¿Qué hacer cuando tu pareja sufre una adicción?

El enterarte de la adicción de tu esposo es una experiencia dolorosa, pero el sanar está al alcance de tus manos.



¿Cuántas promesas han escuchado? Seguramente muchas, como: “¡Esta es la última vez que tomo! ¡Tienen que confiar en mi recuperación!”

¿Cómo lo podemos ayudar? ¿Cuándo va a dejar de tomar? ¿Cuál es nuestro papel ante la adicción? Efectivamente no solo el adicto, toda la familia sufre; la única diferencia entre el alcohólico y el codependiente es que los familiares no usan sustancia, pero la relación familiar gira alrededor de la sustancia. Pareciera que la tranquilidad y felicidad de la familia depende de la recuperación del enfermo.

Comúnmente observamos como la familia actúa en torno a conductas codependientes con tintes de culpa, amenaza, vergüenza, soborno y tristeza: “Si me quisieras no harías esto.” “Si vuelves a tomar te vas de la casa.” “Eres un egoísta.” “¿Cómo le haces esto a tu familia?” “Nos estás haciendo sufrir”.

Efectivamente los familiares sufren y se sienten culpables por no poder hacer que su ser querido deje de tomar o drogarse. La codependencia se refiere a una adicción a un adicto, de la misma forma en la que el adicto pierde el control de su vida por su consumo, el codependiente pierde su vida por el intento de cubrir, controlar y corregir a su familiar.

Establecimiento de límites: La estructura y congruencia dentro de un ámbito familiar genera mayor estabilidad en los miembros. El perder la postura firme con un adicto abre un camino para seguir con manipulaciones y mentiras. Cuando se le dice en un grito de angustia: ¡Esta es la última vez que llegas a esta casa borracho! Realmente debe existir consecuencia para que la persona enferma se dé cuenta que no hay más oportunidades.

No aceptar promesas: “¡Les juro que no vuelve a ocurrir!” “¡Crean en mí por favor!” La naturaleza de la enfermedad no permite al alcohólico cumplirlas aunque en el fondo realmente quiera hacer un cambio. Las promesas significan la manera de posponer el sufrimiento. Las cosas pueden llegar a cambiar, cuando dentro de un programa y clínica de rehabilitación uno entiende que el rendirse no es fracasar.

Soltar el control: Los padres, hermanos, hijos u esposas del adicto se han olvidado por completo de quienes son. Su vida, decisiones, emociones y pensamientos gira entorno a su ser querido envuelto en una adicción.

Entender que el controlar al otro es perderse a uno mismo. No tienes que controlar a otros. No tienes que cuidarlos. No tienes que controlar la vida, ni las situaciones, para que la vida funcione. Aprender a escucharte y confiar en ti mismo es una reparación importante.

Sobreprotección: En momentos cuesta entender la enfermedad de su ser querido. Existe un gran anhelo de rescatarlo, volverlo a rescatar y siempre sobreprotegerlo para evitar que siga sufriendo. “No me encubran o traten de que no sufra las consecuencias de mi adicción. Puede reducir la crisis pero empeorará la enfermedad”.

Congruencia: “No crean todo lo que les digo. Seguido, yo tampoco sé qué es la verdad y menos se decirla”.

Hay que evitar ante todo ser co-partícipes de la enfermedad. Cuando uno llega a sentirse agotado, cuando se haya gestado todo intento por ayudar y evitarle sufrimientos al familiar, nos daremos cuenta que nunca podremos ganar. La recuperación está en el enfermo y es un acto de voluntad y de conciencia de enfermedad querer recuperarse.

Enfrentar la realidad: Es indispensable encontrarse con la realidad que tanto la familia y el adicto viven en torno a la adicción. Ver de qué forma se puede realmente ayudar y dejar de hacerle más daño siendo cómplices de sus promesas falsas, manipulaciones y mentiras.

Fuente: www.actitudfem.com


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