no que éste nos maneje a nosotros.

La buena noticia es que éste es el momento y la edad indicada para abordar el tema de manera positiva y educativa.

Ideas que suman valor

1. No es necesario dar mesada a un hijo tan pequeño para educarlo en el uso del dinero.

2. Mucho más importante es que desde esta temprana edad lo asocien con algo limitado, que no brota a manantiales de los cajeros automáticos y que es una retribución por el trabajo que hacen las personas.

3. Tampoco es prudente transmitirles a los hijos que el dinero es algo “tan pero tan escaso”, que toda la vida gira en torno a obtenerlo. Porque podríamos caer en una deformación del concepto de lo material también por defecto.

4. Otro error frecuente en la educación de los hijos es “pagarles” desde chicos por cualquier servicio que hagan en su casa o en la familia. En este sentido, hay que separar muy bien lo que es un “encargo”, como poner la mesa, porque es una participación natural y fruto de la convivencia entre personas que se quieren. Vale la pena dedicar muchas conversaciones a ahondar en lo importante que son las cosas gratis que hacemos en la vida: jugar con los hermanos, primos y amigos; visitar a los abuelos; cocinar un postre; ayudar a la mamá a bajar las bolsas del supermercado…

Aprender a elegir

5. Cuántas personas adultas vivirían más felices si desde pequeñas hubiesen aprendido a ahorrar antes que a gastar. Muchas de ellas desarrollaron una temprana relación de ansiedad con el dinero y por eso es como si cualquier moneda o billete les quemara las manos y apenas lo tienen, lo gastan.

6. A esta edad es importante transmitir que si se posterga el impulso de gastar, y se logra ahorrar, se puede destinar lo ahorrado a algo más importante.

7. Una buen a idea es hablar de este tema con los niños y en su lenguaje. Decirles, por ejemplo: Ahora que vas a entrar al colegio, hemos pensado que cada semana podemos ahorrar para algo que quieras hacer el fin de semana. ¿Qué te gustaría: ir al cine, comenzar un diario de vida, invitar a un amigo a tomar helados?… ¿Y si ahorramos para eso estos días?

8. La alcancía, ese chanchito de greda amigo, es un gran aliado en esta tarea. Así, los niños saben que en vez de pedir dinero para chicles o que les compres algo en el supermercado, lo mejor es engordar al cochinito para conseguir lo propuesto en la semana.

9. Es importante también que las metas para ahorrar sean semanales y de asuntos módicos. Y no “pasarnos de pillos”, diciéndoles que con su ahorro les vamos a comprar los zapatos o el libro del colegio. Cuando sean más grandes y ya tengan más desarrollado el concepto de dinero y mesada, se puede incentivar al ahorro para que se compren algo que les guste, por ejemplo.

10. Es bueno contarles a los abuelos y tíos sobre lo que están haciendo, para que atornillen en la misma dirección. Nunca falta el tata o tío que se saca del bolsillo el billete y echa por la borda todo el esfuerzo.

11. Cuando se abre el chanchito por primera vez el ideal es que sobren un par de monedas “para la próxima vez”. Y también para conversar sobre la importancia de “compartir” con otros, si podemos. Por ejemplo: ¿Te parece que con estas dos monedas que sobraron ayudes en la colecta de esta semana? ¿O invites un chocolate a tu hermano menor?

12. Tenemos que perseverar en la educación del dinero y del ahorro ¡todo el año! Si lo haces solo el primer mes no resulta y peor aún, maleduca porque creas la necesidad en tu hijo y luego lo dejas solo.

También debemos perseverar en una actitud de “indiferencia” frente al cochinito, para que los niños sientan que es súper natural estar ahorrando, nada extraordinario y menos aún, lo más importante que estamos viviendo.


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