Si te casaste con la persona equivocada…



Nos casamos con la persona equivocada, porque la correcta nos siente mal – nos sentimos no merecedoras; porque no tenemos la experiencia de relaciones saludables, porque ni siquiera asociamos el ser amadas con sentirnos satisfechas. Algunas de las razones son más sencillas de lo que pareciera, aquí te dejamos algunas para la reflexión.

No nos conocemos a nosotras mismas.

En parte, se debe a que enfrentamos una variedad de problemas cuando tratamos de acercarnos a los demás. Solo para los que no nos conocemos bien parecemos normales.

Tal vez tenemos una tendencia a perder los estribos cuando alguien no está de acuerdo con nosotras o únicamente podemos relajarnos cuando estamos trabajando; quizá la intimidad después del sexo nos resulta difícil o nos quedamos calladas ante una humillación. Nadie es perfecto. El problema es que, antes del matrimonio, rara vez nos adentramos en nuestra complejidad.

No conocemos a la otra persona.

Necesitamos conocer el funcionamiento íntimo de la psique de la persona con la que estamos planeando casarnos. Necesitamos conocer sus actitudes o postura sobre la autoridad, la humillación, la introspección, la intimidad sexual, la proyección, el dinero, los niños, el envejecimiento, la fidelidad y un centenar de cosas más. Este conocimiento no estará disponible a través de una charla estándar.

Visitamos a sus familiares. Miramos sus fotos, conocemos a sus compañeros de la escuela. Todo esto nos ayuda a tener la sensación de que sabemos algo del otro. No es así. El matrimonio acaba por ser una especie de apuesta esperanzada que hacen dos personas que todavía no saben quiénes son ni en quiénes se convertirán.

No estamos acostumbradas a ser felices.

Creemos que buscamos la felicidad en el amor, pero no es tan simple. Lo que a veces parece que realmente buscamos es la familiaridad – que bien puede complicar cualquier plan que podríamos tener para la felicidad.

Recreamos en las relaciones adultas algunos de los sentimientos que conocíamos en la infancia. ¿Cómo percibimos el amor cuando éramos niñas?, por desgracia, las experiencia que vivimos pueden no haber sido sencillas. El amor que conocimos de niñas puede haber desencadenado con otras dinámicas menos agradables como: humillación, control, abandono, falta de expresión; en resumen: sufrimiento.

Practicidad

Valdría la pena considerar algunos aspectos prácticos cuando elegimos un compañero de vida. ¿Qué locuras podrían hacer juntos?, ¿cómo se podría criar a los hijos?, ¿cómo se pueden desarrollar en conjunto?. ¿cómo se puede seguir siendo amigos?

Debemos abandonar la idea romántica de que existe un ser perfecto que puede satisfacer todas nuestras necesidades y cada uno de nuestros anhelos. Vale la pena hacer el esfuerzo del autoconocimiento, para así elegir con consciencia a nuestro compañero de vida.

Fuente: www.supermujer.com.mx

 


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