Las señales de las parejas “disparejas”.

El ideal de una relación implica, dos personas que se aman y cuidan el uno del otro.



Esto comprende la posibilidad de definir no solo los términos de la propia relación, sino también de desarrollar, en forma independiente, sus propios proyectos personales y sueños.

Sin embargo, esto no siempre es así. Hay muchos casos en los que uno de los miembros ejerce un control no solo sobre los términos y el tipo de pareja que se establece, sino que también restringe la actividad y la realización de actividades de la otra persona, de manera que la pareja no es “pareja”.

La falta de equidad implica en estos casos un absoluto egoísmo de parte del “dominante” y un juzgamiento negativo de parte del “dominado”.

Cómo reconocerlas

Es normal que, inmersos en una relación y con los sentimientos a flor de piel, no nos demos cuenta de sus aspectos negativos.
Hay señales claras que indican una relación de este tipo, estas son algunas de ellas y te servirán para que puedas tomar las medidas correspondientes.

Una de los miembros de la pareja es el que determina la frecuencia y el tipo de los encuentros, la otra solo debe asentir. No son raros los casos en que las citas son canceladas sin motivo por el “dominante”; en cambio, si la otra persona quiere hacer lo mismo, se generan grandes problemas.

En este tipo de relaciones, la persona que ejerce el dominio parece disfrutar más la compañía de otras personas que la de su pareja. De hecho, esta parece estar al final de sus prioridades y los encuentros se producen cuando no hay otra cosa para hacer.

El que lleva la voz cantante nunca tiene tiempo para encontrarse con su pareja y deja muy en claro que sus prioridades son otras: el trabajo, la familia, los amigos, sus pasatiempos. En estos casos, su pareja debe acomodar sus horarios y estar siempre a la orden.

En estas relaciones, si la persona que está en desventaja quiere expresar su opinión o sus sentimientos, genera en su pareja rechazo y momentos de discusión.

La persona “dominada” está siempre expuesta a los deseos del otro, no hay lugar para que pueda expresar sus preferencias, gustos, intereses e ideas con respecto a la relación u otros temas. Normalmente es dejada de lado en la toma de decisiones.
Lo que esta persona siente no parece importarle al otro y al parecer no tiene importancia.

Suele haber dos etapas en estas relaciones. En la primera, la persona “dominada” busca establecer la forma de funcionamiento, llamando, proponiendo actividades, sugiriendo cosas, pero cosecha el malestar de su pareja. Luego, para evitar problemas, corrige el rumbo y se limita a atender los problemas del “dominante”, quien de esta manera logra acomodar todo de acuerdo a su gusto.

En este tipo de relaciones no hay proyección de futuro juntos. Es más, lo que está por venir es comunicado por el “dominante”, sin dar lugar a discusión o cambios. Esto también pasa con el futuro inmediato: nunca se sabe qué pasará mañana o el fin de semana, porque todo se reduce a “seguir directivas”.

El “dominante” no está presente en los momentos que su pareja necesita apoyo o ayuda, normalmente llega tarde porque estaba con otros asuntos. En realidad es que no le interesa y prioriza otras cosas. Eso sí: cuando él necesita algo, debe prestamente recibir la ayuda necesaria.

Lo del punto anterior también se aplica a los problemas de la propia relación. Es más, para ellos “todo está bien” y no son necesarias las correcciones. Si su pareja hace este tipo de observaciones, simplemente no las tiene en cuenta y cambia de tema, ignorando por completo la situación.

El control ejercido por el dominante puede tomar diferentes formas, ya sea en forma explícita (“yo quiero que esto sea así”) o con medidas más sutiles, haciendo sentir su disconformidad cuando algo no está de acuerdo a sus deseos. El resultado es el mismo: una dirección estricta de la relación, sin posibilidad de cambios de ningún tipo para no tener problemas.

Estas relaciones tienen muchos aspectos negativos para la persona sojuzgada. Normalmente le produce un desgaste emocional muy grande, ya que está siempre pendiente del deseo de su pareja. Además causa un daño a su estima y no son raros los casos de depresión, además de frustración por no poder realizarse como persona.

Analiza fríamente tu relación y si te parece que es de este tipo, puedes hacer una simple prueba: “desaparece” de tu pareja por unas horas o un día y atiende sus mensajes. Estos pueden ser del tipo “¿qué te pasa, necesitas algo?” o decir: “necesité esto y no estabas”.

Toma las medidas correctivas para tu propio bienestar.

Fuente: www.enamorando.me


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