Educar para tolerar la frustración

Las diferentes situaciones, sirven de aprendizaje para la vida, son una especie de entrenamiento, según como hayan sido estás nos pueden preparar para la frustración o hacernos más vulnerables a sus consecuencias negativas.



La frustración es un sentimiento que engloba sensaciones de desilusión, tristeza, decepción, desesperación e incluso enfado y rabia, que aparece ante la imposibilidad de lograr un deseo o necesidad. Es un tipo de respuesta emocional que surge como resultado de un conflicto psicológico fruto de una decepción que no se ha gestionado bien.

La frustración es una respuesta emocional natural, que forma parte de nuestro repertorio habitual pero que si no la gestionamos de manera adecuada, sino aprendemos a tolerar ciertos grados de frustración, puede tener consecuencias negativas. Resulta imprescindible educar para la tolerancia a la frustración.

La frustración aparece ante diversas situaciones, la diferencia para que una situación genere o no frustración no está en la situación, sino en la persona y en cómo interpreta la misma y en cómo se siente con ella. Por ello es fundamental educar a los niños y las niñas para prepararlos para afrontar la frustración, para aprender a tolerarla.

No podemos evitarles las situaciones que generan frustración, las decepciones, el no lograr el éxito en el momento deseado forman parte de la vida. Pero lo que si podemos hacer es prepararles para no dejarse vencer por la frustración, para que sigan intentándolo y aprendan de sus errores, para que, a pesar de las desilusiones sean capaces de levantarse y avanzar. En definitiva podemos, y debemos educarles para tolerar la frustración.

Pautas para educar para tolerar la frustración

No les evites las desilusiones o las decepciones. No se trata tampoco de lo contrario, no debemos tampoco crearles decepciones, sino dejar que si por alguna razón se las encuentran en su camino, aprendan y desarrollen estrategias para tolerar esas emociones, para gestionarlas.

En lugar de evitarles la decepción, apóyales en esos momentos, habla con ellos, deja que expresen sus sensaciones y emociones.

Ayúdales a enfrentarse a las desilusiones, habla con ellos, hazles ver que es algo normal y que pueden avanzar.
No hagas las cosas por ellos, si les evitamos enfrentarse a situaciones no desarrollaran nunca la tolerancia a la frustración.

Cuidado con la sobreprotección, si les sobreprotegemos les hacemos más vulnerables a las frustraciones.

Aprender nuevas reacciones a la frustración. Debemos enseñar a los niños formas positivas de hacer frente a estos sentimientos, para ello, podemos utilizar distintas estrategias:

Enseñar técnicas de relajación. Todos hacemos frente de una forma más positiva si estamos relajados. Debemos enseñar a los pequeños a elevar su tolerancia a la frustración con la relajación del cuerpo.

Enseñar a identificar el sentimiento de frustración cuando aparezca. Por ejemplo, “Juan está rabioso porque no ha hecho bien esta resta. Inténtalo con otra, tómate más tiempo”.

Enseñar al niño cuándo debe pedir ayuda. A algunos niños les cuesta pedir ayuda, mientras que otros la piden constantemente y de inmediato. Debemos enseñar al niño a intentar encontrar la solución primero. Se le dirá: “pruébalo otra vez”. Si el niño no sabe lo que tiene que hacer, y lo intenta, podría ya pedir ayuda. Cuando el niño se siente frustrado en alguna tarea, debemos intentar enseñarle a evitar la frustración: “¿qué podrías hacer en lugar de enfadarte o abandonarlo?”.

Representación de papeles. Se puede jugar con el niño a interpretar una situación frustrante. Por ejemplo, el niño tiene que hacer los deberes, pero quiere irse al parque. Primero el niño interpretará la frustración y luego lo opuesto. Se puede animar al niño para que hable consigo mismo de forma positiva y que busque una manera de resolver el problema.

Reforzar las acciones apropiadas por parte del niño. Es importante elogiarlo cuando retarde su respuesta habitual de ira ante la frustración, y cuando utilice una estrategia apropiada.

Modificar la tarea. Enseñar al niño una forma alternativa de alcanzar el objetivo. Cuando sea posible, se dividirá una tarea en pequeñas partes que puedan llevarse a cabo una a una.


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