Síndrome del nido vacío: cuando los hijos se van de casa.

¡Tu pequeñín ha volado del nido familiar! La partida de un hijo puede ir acompañada de un suspiro de alivio, pero tras unos días los padres empiezan a echarle de menos.



La psicóloga Béatrice Cooper-Royer nos ofrece una visión general de este padecimiento, de sus síntomas y de los métodos para superarlo. Porque, después de todo, ¡la partida de un hijo es ley de vida!

Marta, de 23 años, acaba de alquilar un apartamento con su pareja… Mateo, de 17, quiere continuar sus estudios en el extranjero… Al igual que Marta y Mateo, todos los hijos que se van de casa dejan un gran vacío. En lugar de tomarte la noticia como una promesa por fin cumplida, te ocurre todo lo contrario. Sientes un profundo malestar. Podría considerarse un sentimiento tabú, ¡pero es casi inevitable! Compruébalo por ti misma y pregunta a tu entorno. Enseguida te darás cuenta de que no eres la única que se siente así. “Has pasado muchos años de tu vida protegiéndolos, escuchándolos, educándolos, y es normal que te preocupes por ellos. Pero hay que mirar las cosas con perspectiva; no puedes organizar tu vida alrededor de tus hijos”, explica la psicoterapeuta Béatrice Copper-royer. Es inevitable que la partida de un hijo ponga patas arriba tu rutina habitual. Empezando por el silencio extraño que reina en la casa, por una nevera más vacía, por una casa más ordenada… no son más que señales que indican el “síndrome del nido vacío”. A partir de entonces, ¡asimila que no podrás controlar parte de su vida!

El síndrome del “nido vacío” y sus signos

La partida de un hijo puede ir acompañada de un sentimiento de tristeza, casi de melancolía. La mayoría de veces los padres no son conscientes de ello. Nuestro progenitor capta casi toda nuestra atención y energía. Así que no es de extrañar que su ausencia implique una sensación de inutilidad. La teoría de evitar vivir por y para los hijos nos la sabemos todos. Pero a la práctica, la cosa cambia un poco. Toparse con tanto tiempo libre de repente es un momento delicado, y no hay que subestimar las etapas. Quedar con otros padres que estén pasando por la misma situación te ayudará a pasar este mal trago.

La partida de un hijo conlleva inquietudes

Seamos honestos, estás muy preocupada. ¿Cómo se las arreglará solo, sin tu ayuda? “La partida de un hijo siempre genera cierta ansiedad”, relativiza Béatrice Copper-Royer. De repente, no te pierdes ningún telediario, estás pegada al teléfono y conectada día y noche a Internet… O pasas cada dos por tres por su casa, si no se han ido demasiado lejos. Como te resistes a dejarle marchar, caes en la tentación de estrechar esa distancia.

Un consejo: “Debes evitar transmitirle tus angustias”, afirma nuestra experta. Es el momento de darle toda tu confianza porque, además, no tienes otra alternativa. Por otro lado, la autonomía del individuo es el objetivo de toda educación. Si alzan el vuelo es porque están preparados. Y, todavía mejor, significa que has completado tu misión como padre.

La culpabilidad de los hijos

Cuando un hijo decide marcharse del nido familiar, se crea la necesidad de mantener el vínculo maternal. Sin querer, puedes hacerle sentir culpable con frases del tipo: “Me dejas aquí sola”, “No sé qué voy a hacer sin ti”. Es en ese preciso momento cuando, de forma inconsciente, el deseo de mantenerles en casa es más fuerte. A veces, la partida va acompañada de una fase de depresión, de vacío.

Un consejo: “Asume que tus hijos han crecido, que son casi adultos”, recomienda la psicóloga. ¡El periodo de maternidad ha acabado! La relación debe evolucionar y debe basarse en la transmisión de experiencias, en un apoyo incondicional y en un hombro donde llorar. Estas nuevas relaciones siempre aportan felicidad. Dejar de tratarles como niños les permitirá aceptar su responsabilidad, una etapa necesaria para evolucionar.

Las expectativas de los padres

En las familias monoparentales, las madres, y desde luego también los padres, no han tenido más remedio que hacer grandes sacrificios. Y a veces, esta situación genera una gran necesidad de reconocimiento… Estas expectativas por parte de los padres suelen resultar muy incómodas para el niño, ya que llega a creer que se lo debe todo. Es una carga demasiada pesada para él. Cuidado: educar a un hijo esperando recibir lo mismo a cambio siempre es una fuente de problemas.

Un consejo: Lo mejor es anticiparse. Si crías a tus hijos sola, o solo, no te olvides de ti. Tómate tu tiempo para un proyecto personal, una afición, alguna cosa que no incluya a tus hijos. Su partida es inevitable porque es el rumbo de la vida. ¡Debes prepararte para ese momento!

El hijo se va, la pareja se reencuentra

La partida de un hijo vuelve a unir a la pareja, un momento que no siempre es fácil, sobre todo si se ha descuidado a lo largo de la paternidad. Al otorgar un lugar tan importante al hijo, la pareja se difumina y los padres pierden su papel de amantes. El hecho de verse solos puede ayudar a recuperar los lazos que se han olvidado. “La marcha de un hijo puede despertar un vacío sideral y, en algunos casos, incluso provocar separaciones. Es bastante frecuente”, comenta Béatrice Copper-Royer.

Un consejo: La partida de un hijo exige un reajuste. Es el momento de preguntarte en qué punto está la relación con tu pareja. ¿Mantienen la llama del amor? “Es como una nueva página en blanco, y depende de ustedes escribir grandes capítulos”, propone nuestro experto. ¿Qué piensas hacer con todo este tiempo libre… juntos? Pueden planear un viaje, vacaciones… El objetivo consiste en reencontrarse.

El nido vacío y el miedo a envejecer

A veces, la partida de un hijo coincide con la menopausia, o con la jubilación. Dos acontecimientos casi nunca anodinos que pueden solaparse y provocar verdaderos problemas. Es indudable que ambos reflejan un envejecimiento, y eso siempre conlleva ciertos miedos…

Un consejo: En este caso, asimilar los problemas que se avecinan es fundamental. Aceptar que la vida es así es la única solución. Es el momento de cambiar de perspectiva. ¿Qué ventajas tiene su partida? ¿Cómo cuidarte para envejecer bien ahora que puedes permitirte el lujo de pensar solo en ti? Ahora dispones de tiempo para reflexionar la respuesta a estas preguntas.

La partida, ¡también es positiva!

Entre nosotras, reconoce que algunas veces ha sido un poco difícil tenerlos cada día en casa. Cuántas veces les habrás dicho: “¿Te crees que esto es un hotel?”. Entre llenar la nevera y poner lavadoras (casi siempre sin un “gracias”), seguro que habrás pensado: “Por favor, que se vayan de casa de una vez”. La adolescencia no siempre es una época gratificante, ni bonita. Entonces, ¿por qué privarse de soltar un “¡uf!” de alivio cuando por fin se van y no regocijarse en la sensación de haberlo hecho bien? Además, llevar lo mejor posible su ausencia es un regalo formidable para ellos. Convéncete de que nadie abandona a nadie en esta historia. Todo el mundo sigue allí, pero cada uno en su casa. Confiar en ellos y asegurarles de que hacen muy bien independizándose es un mensaje positivo, ¡para todos!

Fuente: www.doctissimo.com


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