¿Gafas o lentes de contacto?

Para quienes necesitan una ‘ayudita’ con la visión y estén indecisos entre invertir en un par de gafas o lentes de contacto la respuesta está, en el ahorro y la practicidad.



En el equilibrio costo-beneficio, la mejor opción son los lentes, aunque las gafas puede durar mucho más tiempo, los beneficios que brindan los lentes de contacto en cuanto estética y libertad mejoran considerablemente la calidad de vida.
Existen dos tipos principales de lentes de contacto: las rígidas permeables al gas (conocidas coloquialmente como “duras”) y las blandas.

Hoy en día está muy extendido el uso de lentes de contacto blandas. Se caracterizan por su elevado contenido en agua y su óptima permeabilidad al oxígeno, resultando casi imperceptibles para el ojo. El resultado: excelente compatibilidad, espontaneidad y comodidad para cualquier ocasión de la mañana a la noche.

Lentes de contacto rígidas permeables al gas, también conocidas como lentes “duras”. Es psicológicamente más complicado adaptarse a ellas, pero también son más resistentes, requieren menos mantenimiento y encarnan la única opción de corrección para determinados defectos de visión. Son las más duraderas gracias a su máxima resistencia a la formación de depósitos y al más elevado nivel de permeabilidad al oxígeno: pueden usarse sin problemas durante años si el grado del defecto visual permanece constante.

En ambos casos se aplican las mismas reglas: individualización adecuada y cuidado meticuloso. Antes de proceder a la compra de unas lentes de contacto, es necesario probarlas durante un periodo de tiempo suficiente y solicitar las correcciones oportunas.

En cuanto a la higiene, las lentes de contacto requieren un poco más de atención por parte del usuario que las lentes integradas en una montura. Al manipular las lentes de contacto es importante lavarse bien las manos, además de limpiar el recipiente y las lentes de acuerdo con las instrucciones del fabricante. También es recomendable acudir a revisiones regulares a su óptico optometrista: una vez al año en el caso de las lentes de contacto rígidas permeables al gas y cada seis meses en el caso de las lentes blandas.

¿Le resulta difícil tomar una decisión? No se preocupe. Lo mejor es comprar un par de gafas como complemento de las lentes de contacto. De esta forma, siempre estará respaldado y podrá decidir el apoyo visual que mejor se adecúe a cada ocasión y necesidad: por ejemplo, gafas para la oficina, lentes de contacto para salir.

A pesar de que parecen ser mayores las ventajas de los lentes de contacto, contra los lentes ordinario o bifocales, si se presentan una serie de riesgos que vale la pena considerarlos.

Entre los más frecuentes se hallan: sequedad en los ojos (sensación de quemazón y de tener algo pegado en él), la inflamación de los párpados (debido a que el ojo aún no se adaptado al nuevo dispositivo), reacción alérgica (enrojecimiento de los ojos), y la hipoxia (poca oxigenación de la córnea).

Además de estos riesgos, los lentes de contacto requieren de algunos cuidados específicos y su empleo debe ser progresivo.
Por lo cual, para tomar una buena decisión, acorde a tus necesidades, debes consultarlo primero con un especialista.


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