Castigos o consecuencias educativas: ¿qué es lo que funciona?

Los expertos señalan cómo castigar y conseguir resultados efectivos en función de la madurez de los hijos.



El castigo forma parte de la educación desde hace mucho tiempo. En la televisión, por ejemplo, está tan normalizado que es habitual ver a los protagonistas de las series de televisión juveniles quedarse sin poder salir durante semanas por hacer tal o cual acción.

La gran mayoría de los adultos de hoy en día los hemos sufrido, a menudo por cosas que habíamos hecho sin querer, a menudo por cosas que ni siquiera habíamos hecho y a menudo por conductas que sí podrían considerarse inadecuadas.

Las razones de los castigos son tan dispares que muchas veces se viven como injustos y, si nos detenemos un poco a pensar en ello, podemos afirmar que los castigos son poco educativos y que pueden provocar consecuencias negativas.

El castigo se podría definir como aquella acción realizada por una persona que provoca aversión o desagrado en otra y que tiene como finalidad eliminar o corregir una conducta o comportamiento molesto o inadecuado.

Los más frecuentes son:

El tiempo fuera: prohibir al niño permanecer en el lugar o contexto donde ha exhibido una conducta considerada molesta o inapropiada (enviarlo a dormir, a su habitación, a la silla de pensar).

La retirada de reforzadores o estímulos positivos: prohibir cosas que le gustan al niño (ver la TV, ir al parque, salir a jugar con los amigos, etc.)

El castigo físico: que, como ya hemos hablado a menudo, no tiene nada de educativo.

El éxito de la consecuencia educativa

¿En qué se diferencian los castigos de las consecuencias educativas? El castigo educativo tiene que costar un esfuerzo al niño para que le ayude a autocontrolarse y para que la siguiente vez que haga aquello que esta mal, el niño se lo piense dos veces. Ésta es la característica más importante del castigo educativo, que al niño le cueste algo.

Las consecuencias educativas tienen que ser inmediatas, coherentes, aplicables y firmes. Como ejemplos prácticos de consecuencias educativas a conductas inapropiadas de los niños, la psicóloga infantil Mª Luisa Ferrerós propone lo siguiente:

 

  • Si el niño no ha hecho los deberes por la tarde a la hora correspondiente: levantar al niño a las 6 de la mañana para que los haga.
  • Si no ha querido ducharse: a la mañana siguiente no tendrá ropa limpia para ir al colegio.
  • Si no se ha vestido a tiempo para salir al colegio: valora si puedes llevarle en pijama (compra uno que parezca un chandal).
  • Si no viene a cenar después de llamarle muchas veces: se retira la cena y se congela. Se le puede dar un yogur, nada más.

 

La actitud firme de los padres, saber decir que no y estar convencido de que lo que estamos haciendo es por el bien de nuestro hijo es lo más importante para que los niños comprendan que deben modificar su conducta.

A cada edad su castigo

EDAD PREESCOLAR 0-5 años

En esta edad todas las técnicas empleadas han de ser aplicadas de forma inmediata porque si no el niño no entenderá la conexión comportamiento-premio (o castigo).

Premios

Desde que nacen, los bebés saben quién les va a dar algo que quieren y quién no. Saben por el olor y tono de voz a quien pedir.

Para los más pequeños, el tono de voz amable o seria siempre es motivador o castigador.

A los 2 años empiezan a explorar y tocar todo y es la famosa «etapa del NO», por lo que tendrán rabietas que habrá que ignorar. Mucha paciencia…

Los pequeños premios de juguetitos y objetos de colores y ruidos que estimulen los sentidos siempre les gustará, sobre todo si se acompañan de un tono de voz suave y positivo que les refuerce.

Castigo

Son muy sensibles al tono de voz que se dirige hacia ellos, así que es mejor emplear un tono serio y severo cuando hagan algo malo. También se le puede quitar algún juguete, especialmente si es el causante del mal comportamiento. Y siempre es efectivo mandarle a la silla de pensar.

EDAD ESCOLAR 5-12 años

Este es un momento de aprendizaje social. Empiezan a tener amigos y su dominio del lenguaje es mayor. También se les exige más tanto en comportamiento como académicamente. El tema de lo escolar suele ser un motivo de discusión y enfados entre padres e hijos.

Premios

Hacer actividades con los padres, deporte, cine, cocinar, ir a comer fuera de casa…, siempre acompañado del halago y en tono motivador.

Estar con los amigos es fuente de diversión y puede utilizarse como potente premio. Sin olvidarnos de televisión, videojuegos, psp, wii, y demás aparatos electrónicos. Hacer deporte puede ser un potente reforzador para aquellos niños a los que les guste practicarlos.

Es conveniente avisarles de cuando van a recibir el premio, de qué tienen que hacer para conseguirlo, para que tengan sensación de control de lo que hacen y de sí mismos… no todo está en mano de los adultos…
Para disminuir conductas molestas, ignorar siempre es buena fórmula.

Castigo

A estas edades entienden mejor el castigo, así que es bueno que el niño sepa porqué se le ha castigado y cuándo se le castigará en relación a su comportamiento. Así tendrá más control sobre su conducta.

Se le puede castigar sin ir con los amigos, sin ver tv o jugar a videojuegos, sin hacer alguna actividad… A veces con dejarle menos tiempo del habitual sin ver la tv o jugar con amigos ya es un castigo, no hace falta que sea toda la tarde o toda la semana.

ADOLESCENTES 13- en adelante

En esta etapa son mucho más independientes autónomos. Los premios y castigos son efectivos, pero el diálogo y la negociación se hacen mucho más importantes y necesarios. Ya no sirve el castigo o el premio «porque sí», tienen argumentos, discuten, rebaten como auténticos políticos de su propia causa. Así es fundamental la negociación: habrá temas negociables y temas no negociables.

Es importante entender cómo se sienten y los cambios físicos y sociales por los que pasan. Hay que empatizar con ellos y no tener miedo a trasmitirles sus valores acerca de las drogas, la sexualidad…

Lo que funciona mejor como premio o castigo es todo lo que pueda ponerles en contacto con los amigos: móvil, ordenador (redes sociales). Regulen el uso del tiempo que pasan en estas redes y con la electrónica.

Por encima de todo hay de usar el sentido común, pasar tiempo con ellos para conocerles mejor.


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