¿Jamón o pechuga de pavo?

El jamón y la pechuga de pavo NO son la forma más saludable de obtener proteínas de buena calidad, pero son una opción económica y práctica.



La clave está en conocer qué contienen y en consumirlos con moderación. ¿En qué te fijas cuando te formas a pedirlo? ¿Cómo sabes que te estás llevando la mejor opción? ¿Marca, precio, imagen? Definitivamente no todos son iguales, unos son más altos en sodio, otros en grasa y otros tienen menos proteína.

Según el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente la pechuga de pavo contiene menos calorías en comparación con el jamón de cerdo, además aporta una mayor cantidad de proteínas y menos grasa y colesterol.

El jamón que compramos en el supermercado se elabora con la pata trasera del cerdo, deshuesada y sin cartílagos ni tendones.

Mientras que la pechuga realmente se extrae del pecho del pavo y se prepara con condimentos y especias.

¿Qué contienen?

Este tipo de embutidos son populares porque son fuente de proteínas de buena calidad y por su bajo contenido de grasa (3-5%), sin embargo, también son fuente de sodio, nitritos o nitratos, féculas, soya, entre otros.

Sodio: Suelen contener en promedio 875 mg de sodio por cada 100 gramos, siendo que en México la ingestión diaria recomendada de este mineral para adultos sanos es de 2300 mg al día, y de 1600 mg para los que padecen hipertensión arterial; si a eso le sumamos la sal para la preparación, la proporción puede llegar a ser muy alta.

Nitritos o nitratos: En el proceso de fabricación, en la fase de curado, se adicionan nitritos o nitratos, los cuales contribuyen a dar color, sabor, textura y conservarlos por más tiempo. La mala noticia es que estos aditivos pueden generar compuestos llamados nitrosaminas que se ha visto que pueden aumentar el riesgo de ciertos tipos de cáncer. OJO, el veneno está en la dosis.

Otros: De acuerdo con la calidad del producto, también se le agrega carragenina, fécula y soya, que ayudan a “rellenar” el producto, por lo que necesitarán menos carne (les sale más barato) y, por lo tanto, aportarán menos proteína.

Consejos

Si eres de los que suele incluir jamón o pechuga de pavo en tus compras regulares te sugiero lo siguiente:

Consúmelos sólo una o dos veces por semana.

Ya no añadas más sal al platillo para no elevar el contenido de sodio, puedes sazonar con especias y hierbas para darle sabor.

Complementa el platillo con verduras, cereales integrales y/o leguminosas.


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