¿Qué características debe cumplir una dieta saludable?

Conviene escuchar a nuestro cuerpo, nuestro organismo nos avisa cuando tomamos una dieta desequilibrada.



La dieta elegida debe proveer al organismo todos los nutrientes que necesite para su correcto funcionamiento.
La elección de los alimentos que ingiramos deberá hacerse de manera que aportemos la menor cantidad posible de toxinas. Es decir, conviene elegir los alimentos frescos y naturales, evitando al máximo los productos elaborados industrialmente, los enmohecidos, los refritos y los ahumados. Les recomiendo la vuelta a la cocina, y les animo a que preparen la comida a partir de productos naturales.

Conviene elegir los alimentos de temporada, por ser los más adecuados a las necesidades en cada estación.

Y siempre les recomiendo huir de las dietas extremas, pues en el equilibrio se encuentra la virtud. Tengan especial cuidado tanto con las dietas restrictivas como con los suplementos alimenticios o alimentos enriquecidos.

Y, no basta con la elección de la dieta adecuada. También, hay que prestar atención a la forma de preparar los alimentos. No es lo mismo tomar los alimentos crudos, hervidos, asados o fritos. Esto aparentemente tan evidente, no siempre lo es y no siempre se tiene en cuenta. En general, a este respecto cabe seguir unas reglas básicas:

Los alimentos crudos y fríos se evitarán en las estaciones de otoño e invierno. Y no se abusará de ellos en verano.

Los alimentos fritos deben tomarse con mesura. Evite freír a demasiada temperatura para que no se queme el aceite. La reutilización del aceite debe hacerse previo filtrado. Nunca se reutilizará el aceite si éste se ha oscurecido.

Los alimentos preparados a la brasa y horneados son aconsejables en invierno. Pues, calientan, templan y secan.

Ante un exceso de ingesta de minerales o vitaminas (debido generalmente a la ingesta de suplementos o de alimentos enriquecidos) nuestro cuerpo nos pedirá comer más proteína, grasa, hidratos de carbono y beber más agua.

Mientras que si se excede en proteínas, grasas y azúcar refinado nuestro cuerpo responde con apetencia por la sal y otros minerales como el calcio. Si no se lo aportamos lo extraerá de otro sitio, provocando desmineralización.

Los azúcares refinados requieren de un aporte mayor de grasas y proteínas. Y a la inversa, un exceso de proteína y grasa pide azúcares refinados y agua. Y no solo esto, también nuestro estado anímico y físico como nuestras actividades física y mental nos pueden estar demandando ciertos nutrientes, que se traducen en forma de apetencias. Apetencias que conviene reconocer y satisfacer, siempre prestando atención para que no se convierta en un exceso o adicción.

Además de todo lo dicho, el ambiente que nos circunda durante la comida afecta al proceso de digestión. No olvidemos la relación directa entre el sistema digestivo y nervioso. El ambiente durante la comida ha de ser tranquilo y amable. Hay que evitar la tensión durante la comida. Para evitar que el sistema nervioso simpático bloquee o enlentezca los procesos digestivos.

También, hemos de ser conscientes de que estamos comiendo. Si se come viendo la televisión o leyendo nuestra atención se retira del acto de comer. No somos conscientes de lo que estamos comiendo y de esta manera nuestro sistema nervioso autónomo no tiene el refuerzo de los sentidos, vista y olfato, que activan el funcionamiento del sistema digestivo por la estimulación parasimpática. De esta manera nuestro sistema digestivo está menos preparado para realizar la digestión. Y, por si fuera poco, además, nos perdemos un placer básico de la supervivencia: el placer de comer, que es uno de los placeres instintivos básicos que nos anclan a la vida.

Y por último, el horario. Nuestro organismo prefiere la frecuencia a la cantidad. Es decir, prefiere que la ingesta diaria se reparta en muchas tomas a comer casi toda la ingesta en una o dos comidas principales, dejando largo tiempo de ayuno entre ellas. Y, agradece una rutina horaria, ya que nuestro cuerpo posee un reloj interno que regula todas las funciones vegetativas, para acomodar las funciones vitales tanto a las necesidades como a los aportes.


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