Motivos erróneos para cambiar de empleo



Cuando conseguimos nuestro primer empleo nos sentimos ilusionados porque empezamos una nueva etapa en nuestra vida. A veces llegamos pensando que lo sabemos todo y pronto nos damos cuenta de lo que nos queda por aprender. Salvo escasas excepciones, el reto que tenemos por delante nos motiva. Esto también sucede cuando cambiamos de empleo, siempre y cuando, claro está, no sea porque nos han despedido y hemos tenido que aceptar un trabajo de menor cualificación y responsabilidad que aquel por el que tanto habíamos luchado.

Cansados de nuestro trabajo

Pero cuando sentimos que no estamos aprendiendo nada nuevo, que nuestra carrera no avanza porque no nos ascienden ni nos aumentan el salario, además estamos estresados por sobrecargas de trabajo de rutina o, simplemente, creemos que podemos tomarnos un respiro en nuestro crecimiento profesional porque aparecen nuevos intereses y necesidades vitales, entonces, solemos empezar a pensar en cambiar de empleo.

¿Descontento con tu trabajo? Según una encuesta llevada a cabo por la Universidad de Chicago, aproximadamente el 50% de los estadounidenses se encuentran muy insatisfechos con su empleo. Buscamos, sobre todo, prestigio social y más altas remuneraciones que en el panorama del mercado laboral actual suelen ir de la mano. Así que, si te han ofrecido un salario más alto (en inglés) y una posición con mayor visibilidad: ¡enhorabuena! Al menos, durante un tiempo, te habrás acercado más a la felicidad.

Pensando en cambiar de empleo

Pero si aún no ha llegado el trabajo perfecto y estás comenzando a pensar en cambiar de empleo o llevas muchos fines de semana diciéndote que, a partir del próximo lunes, empieza la cuenta atrás de los días que te restan en la oficina, quizá te convenga reflexionar sobre los motivos más frecuentes para salir corriendo.

Puede que cometas un error de criterio.

Las personas nos movemos por expectativas y es frecuente que si no las vemos cumplidas en tiempo (hace 6 meses que te prometieron un ascenso) y forma (tu ascenso no se ha visto compensado con el incremento salarial acordado) nos sintamos frustrados y empecemos a pensar en cambiar de empresa.

La empresa no cumple lo prometido

Piensa, en primer lugar, si detrás de la vulneración de estos compromisos está la política de empresa o simplemente una persona. Es frecuente que detrás de esta actitud que mina tus ilusiones simplemente se encuentren tu jefe o un director. Si este es el problema, puede llevar poco tiempo resolverlo. Uno de los requisitos más importantes que se les exige tus superiores es que hagan práctica de la cultura de la organización.

Cuando el motivo es el jefe

Las compañías saben que cuatro de cada 10 trabajadores con alto potencial se van por una mala relación con su jefe, según la Universidad Estatal de Florida. Puede que te resulte beneficioso esperar antes de lanzarte a la aventura de nuevos horizontes profesionales en los que tendrás que empezar a ‘vender’ nuevamente tus habilidades.

En segundo lugar, toma conciencia de que tu jefe no es tu amigo, que espera que llegues puntual a pesar del tráfico y que no acepta demoras en las entregas por sobrecarga laboral. Si lo tienes presente todos los días y aún así vuestra relación se está volviendo imposible, ayúdate y planifica una buena conversación con la persona involucrada en tu malestar.

Errores por motivos personales

¿Estás seguro de que no hay causas personales detrás de tu motivación? A veces lo que nos mueve al cambio no son motivos profesionales sino personales. Después del duelo de un divorcio podemos querer cambiar de ambiente y con el nacimiento de un hijo nos podemos sentir tentados a buscar un empleo que nos deje más tiempo libre. En momentos de cambio personal el estrés aumenta y quizá culpemos a las horas de más en la oficina.

En tercer lugar, toma en cuenta que, si bien los intereses y las prioridades en la vida se van modificando, los momentos de cambio personal son temporales y el abandonar la empresa en la que estás construyendo tu carrera profesional es una decisión definitiva. No hagas cambios drásticos y tómate tu tiempo en pensar si las aspiraciones que han aparecido en tu vida personal no son postergables hasta momentos en que hayas alcanzado una estabilidad laboral que te permita, por ejemplo, negociar con la empresa algunas horas de trabajo realizado desde casa. Esto, desde luego, es muy difícil si estamos entrando en una nueva empresa.

Recuerda que toda carrera necesita de una estrategia y tu puesto actual puede ser un escalón importante en el camino.

Fuente: www.carreras.about.com

 


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