La esperanza de encontrar al príncipe nos hace daño.

Debemos tener claro que la vida no es un cuento de hadas y que, por tanto, no podemos unirnos a otra persona con la esperanza de que se transforme en algo que no es.



Aunque nos pueda resultar increíble, los cuentos de hadas siguen muy presentes en la sociedad actual. Pareciera que, en tema de amor, aún es común que exista la esperanza de encontrar al príncipe azul.

Nos cuesta bastante poner cierta distancia de realidad entre lo que nos han contado y hemos visto en las películas con lo que sucede verdaderamente en la vida real.

Es como si nos negásemos a abrir los ojos y los mantuviésemos bien cerrados con la esperanza de encontrar al príncipe, a ese galán para el que tenemos demasiadas expectativas.

El problema es que los príncipes parecen no estar en ninguna parte. ¡Es normal! Esa imagen solo está en nuestra mente, por eso las personas con las que nos emparejamos no responden a nuestras expectativas.

El resultado es que siempre terminamos decepcionados.

Besar sapos es una actitud que muchas personas llevan a cabo mientras mantienen la esperanza de encontrar al príncipe azul.

Esa persona que debe cumplir determinados requisitos:

  • Tiene que brindarnos toda su atención.
  • Es perfecto.
  • No tendrá ojos para nadie que no seamos nosotros.
  • Será nuestro gran apoyo y nuestro salvador.
  • Tiene que hacernos felices.
  • La relación con él será para toda la vida.

Como podemos observar, cargamos a ese supuesto príncipe con una serie de responsabilidades que difícilmente una persona normal y corriente será capaz de cumplir.

Por ese motivo, besar sapos se convierte en una constante. Nadie consigue agradarnos por completo. Todas nuestras parejas nos terminan decepcionando en algún aspecto.

Sin embargo, no nos damos cuenta de que esa decepción la provocamos nosotros mismos. Porque nadie es perfecto y esperar encontrar a alguien así nos sumirá en una constante insatisfacción.

Es cierto que la esperanza de encontrar al príncipe azul nos hace daño. Además, también se lo hace a todos esos sapos con los que estamos, con los que probamos y nos conformamos hasta que aparezca el verdadero príncipe.

Esos sapos no merecen que nosotros nos unamos a ellos con la expectativa de que se transformen en un príncipe. Esto significa que tendrían que cambiar su naturaleza y ¡sorpresa! Nadie cambia.

Esta idea ha hecho mucho daño en las relaciones de pareja. Pues muchas veces entramos en las relaciones deseando que el otro cambie o diciéndonos a nosotros mismos “ya lo cambiaremos”.

Un error muy grave que hace que las relaciones se vuelvan tóxicas, que las personas salgan muy dañadas y que no seamos conscientes de lo que en realidad estamos haciendo.

No hay sapos ni príncipes. Tan solo hay personas con diferentes cualidades y características con las que podemos tener afinidad o no.

El problema aquí es intentar forzar y esperar por algo que no llegará. Pues será imposible cumplir con nuestras expectativas elevadas y totalmente irreales.

Con el hecho de dejar esa esperanza de encontrar al príncipe no estamos diciendo que tengamos que conformarnos con cualquier persona. Aunque no nos guste mucho, aunque no lo tenga todo, estamos con ella en una relación.

Tenemos que elegir de forma consciente a nuestras parejas. Debemos saber cuáles son nuestros límites para no entrar en una relación con alguien que no soportaremos a largo plazo.

Si yo no soporto el humo del tabaco, ni a las personas que fuman, ¿cómo voy a entrar en una relación con alguien que fume?

Intentaré guiarlo, que transforme su vida de manera saludable… En definitiva, intentaré que cambie.

La aceptación completa del otro empieza desde el primer momento, desde la fase de enamoramiento. Todo lo que hay es lo que va a haber y no podemos cambiar nada.

Nos enamoramos de las personas por como son, no por lo que esperamos que sean o por las expectativas que tengamos de ellas.
La esperanza de encontrar al príncipe no es más que una manera de enamorarse de un ideal que solo está en la mente, pero que en ningún momento existe de verdad.


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