Cómo identificar a los “infieles seriales”

Las discusiones acerca de qué género tendría que llevarse el título al más infiel, ya son parte del pasado.



Según un estudio elaborado por el Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) en el que han participado 3.406 mujeres, la época en la que se le atribuía a los hombres la mayor cantidad de “pecadillos extracurriculares” ha quedado rezagada en el tiempo.

En el informe presentado por esta institución, el género femenino objetivo manifestó en una proporción de 10 a 1 haber sido infiel en lo que ha transcurrido de sus vidas. Adicionalmente, los resultados del estudio pudieron demostrar que las mujeres tienden a protagonizar cada vez más episodios de infidelidad.

Más allá de una guerra de poderes entre hombres y mujeres, lo cierto es que, como decía el dramaturgo francés Jean-Baptiste Poquelin Moliere “una persona es fácilmente engañada por la persona a la que ama”. Dicho de otra manera, no interesa si es hombre o mujer quien comete el “crimen”, la infidelidad causa estragos emocionales infames y profundos sin distinción de género.

A mayor nivel educativo, mayor susceptibilidad de ser infiel

Según los investigadores del IFOP, las grandes urbes tienen un ambiente mucho más propenso para las infidelidades. Alrededor del 30% de las personas encuestadas en las grandes ciudades, afirman haber sentido la tentación de tener una aventura con una persona aparte de sus parejas. A medida que se encuestan personas en zonas lejanas a las metrópolis, la tendencia a la infidelidad disminuye en un 10% difícil de ignorar.

En esta investigación se tuvieron en cuenta diferentes factores. Uno de los más determinantes a la hora de mostrar resultados marcados fue el nivel de educación. El 40% de quienes han alcanzado niveles universitarios o superiores en su educación aseguraron haber tenido una aventura en algún momento.

Del mismo modo, quienes no accedieron a estudios universitarios, representan un 30% de incidencia en la infidelidad.
Uno de los más impresionantes resultados encontrados por esta investigación, es el factor que establece una delgada línea entre ser infiel y no serlo: el temor. El miedo a ser descubiertos, las consecuencias familiares, sociales y de pareja al caer en evidencia, representan la diferencia entre cometer o no el “pecado”. Pese a la intensidad de las tentaciones, suele entrar en juego algo de sensatez; depende de cada quien sucumbir ante el placer o considerar las consecuencias.

Cómo funciona la infidelidad en la mente

Importantes investigadores de instituciones como Harvard, Northwestern y el mismo IFOP, han descubierto patrones importantes en el comportamiento del infiel serial. Muchos resultados demuestran que un tercio de quienes prueban las mieles de la infidelidad, tienden a repetir la experiencia.

No se sabe a ciencia cierta si existe algún tipo de información genética que pueda heredarse de una generación a otra. Sin embargo, se ha comprobado que el infiel suele olvidar arbitrariamente sus actos de traición. Los científicos han denominado este comportamiento como “amnesia ética”. Dicho mecanismo mental, les permite dejar de perturbarse por haber cometido el acto de la infidelidad y liberarse de las angustias emocionales y mentales.

De esta manera, el infiel serial crea una barrera psicológica protectora que le permite continuar su vida gracias a un doble distanciamiento. Con esto, logran canalizar la gravedad de sus acciones juzgando las de los demás como más graves que las propias.

Por supuesto, la recomendación no es limitarse a socializar exclusivamente con personas lejanas a la ciudad o con aspiraciones profesionales limitadas. No se trata de estigmatizar a unos o promocionar a otros. Lo más sensato sería aprender a detectar aquellas señales en las relaciones afectivas que propician las traiciones amorosas.

Por el nivel de sufrimiento que produce la deslealtad en el amor, es fácil juzgar al infractor como una mala persona. Sin embargo, todos somos tan susceptibles de cometer una infidelidad como de sufrirla. Los seres humanos tenemos una amplia gama de sentimientos, emociones y comportamientos que oscilan constantemente entre la subjetividad del bien y el mal.

Aunque digan que un solo acto equivocado puede tachar toda una vida de acciones correctas, no podemos ignorar nuestra naturaleza humana. Por supuesto, reincidir en la infidelidad, trae consecuencias psicológicas que “anestesian” el cerebro contra las emociones adversas. La mentira, por ejemplo, se halla adherida al diario vivir de las personas en cualquier campo imaginable.

Así, quien engaña y encuentra soluciones en su manera deshonesta de actuar, continuará resolviendo su vida de este modo, pues los resultados son efectivos. Incluso, la experticia en mentir suele evolucionar y encontrar cada vez mayores medios para hacerse más creíble a conveniencia propia. Así, pues, comenzar una relación haciendo hincapié en la importancia de la honestidad y la confianza, desarmará de entrada las intenciones de amar con engaños.

Neil Garrett, un científico que ha dedicado grandes esfuerzos en entender las conductas reincidentes de los infieles, confirma que en sus estudios siempre ha encontrado un patrón de comportamiento similar a los criminales en serie. Un asesino, un ladrón e, incluso, un acosador, tal vez sintieron algún malestar al iniciar su reprochable conducta. Sin embargo, al reincidir con frecuencia, adaptan sus formas hasta deshabilitar la culpabilidad de sus mentes.

El factor tiempo es un enemigo declarado de los infieles seriales

Tal vez hayas escuchado la expresión popular “más rápido cae un mentiroso que un cojo”. Pues bien, si tienes la suficiente paciencia como para dejar que el tiempo actúe, podrás confirmar un engaño del cual sospechas. Según Alejandro Chekri, detective privado de la agencia In_Fidelity, los pequeños detalles se vuelven incontrolables con el tiempo.

«Al principio, todos planean hasta lo más mínimo del engaño, pero a medida que te vas acostumbrando a tener esa relación paralela te vas olvidando de los asuntos diminutos y ahí es donde normalmente caes».

Yolanda Terrón, psicóloga clínica y experta en intervención familiar y sistemas humanos, cree firmemente que buscar un perfil específico es una pérdida de tiempo. El secreto está en encontrar patrones de comportamiento propios de los infieles. Ella los enumera así:

La personalidad: afinidad con los retos, con la necesidad constante por conquistar.

El ambiente o entorno: Los lugares de trabajo, sitios que fomentan situaciones de aproximación y de compartir esfuerzos que favorecen los encuentros amorosos.

La relación de pareja: La frustración deteriora a cualquier pareja y crea el ambiente propicio para buscar algo fuera.
Los investigadores involucrados en las investigaciones citadas anteriormente, coinciden en que la mejor prevención es cuidar mucho la relación de pareja. Intentar cumplir con sus necesidades del otro (sin dañar el autorespeto) es una táctica que trae muy buenos resultados. Es siempre importante tener algunos aspectos bien fortalecidos como el sentido del humor, la preocupación por el otro, la gestión de proyectos en común y una sexualidad activa saludable. No se ha comprobado un 100% de efectividad gracias a ellos, pero sí ayudan mucho en la erradicación de los “infieles seriales”; algo bueno deben tener.

Fuente:www.elartedesabervivir.com


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