Los viejos hábitos mueren difícilmente…



Por fin lo has conseguido, exitosamente has logrado programarte para convertir en hábito aquello que te propusiste al iniciar el año. Has hecho ejercicio, tienes una alimentación saludable y llevas dos meses sin fumar, pero entonces, algo ocurre. Te encuentras en medio de una charla con tus amigas, estás muy a gusto y antes de que te des cuenta ya estás fumando. Pero qué paso contigo, ¿no te habías deshecho ya de ese hábito?

Un estudio realizado por Ann Graybiel, neurocientífica y profesora en MIT, encontró una de las razones por las que nos cuesta tanto trabajo cambiar de hábitos. Y es que, aunque los viejos hábitos parezcan desterrados, lo cierto es que aún se encuentran almacenados en lo más profundo de nuestro cerebro, y con el impulso necesario, pueden regresar fácilmente.

Los ganglios basales son una región del cerebro que está relacionada principalmente con los movimientos que realizamos de forma rutinaria e inconsciente. El estudio de Graybiel señala además, que esta área también puede estar relacionada al humor, al aprendizaje y la formación de hábitos. La repetición hace que estas acciones queden grabadas de forma inconsciente y se crea un hábito. Y dado que también está vinculado al humor, la repetición de las circunstancias, puede reactivarlo.

Nuestro cerebro almacena nuestros viejos hábitos en caso de que sea necesario retomarlos en algún momento. El problema es que no sabe distinguir los hábitos positivos de los negativos. Vencer los viejos hábitos no es cosa sencilla, pues realmente nunca desaparecen, sólo están adormecidos esperando que den las condiciones para que salgan a la luz. Lo importante es ser consciente de qué aspectos del entorno pueden impulsarnos a retomarlos, para así tener cuidado de no volver a caer en ellos.


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