Heridas emocionales de la infancia que afectaran tu vida adulta.

Las heridas emocionales que sufrimos en la niñez pueden ser arrastradas a lo largo de la vida, incluso en las etapas de la vida adulta, por ello es tan necesario aprender como desintoxicarnos.



Los hijos no vienen con un manual, es en un “hacer diario” que vamos desarrollando nuestro estilo parental, desarrollando habilidades para superar cada uno de los obstáculos que vamos encontrando en el camino, nunca habrá un padre perfecto pero si serás el mejor padre que puedas ser, poniendo en ejecución tus habilidades de observación, mejoramiento y cambio. Entonces vale aquí recordar cuales son las principales heridas emocionales y traumas, que se pueden ocasionar en la vida emocional de los pequeños de la casa, para usar a modo de prevención, a la hora de actuar.

Al mismo tiempo se incluyen algunos consejos útiles a tomar en cuenta cuando debemos tomar ciertas decisiones.

1. Miedo al abandono.

Esta herida emocional del pasado, tiene su origen cuando la madre, o el cuidador de un niño, no puede, o no quiere, responder como figura protectora frente a los miedos que el pequeño experimenta, son pequeños dejados a cargo de terceros o dejados solos por largos periodos, o simplemente hijos de madres o padres que, por motivos personales, no quieren responder adecuadamente a las exigencias de compañía y atención que los niños requieren. Las personas que han vivido experiencias de abandono en su infancia suelen ser inseguras y desarrollan una dependencia emocional, basada en un profundo miedo a que les vuelvan a abandonar.

2. El miedo al rechazo

El miedo al rechazo es una de las heridas emocionales más profundas, pues implica el rechazo de nuestro interior. Con interior nos referimos a nuestras vivencias, a nuestros pensamientos y a nuestros sentimientos.

En su aparición pueden influir múltiples factores, tales como el rechazo de los progenitores, de la familia o de los iguales. Genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo.

La persona que padece de miedo al rechazo no se siente merecedora de afecto ni de comprensión y se aísla en su vacío interior. Es probable que, si hemos sufrido esto en nuestra infancia, seamos personas huidizas. Por lo que debemos de trabajar nuestros temores, nuestros miedos internos y esas situaciones que nos generan pánico.

Si es tu caso, ocúpate de tu lugar, de arriesgar y de tomar decisiones por ti mismo. Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo personal que se olviden de ti en algún momento.

3. Violencia Intrafamiliar, un caos interior

Culturalmente, se nos ha enseñado que golpear a los niños en una conducta aceptable, sin embargo, existen muchas investigaciones que nos hablan de lo contrario, golpear enseñará a los niños a resolver sus conflictos con violencia, a no manejar adecuadamente sus estallidos de ira, a resolver sus conflictos familiares por la vía de la “Ley del más fuerte”, estas secuelas y heridas emocionales de la infancia, serán llevadas a la edad adulta y afectaran, generando esposas y esposos maltratadores.

4. La humillación

Esta herida se genera cuando en su momento sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican. Podemos generar estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás; esto destruye la autoestima infantil.

Las heridas emocionales de la humillación generan con frecuencia una personalidad dependiente. Además, podemos haber aprendido a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.

Haber sufrido este tipo de experiencias requiere que trabajemos nuestra independencia, nuestra libertad, la comprensión de nuestras necesidades y temores, así como nuestras prioridades.

5. La traición o el miedo a confiar

Surge cuando el niño se ha sentido traicionado por alguno de sus padres principalmente, no cumpliendo sus promesas. Esto genera una desconfianza que se puede transformar en envidia y otros sentimientos negativos, por no sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.

Haber padecido una traición en la infancia construye personas controladoras y que quieren tenerlo todo atado y reatado. Si has padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad de ejercer cierto control sobre los demás, lo que frecuentemente se justifica con un carácter fuerte.

Estas personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar. Sanar las heridas emocionales de la traición requiere trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solo y a delegar responsabilidades.

6. La injusticia

La injusticia como herida emocional se origina en un entorno en el que los cuidadores principales son fríos y autoritarios. En la infancia, una exigencia en demasía y que sobrepase los límites generará sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad adulta.

Las consecuencias directas de la injusticia en la conducta de quien lo padece será la rigidez, pues estas personas intentan ser muy importantes y adquirir un gran poder. Además, es probable se haya creado un fanatismo por el orden y el perfeccionismo, así como la incapacidad para tomar decisiones con seguridad.

Requiere trabajar la desconfianza y la rigidez mental, generando la mayor flexibilidad posible y permitiéndose confiar en los demás.

Ahora que ya conocemos las cinco heridas del alma que pueden afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos comenzar a sanarlas.

7. Temor a lo desconocido.

Muchos padres alentamos a nuestros niños a perder el temor a la oscuridad o a los lugares desconocidos, o subestimamos sus miedos diciendo que no sean cobardes, miedo al agua, etc. Los niños requieren un poco de paciencia, y la inmersión violenta en ambientes desconocidos solo generará individuos inseguros, con temor al cambio, y resistentes a la diferencia.


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