Viudez en la vejez.

El fallecimiento de la pareja puede ser una experiencia muy dolorosa y difícil de sobrellevar.



En la antigüedad la costumbre establecía que las viudas llevaran una vestimenta especial por medio de la cual se las reconociera. También se esperaba que el hermano de un esposo fallecido se casara con la viuda sin hijos para asegurar la descendencia de su hermano.

Su suerte, en definitiva era bastante penosa, no solo por el estigma social al cual se veían expuestos, sino también por el dolor de la pérdida del ser amado y la soledad que tenían que enfrentar.

A pesar de que el efecto de la viudez es generalizado, debido a que en algún momento un integrante de la pareja morirá y otro quedará solo, esto nos ocurrirá a todos (S. V. Subramanian), y que la pérdida continua siendo una experiencia desgarradora.

Sin embargo, actualmente dicha experiencia no es igual para todos ya que el significado que se le atribuye a la viudez dependerá de distintas condiciones socio-culturales, económicas y personales tales como la edad, el género, la cantidad de años vividos con la pareja, la etapa de la vida en la que se experimenta la viudez, el apoyo que reciba de los hijos y amigos entre otros.

La viudedad en la vejez implica un cambio que requiere realizar un ajuste psicológico para afrontar la soledad. Elaborar el proceso de duelo, adaptarse a los cambios en la vida diaria junto a la pérdida de compañía son las algunas de las características que definen la viudez. Pero, la forma cómo afrontan estos cambios difiere bastante entre los hombres y las mujeres.

Desde la antigüedad el hombre viudo ha sido visto de una manera distinta que la mujer viuda. De hecho este gozaba de ciertos privilegios en comparación con las mujeres como el poder volverse a casar, sin embargo, se ha encontrado que las mujeres han tenido una mejor capacidad de adaptación para afrontar y aceptar el hecho de ser viudas, no solo por el hecho de tener que proveerse de los recursos materiales y económicos para poder continuar con la crianza y educación de los hijos que quedaban a su cargo, sino también por la forma cómo vivencian la pérdida de su compañero o esposo.

Para los hombres la pérdida de la esposa a menudo es apabullante tanto física como psicológicamente. “A menudo las mujeres hablan de sentirse abandonadas o vacías, pero los viudos tienden a experimentar la pérdida como “un desmembramiento, como si hubieran perdido algo que los mantenía organizados y enteros” (Michael Caserta).

De hecho en un estudio realizado por la Universidad de Harvard sobre la pérdida del cónyuge realizada a finales de la década de los años 60, encontró que los viudos experimentan la muerte de su esposa como una tragedia multifacética, una pérdida de protección, apoyo y confort que los deja perdidos.

En otro estudio publicado en el año 2001, los psicólogos de la Universidad de Utrecht, Holanda, confirmaron datos previos que mostraban que los viudos tenían una incidencia más alta de enfermedades mentales y físicas, discapacidades, muerte y suicidio, en comparación con las viudas.

En términos generales, la muerte del cónyuge puede aumentar los riesgos de contraer enfermedades físicas o mentales, principalmente durante los dos años posteriores a la pérdida. Sin embargo, la vivencia del duelo en los hombres es un proceso mucho más complejo de lo que se ha tendido a pensar. “Se pensaba que los hombres se lamentan mucho y se curaban más rápido y que las mujeres se lamentaban crónicamente y durante más tiempo” (George A. Bonanno), pero esto no es del todo cierto.

Sin importar el sexo, en la elaboración del duelo, “se oscila entre emociones positivas y negativas entre olas de tristeza por la pérdida y esperanza por el futuro. Esto puede ser frustrante para los hombres, que a menudo buscan un enfoque de solución rápida” (George A. Bonanno)

Las mujeres tienen mayores facilidades para expresar lo que sienten y para llorar la pérdida, lo que les ayuda a ir elaborando la ausencia de su ser querido de una manera pausada. En cambio los hombres son más reacios a enfrentar directamente sus sentimientos reales de profunda tristeza; lo que los lleva a vivir su proceso de duelo en una profunda soledad; además tienden a resolverlo de una manera instrumental; es decir, haciendo cosas, como el dedicar más tiempo al trabajo.

Por otra parte, el hombre de más de 60 años no posee tantas habilidades para armar un tejido social que lo sostenga en un momento tan difícil como es la viudez. “Le cuesta entablar vínculos que lo ayuden a superar las situaciones adversas de la vida. La mujer, en cambio, establece lazos y relaciones más profundos y se siente más contenida por sus amistades” (Irene Meler).

Las familias pueden hacer poco frente al sentimiento subjetivo de soledad, definida como la ausencia de afecto y compañía de la persona deseada, situación que provoca malestar y angustia que viven las personas viudas, pero deben estar atentas y valorar si el sobreviviente puede sobrellevar la viudez.

Es fundamental evitar el aislamiento en el proceso de duelo ya que se ha referenciado que puede convertirse en un factor de riesgo e incrementar los padecimientos psíquicos y físicos de los mayores e incluso la muerte. Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine, realizado durante 9 años con 518.240 parejas formadas por mayores de 65 años, revela que vivir la pérdida de la pareja aumenta el riesgo de muerte (en el cónyuge sano) de hasta un 21% en los hombres y 17% en las mujeres.

Por otro lado, la pena por la pérdida no es el único componente a tener en cuenta. “La integridad psicológica del anciano sufre un fuerte impacto porque a veces su cónyuge es su única y más estrecha relación social. Su autoimagen puede resentirse y puede ocurrir una ruptura con el pasado, algo que las teorías sociológicas del envejecimiento denominan discontinuidad externa” (Margarita Murgieri).

A la mayoría de las personas les resulta difícil hablar de la muerte ya sea por un trauma o por ser la muerte de un ser querido. En muchas culturas hasta es un tabú hacerlo; pero es muy importante que los familiares y amigos acompañen al sobreviviente y pueden ayudarle. Por ejemplo: Ofreciéndoles orientaciones prácticas sobre cómo reorganizar el hogar y el tiempo sin descuidar su vida; no sobreprotegerlos, no forzarlos a realizar actividades que no quieran aunque tampoco hay que dejarlos mucho tiempo en reposo absoluto y prolongado.

La escucha atenta y comprensiva que recibe por parte de su grupo cercano es lo que le permitirá ir asumiendo la pérdida de su ser querido. Así que es fundamental escucharlo cuando empiece a expresar sus sentimientos, y darle el espacio para que pueda ir enfrentando sus sentimientos de dolor y de tristeza.

Fuente: www.elartedesabervivir.com


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