El estrés en adolescentes, ¿cómo les ayudamos?



La adolescencia es una época de mucha ansiedad y estrés. En este periodo los chicos se enfrentan a toda una revolución de reacciones hormonales que producen cambios tanto físicos como psíquicos, por eso, aunque no lo parezca, los niveles de ansiedad vividos por algunos pueden acabar desbordándolos. Incluso hay trastornos psicológicos, como la esquizofrenia, que tienen su punto de inicio en la adolescencia porque es el momento de la vida en el que la persona empieza a enfrentarse a situaciones verdaderamente preocupantes.

“EL ESTRÉS MANTENIDO EN EL TIEMPO ACABA DESGASTÁNDONOS”

Cuando la persona se enfrenta a una situación que no sabe como solventar de primeras, el hipotálamo segrega una sustancia llamada adrenalina/epinefrina con el fin de preparar al cuerpo y resolver esa situación problemática (aumenta el ritmo respiratorio para captar más oxígeno, el circulatorio para que llegue más sangre a nuestros músculos, etc). A corto plazo esa reacción fisiológica en nuestro cuerpo es muy útil porque nos ayuda a salir airosos del problema. Sin embargo, si esta situación se mantiene con el tiempo nuestro cuerpo puede resentirse, lo estamos forzando y obligando a mantener ese ritmo de trabajo, se acabará “desgastándolo”.

Los adolescentes se enfrentan todos los días a situaciones que desencadenan grandes dosis de estrés:

1. Bullying:No es nada raro sufrir bullying. Es algo que ha existido toda la vida en los institutos solo que ahora parece que la sociedad se ha sensibilizado más con el tema porque se han hecho públicos muchos casos que antes pasaban ocultos. Sin embargo, existen más de los que nos quieren hacer creer. A nuestros oídos llegan solo los más impactantes pero son solo la punta del iceberg, vemos una sola parte de la gran cantidad que existen. Los niños o adolescentes que sufren bullying se caracterizan por: bajar su rendimiento escolar repentinamente, no querer ir a clase, problemas para dormir, inapetencia (o atracones de comida), síntomas depresivos, embotamiento emocional e irritabilidad.

2. Exámenes o poco tiempo libre:El exceso de trabajo es estresante para todo el mundo. Los adolescentes son más sensibles porque aun no están acostumbrados a tanta demanda, es ahora cuando tienen que empezar a organizarse y a estudiar con antelación para los exámenes, sobre todo los estudiantes de bachiller que pronto se enfrentarán a la temida PAU. Los chicos que hayan dejado todo para última hora tendrán que darse un atracón a estudiar, y eso no es un camino de rosas. Por eso muchos estudiantes enferman en época de exámenes, porque la presión y estrés les debilita el sistema inmunitario y es más fácil que contraigan enfermedades.

Hay veces que no son los exámenes en si lo que produce el estrés, si no el poco tiempo libre que tienen. Tener una agenda muy apretada es estresante para cualquiera. Hay chicos que después del instituto tienen actividades extraescolares, academia de idioma, clases particulares… ¡Y encima tienen que sacar tiempo para los estudios! ¡Es mucha presión!.
Las rupturas sentimentales o los problemas de acoso escolar son factores que desencadenan estrés.

3. Pérdida de un familiar o amigo:La muerte de un ser querido afecta a todo el mundo pero para un adolescente puede ser un auténtico trauma. Cuando un niño pierde un ser querido lo pasa mal pero muchos no llegan a comprender del todo la irreversibilidad de la muerte y no les afecta tanto. Un adulto es consciente de todo lo que conlleva la muerte de una persona pero tiene recursos suficientes para superarlo con el tiempo (la mayoría de las veces). En el caso de los adolescentes es diferente, ellos comprenden y entienden, pero muchos no han adquirido las habilidades necesarias para afrontarlo de manera eficaz.

4. Ruptura sentimental:
Todos sabemos lo intenso que puede llegar a ser el amor adolescente. La primera ruptura cuando uno está enamorado siempre se vive con desesperación. Creen que no se volverán a enamorar o que nadie querrá estar nunca con ellos. Los adultos saben que no es cierto y no se lo toman en serio, pero los chicos a esas edades no ven más allá de lo que están sintiendo en esos momentos.

¿CÓMO DETECTAMOS SI NUESTROS HIJOS TIENEN ESTRÉS?

Es fácil, solo tenemos que fijarnos en una serie de señales:

1. Problemas para dormir: el insomnio o el despertarse cada dos por tres en mitad de la noche es indicativo de que hay algo que les está quitando el sueño. A veces también puede pasar que llegan tan cansados a la cama que eso les impide conciliarlo.

2. Cefaleas: ¿tu hijo se queja de que tiene dolor de cabeza? si es continuo podría ser debido al agobio, el esfuerzo por los estudios, a la falta de descanso o que no se está alimentando adecuadamente.

3. Irritabilidad: si el mal humor de tu hijo es constante, te contesta agresivamente sin motivo alguno y se queja de que le estás agobiando ¡bienvenido! es el pan de cada día en el mundo adolescente. Sin embargo, si notas que últimamente su humor está empeorando demasiado es un síntoma de estrés.

4. Se queja de un cansancio continuo: Seguramente como consecuencia de los problemas de sueño. También puede ocurrir que duerme las horas suficientes pero se levanta cansado y sin energía, eso es porque el sueño no cumple unos mínimos de calidad.

¿CÓMO PODEMOS AYUDARLES A LIBERAR ESA PRESIÓN?

Una vez que hemos detectado que tiene estrés lo primero que tenemos que hacer es buscar un momento tranquilo en el que sepamos que nadie nos va a molestar y hablar con él, pregúntale como se encuentra estos días, pero intenta no agobiarle, no queremos que piense que es un interrogatorio porque se cerrarán en banda. No puede notar presión por tu parte.

1. Prepara con él actividades de ocio: Tiene que haber tiempo para todo. No se trata de que salga todos los días pero tienes que dejarle el tiempo suficiente como para que pueda quedar con sus amigos y romper con la rutina. Incluso en periodos de exámenes el chico tiene que aprender a desconectarse de los estudios y otras presiones.

2. Enséñale a ser realista: Si tu hijo es de los que tiene cada día ocupado con mil actividades ayúdale a organizarse. Si aun así no puede con todo hazle entender que tiene que dejar algo, aunque sea durante un tiempo. Hay chicos que no son realistas respecto a los estudios. Por ejemplo, si ha suspendido 6 asignaturas en junio tiene que ser consciente de que es muy difícil aprobarlas todas en septiembre y que estaría menos agobiado si se centra en 3 que si intenta sacar las 6 de golpe, aparte de que es más probable que apruebe tres si se prepara únicamente esas que si intenta prepararlas todas.

3. Técnicas de respiración y relajación: La respiración abdominal es muy útil para controlar la ansiedad y viene bien a todo el mundo. Inscribirse a un par de clases de relajación les puede venir muy bien a ambos, le estarás demostrando que te preocupas y además le estas dando recursos para que él mismo pueda manejar el estrés.

4. Escúchale sin criticar: No juzgues, solo escucha. Cuando tenemos un problema a veces solo queremos que nos escuchen. No des consejos a no ser que te los pida él expresamente. Si dices “te lo dije” lo único que conseguirás es que no te vuelva a confiar nada.

Por último, si ves que tu hijo realmente lo está pasando mal y que ese estado se alarga en el tiempo sopesa la idea de llevarlo a un profesional, un psicólogo puede ayudarle a pasar por el mal trago y enseñarle estrategias eficaces para enfrentarse al estrés.

Fuente: www.bekiapadres.com


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