Qué le pasa a nuestro cerebro si dejamos de comer azúcar



Nuestro cerebro es un órgano complejo en el que se desarrolla un caos de emociones, pensamientos y sentimientos. Y, por supuesto, el centro de control de la mayoría de las funciones que necesitamos para vivir.

Su correcto funcionamiento depende de los nutrientes que le aportemos y uno de sus mayores combustibles es la glucosa, principal componente del azúcar.

Muchas personas deciden reducir o eliminar por completo el consumo de azúcar, a pesar de que es casi imposible puesto que está, en mayor o menor medida, en casi todos los alimentos que consumimos. Entonces, ¿cuáles serían las consecuencias de eliminar esta fuente de energía para nuestro cerebro?

Lo que nos pide nuestro cerebro

Para que el cerebro funcione correctamente son necesarios minerales como el fósforo y el zinc -esenciales para la memoria y una mejor conexión sináptica-, el magnesio -para mantener un cerebro activo y sano-, y las vitaminas B6 y B12 -que ayudan a sintetizar adecuadamente la dopamina, la serotonina, la epinefrina, metabolizar proteínas y mejorar el flujo sanguíneo cerebral-. Pero, también son imprescindibles otros nutrientes.

“El cerebro necesita hidratos de carbono para obtener glucosa y estimular la producción de insulina, la cual nos ayuda a producir aminoácidos como el triptófano, esencial para reducir los niveles de estrés”, explica la Dra. Àngels Bayés, directora de la Unidad de Parkinson y Trastornos del movimiento del Centro Médico Teknon – Grupo Quirónsalud.

“El azúcar -añade- es uno de los principales hidratos de carbono, además de alimentos como la avena, los cereales integrales, las legumbres, el trigo, el aceite de oliva o los guisantes”.
Entonces si el azúcar es primordial para muchas de las funciones cerebrales, ¿qué sucede cuando le privamos de él?

Las consecuencias de no tomarlo

En algunos estudios con ratas, en los que se les suministraba una solución azucarada y luego se les retiraba, se observó que al ser privadas de azúcar experimentaban temblores, sacudidas de cabeza o a nivel motor se observó un descenso de movilidad significativo, indica la Dra. Bayés.

Mientras que en los realizados con humanos demuestran que las bajadas de glucosa pueden perjudicar la atención, la memoria y el aprendizaje, y que su administración puede mejorar estos aspectos de la función cognitiva.

El cerebro también consume más glucosa durante las tareas mentales intensas y, por tanto, es importante mantener un nivel óptimo de glucosa en sangre para tener una buena función cognitiva, lo que se consigue comiendo con regularidad.

El azúcar, un placer o una droga adictiva

Muchas veces, cuando estamos deprimidos nuestro cuerpo nos pide algo de azúcar y cuando saboreamos un pequeño bocado de algún manjar dulce, experimentamos una sensación de placer.

“Al poco de consumir azúcar nos produce placer, ya que se comienza a liberar dopamina en grandes dosis y se activan núcleos cerebrales subcorticales”, asegura la neuróloga.

Entre ellos está el núcleo acumbens, que -continúa Bayés- “está localizado en la parte central y junto con el bulbo olfatorio forman parte de los llamados ganglios basales, donde se fabrica la dopamina. Se cree que este núcleo tiene un papel importante en la recompensa, la risa, el placer, la adicción y el miedo”.

Pero, ¿y si se convierte en una adicción? Siempre se habla de los peligros de consumirlo en exceso y que puede llegar a ser igual de adictivo que otras sustancias nocivas.

“Exámenes con neuroimagen cerebral, muestran que los adictos de todo tipo, tienen menos receptores de dopamina en su cerebro, por lo que su transmisión entre neuronas es poco intensa. Los adictos al azúcar tiene una configuración de sus receptores parecida a los adictos al tabaco, al alcohol y/o a la cocaína”, afirma Bayés.

“La dopamina es una sustancia química, un neurotransmisor, que media diversas funciones: motoras, cognitivas y conductuales, así como la sensación de placer que nos da recibir una recompensa”, indica la doctora.

Al poco de consumir azúcar nos produce placer, ya que se comienza a liberar dopamina en grandes dosis y se activan núcleos cerebrales subcorticales”

“Para los adictos a alguna sustancia este pico de dopamina solo llega en la anticipación de la recompensa, en lugar de con la propia recompensa real. Más tarde, una vez que se consigue, los efectos son débiles y cada vez necesitan una dosis mayor”, continúa la experta.

Por ello, si dejamos el azúcar es posible que experimentemos un síndrome de abstinencia. No obstante, concluye la experta, nuestro cuerpo podrá obtener energía de la grasa, impidiendo su acumulación y favoreciendo nuestra salud.

Fuente: www.lavanguardia.com


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