Los pros y los contras de darse un tiempo en pareja.

Cuando pedimos (o nos piden) un tiempo en la pareja, las alarmas se disparan, dibujando en nuestra mente todo tipo de miedos y conclusiones fatalistas.



Sin embargo, saber si darse un tiempo en la pareja es recomendable o no depende de muchos factores, entre ellos, el grado de confianza con nuestro compañero, la madurez para aceptarlo y permitirlo, o el hecho de tomarlo como un deseo de desconexión para meditar mejor acerca de decisiones importantes.

Muchas veces, para afrontar problemas importantes en una o varias áreas de la vida, las parejas plantean las posibilidad de estar separados por un tiempo como una salida a las dificultades de comunicación, aburrimiento o alejamiento que afectan la relación. También como recurso ante la confusión, incertidumbre y dudas de uno de sus miembros.

Esta es una estrategia exigente para la pareja, que puede ayudar a salvar la relación, incluso a reinventarla, pero también plantea la posibilidad del otro escenario: que uno o ambos miembros de la pareja confirmen su deseo de romper definitivamente y no seguir juntos.

Su eficacia depende de muchos factores, por lo que es preciso analizar cada caso en particular, pues las parejas tienen sus propias dinámicas. Es importante tener en cuenta si es una determinación dada de mutuo acuerdo o si es un miembro de la pareja quien lo pide; si es algo que se ha hablado previamente o aparece de manera sorpresiva. En ambos casos, esta medida suele situar en un lugar de bastante vulnerabilidad a la pareja y genera incertidumbre y zozobra, pues a pesar de los acuerdos previos, no es posible controlarlo todo. Por esto, es una decisión que debe asumirse con seriedad, compromiso y honestidad.

¿Cuándo funciona?

En primer lugar, tenemos que evaluar cómo andamos de confianza y respeto en nuestra pareja. Las razones por las que una persona quiera permitirse un tiempo pueden deberse a múltiples cosas: agobio, falta de espacio, dudas acerca de sus sentimientos y un largo etcétera.

Los motivos pueden ser varios, pero si hay confianza y respeto, tomar un tiempo es una decisión que puede dialogarse como personas adultas, sabiendo que no hay intenciones ocultas en tal cometido, véase tener relaciones sexuales con otros hombres o mujeres, huir para no volver y un mar de dudas que nos invaden cuando llegamos a este punto.

Tomarse un tiempo no es una fórmula infalible, pero puede resultar útil para resolver algunos problemas de la pareja y ser una estrategia intermedia a la decisión de separarse definitivamente. Si es una decisión madura que se asume como una forma proactiva de sortear la crisis a la que se ve abocada la pareja, ese espacio puede dar un respiro y mostrar una perspectiva diferente y más amplia de la situación conflictiva. En este sentido es una pausa conjunta para reflexionar, tomar distancia de los enfrentamientos, poner en claro ideas y sentimientos y analizar con cabeza fría las fallas que se han tenido.

En muchos casos es una alternativa para replantear la relación y la convivencia sobre unas bases diferentes, empezar de nuevo con energías renovadas, valorar cosas del otro, aprender a llevar una vida autónoma pero que aporta a la pareja y, en general, optimizar el vínculo.

Pero igualmente, puede tener un impacto negativo si responde a una excusa para terminar la relación o evitar lo que esta decisión implica. Para muchas personas es difícil, aun queriendo hacerlo, tomar la decisión de dejar a su pareja, ya sea porque se teme a la reacción de la otra persona, a hacerle daño, o porque esta no lo desea, está enamorada o no está preparada para aceptarlo.

También si no se asume con el compromiso que requiere y se pasan por alto las condiciones de funcionamiento pactadas. Una agenda oculta puede generar un daño inmenso. Las reglas deben ser claras para los dos, así como las intenciones de cada uno.

Aspectos para tener en cuenta al tomar una pausa

Lo más importante es identificar cuál es la problemática para evaluar la pertinencia de tomarse un tiempo. Esta puede ir desde descansar de las peleas, vencer la sensación de rutina y monotonía, hasta aclarar dudas acerca de qué se siente o sobre las expectativas con respecto a la pareja, avanzar en procesos personales y, en últimas, evaluar si la relación es más valiosa que las mismas dificultades.

  • No es conveniente que el tiempo sea indefinido.
  • Los periodos muy cortos no permiten avanzar en los aspectos sobre los que se debe trabajar, pero los muy largos llevan a que las parejas se acomoden a esta situación y dilaten innecesariamente la decisión. Seis meses es un buen tiempo.
  • Tener flexibilidad para prolongar el periodo pactado o para disminuirlo.
  • Se recomienda que la pareja no tenga contacto durante este tiempo, solo el necesario en temas como los hijos.
  • Tener relaciones afectivas o sexuales con otras personas, más allá de constituir un acto de infidelidad, no permite ver con claridad lo que se quiere identificar y desvirtúa el objetivo central de una separación temporal.
  • Muchas veces es conveniente que este proceso sea guiado por un terapeuta.

Si deciden seguir juntos…

Existen problemas que un tiempo por sí mismo tal vez no resuelva. Si el tema es solucionar un aspecto puramente individual como tener tiempo para realizar un proyecto particular, madurar o cambiar algunos rasgos de personalidad; o darse tiempo para estar en otra relación, o solucionar diferencias profundas en la pareja, los resultados pueden ser negativos o incluso contraproducentes.

Una vez la pareja decide retomar la relación, es preciso hacer nuevos arreglos, basados en los aprendizajes, las decisiones tomadas y los cambios obtenidos.

No basta con solo extrañar al otro, ni recuperar la emoción de verlo de nuevo o reactivar la sexualidad tras la reconciliación, sobre todo cuando las dificultades están alrededor de la rutina y la monotonía.


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