El fin de un proyecto de vida: cómo aceptar la falta de hijos



Este año será el último: luego ya quieren ponerle fin. A partir de 2017, Anja y su esposo ya no buscarán activamente tener un hijo. “Este año abriremos todas las puertas. Pero si no funciona, nos despediremos de la idea”, dice Anja, de 44 años. Con “todas las puertas” se refiere incluso a la adopción o cuidado de un niño. La mujer ya se sometió a 11 tratamientos -las llamadas inyecciones intracitoplasmáticas de espermatozoides (ICSI, por sus siglas en inglés)- en tres clínicas distintas.

Todas las parejas que no logran concretar su deseo de tener un hijo llegan en algún momento al punto en el que tienen que repensar su plan de vida. Y según los especialistas, este punto es inevitable cuando se buscó un hijo durante años, y es necesario empezar a amigarse con el nuevo escenario.

Anja y su marido tienen altibajos. En la quinta ICSI, Anja quedó embarazada de mellizos. “Escuchábamos latir sus corazoncitos”, recuerda. Sin embargo, perdió el embarazo en la semana 16, el peor momento de su vida. Hicieron otros intentos, hasta que su cuerpo comenzó a pasarle factura. Decidieron hacer una pausa de un año.

A muchas parejas se les viene el mundo abajo cuando toman conciencia de que su sueño de vida no se realizará, y lo viven como una catástrofe. Y lo peor es que esa catástrofe es revivida una y otra vez a lo largo de la vida debido a distintas situaciones que les recuerdan lo que no tienen, como cuando sus amigos se convierten en abuelos o los hijos del vecino ingresan a la universidad. Nunca es fácil.

Tampoco tiene mucho sentido aconsejarle a la pareja que ponga el acento en otras cosas: un hijo propio es algo irremplazable y no lo compensan ni una mascota ni un gran trabajo.

Por eso, los psicólogos recomiendan aprender a aceptar la situación, por difícil que sea. La aceptación es reconocer que el deseo existe, pero que la vida no les dio el hijo que querían. Para muchas parejas, parece inimaginable llegar a la aceptación. Sin embargo, eventualmente el dolor más agudo pasa y el tiempo, como siempre, sana muchas heridas, por más que ese vacío quede.

Buscar el asesoramiento de un terapeuta puede ser de gran ayuda. Incluso se recomienda la terapia de pareja. Ya la decisión de someterse a un tratamiento de fertilidad es un paso decisivo para cualquier relación, ya que la sexualidad queda sometida a una función. A esto se suma que estas parejas tienen a sentirse aisladas mientras ven como a su alrededor todos tienen hijos, por no mencionar que los tratamientos de fertilidad aún suelen ser en parte un tema tabú.

Para muchas personas, tener hijos tiene que ver con poder transmitirle a otro lo que es importante para él en la vida. Sin embargo, este deseo de trascendencia no tiene por qué condensarse sólo en un hijo: hay otras maneras de sembrar lo que uno considera valioso, a través de ahijados o incluso el trabajo social. Tampoco esto reemplaza a un hijo propio, pero puede unir a la pareja.

Lo más duro es cuando la pareja se rompe. Muchas veces esto se debe a que uno de los dos es considerado “la causa” del problema. Cuando el deseo de tener un hijo es más grande que todo lo demás, el amor empieza a jugar un rol secundario. Por eso, a veces, renunciar a la idea de tener un hijo puede ser también un alivio y permitirle a la pareja volver a conectarse sin tanta carga.

Anja y su marido tomaron la decisión de intentarlo un año más en diciembre. Si no tienen éxito, pondrán punto final al deseo de ser padres. Para ella es un alivio. “Es bueno saber que hay un límite. Si no uno sigue y sigue y no suelta nunca”. Sin embargo, la pareja no quiere reprocharse más adelante no haberlo intentado todo. ¿Tienen miedo? “No, no tenemos miedo, estamos bastante relajados porque sabemos que ya no podemos hacer mucho más”, afirma.

Fuente: www.dpa-news.de


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Redacción