El Victimismo: Deja de Culpar a los Demás.



Las personas, en su diario vivir, deben asumir constantemente una posición ante la vida, entre dos opciones, que dan curso a lo que será su éxito o su fracaso: vivir como responsables o vivir como víctimas, o dicho de otras palabras, culpar a otros de lo que les sucede o asumir que recogemos lo que sembramos. Por razones de biología, los humanos, tenemos recursos que nos permiten relacionarnos con el mundo de manera muy particular. Cuatro de esos recursos cuya forma de utilización afectan nuestra vida en distintas áreas, son: el lenguaje, la interpretación, la memoria y la imaginación.

1.- El lenguaje

Se aprende en sociedad, está limitado por la forma de cultura que aprendemos y nos permite darle nombre a personas, objetos y situaciones. Si no disponemos de un nombre para expresar situaciones o experiencias podemos sentirnos confundidos. También el lenguaje nos permite usar esos nombres asignados para describir lo que experimentamos, aunque las describamos prejuiciado por aprendizajes previos.

2.- La interpretación

La hacemos con pensamientos o verbalizaciones y consiste en darle sentido racional a las cosas, opinar sobre ellas, descifrar lo que significan en nuestro código personal.

3.- La memoria

Facultad superior vinculada al cerebro, nos permite almacenar y recordar experiencias e interpretaciones.

4.- La imaginación

Sirve para pensar en lo que no existe y visualizar cómo será o sucederá.

Estos cuatro recursos los usamos para conformar una opinión compleja acerca de nosotros, que conocemos como la auto-imagen, base, por cierto, de toda nuestra actuación social. Esa auto-imagen surge de acuerdo con la forma como hemos sido tratados, lo que hemos experimentado, como hemos interpretado nuestras experiencias y las consideraciones que hacemos sobre lo que podemos o no, hacer, lograr y disfrutar. Se habla de auto-imagen negativa o positiva, si la manera de percibirnos es favorable o desfavorable, repercutiendo en toda nuestra autoestima.

Esa auto-imagen la fortalecemos y protegemos férrea-mente, la mayoría de las veces sin notarlo, a través de varios mecanismos de defensa entre los cuales mencionaré únicamente el de proyección, concepto utilizado en principio por Sigmund Freud, el cual sugiere que las personas recurren a la estrategia mental de colocar afuera, en el mundo exterior, algo que realmente les pertenece o es creación. Es una operación mental a través de la cual la persona se niega a responsabilizarse por una experiencia o situación causada o vivida por ella, y la coloca como causada por otras personas o cosas. Aquí, se da origen, cuando se hace habitual, a lo que podríamos denominar la Personalidad de Víctima o Victimismo.

El Victimismo, consiste entonces en defenderme de posibles situaciones de malestar, a través del no reconocimiento y proyección externa (hacia otra persona o cosa) de determinada situación. Si una persona llega tarde al trabajo, dirá que la causa es el tránsito automotor, la lluvia, alguna otra persona o cierta eventualidad. No pensará que la tardanza se debe a que no se organiza, a un hábito que no ha notado que tiene, al mal cálculo del tiempo, o a una protesta metafórica que hace contra el jefe, el trabajo o la empresa.

Aunque es una realidad frecuente la existencia de personas que se sienten poderosos y privilegiados y que se aprovechan de su rol o su capacidad para imponer conductas y métodos abusivos en contra de otros menos privilegiados en lo político, económico o social; también lo es que la existencia de quienes se sirven del victimismo para ganar atención o compasión. Estos se muestran débiles y maltratados para encontrar el apoyo de otros y evitar tener que realizar los esfuerzos que su situación de vida, natural o adquirida, les impone.

Una forma rabiosa de victimismo, consiste en molestarse porque otros no son como nosotros o como deseamos que sean. En estos casos la tendencia es a atacarlos, acusarlos, etiquetarlos para dañarlos moral, emocional o físicamente. Esta demostración de intolerancia excluyente, que por inconsciencia e ignorancia espiritual, suele verse amparada por ideologías y credos que ocultan lo que en realidad no es más que simple y llana conducta patológica.

Todos hemos actuado como víctima: niños, jóvenes, adultos y ancianos, hombres y mujeres, negros, indios y blancos, pobres, ricos. No hay excepción a esta regla y la razón es que, salvo algunos privilegiados, las personas no conocen la forma como funciona su mente, como crean una realidad falsa basada en pensamientos irracionales que generan conflictos y sufrimiento. ¿Y cuáles serían las soluciones?

  • Acepta que sueles vivir desde una posición de víctima o victimismo, sin negarlo o evadirlo.
  • Decide vivir desde una nueva posición mental, la responsabilidad de causa, lo cual consiste en aceptar que en alguna medida y a veces totalmente, eres tu responsable de cuanto ocurre y acepta que ocurra en tu vida. Pregúntate: ¿Qué estoy haciendo para que esto me esté sucediendo?
  • Acepta la nueva premisa de que tú no reaccionas ante los eventos, situaciones o personas, sino a tu interpretación u opinión acerca de ellos. No es lo que hacen sin lo que tu consideras que deberían o no deberían hacer, lo que te afecta.
  • Descubre la lista de personas y excusas que tienes para victimizarse.
  • Mantente alerta y relajada, para evitar reaccionar automáticamente.
  • Pide a una persona cerca que te indique si te estás victimizando. Algún amigo cercano o pareja que te muestra cuando te victimizas.

Fuente: www.quierovivirmejor.com


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